COMEDIA FAMOSA

DE

LA ENTRETENIDA











Los que hablan en ella son los siguientes:


OCAÑA, lacayo.

CRISTINA, fregona.

DON ANTONIO.

MARCELA, su hermana.

DON FRANCISCO.

CARDENIO.

TORRENTE, su criado.

MUÑOZ, escudero de Marcela.

DOROTEA.

DON AMBROSIO.

QUIÑONES, paje.

ANASTASIO.

MÚSICOS.

Un BARBERO.

Un ALGUACIL.

[Un] CORCHETE.

DON GIL, bastardo.

CLAVIJO.

Un CARRETERO.

DON PEDRO OSORIO, padre de [otra] Marcela.







Salen Ocaña, lacayo, con un mandil y harnero, y Cristina, fregona.



JORNADA PRIMERA


Ocaña Mi sora Cristina, denmos.

Cristina ¿Qué hemos de dar, mi so Ocaña?

Ocaña Dar en dulce, no en huraña,

ni en tan amargos estremos.

Cristina ¿Querría el sor que anduviese 5

de pa y vereda contino?

Ocaña No hay quien ande ese camino

que algún gusto no interese.

[Cristina] Siempre la melancolía

fue de la muerte parienta, 10

y en la vida alegre asienta

el hablar de argentería.

Motes, cuentos, chistes, dichos,

pensamientos regalados,

muy buenos para pensados, 15

y mejores para dichos.

Ocaña Sé yo, Cristina, con quién

te burlas, y no es conmigo.

Cristina ¿Sabe, Ocaña, qué le digo?

Ocaña ¿Qué dirás que me esté bien? 20

Cristina Dígole que no malicie

con tan dañados intentos.

Ocaña Pues a fe que en estos cuentos

ando por la superficie:

que, si llegase hasta el centro, 25

¡oh, qué diría de cosas!

Cristina Muchas, pero maliciosas.

Ocaña Sálenme mil al encuentro

del corazón a la lengua.

Cristina No te pienso escuchar más. 30

Ocaña Vuelve, Cristina; ¿a dó vas?

Cristina Es el escucharte mengua,

y enfádanme tus ruindades

y tus modos de decir.

Ocaña El que está para morir, 35

siempre suele hablar verdades.

Yo estoy muriendo, y confieso

que quieres bien a Quiñones.

Cristina De tus malas intenciones

agora se vee el exceso; 40

agora se echa de ver

que eres loco y laca...

Ocaña Bueno;

pronuncia de lleno en lleno,

aunque el "yo" no es menester;

que el ser lacayo no ignoro, 45

sin rodeos y sin cifras.

Y mal tu venganza cifras

en no guardar el decoro

que debes a ser fregona

de las más lindas que vi, 50

entre Quiñones y mí,

ya cordera, y ya leona.

Cristina ¿Soy, por ventura, mujer

que he de avasallarme a un paje?

¿O vengo yo de linaje 55

de tan bajo proceder?

¿No soy yo la que en mi flor,

por no querer ofendella,

presumo más de doncella,

que no el Cid de Campeador? 60

¿No soy yo de los Capoches

de Oviedo? ¿Hay más que mostrar?

Ocaña Con todo, te has de quedar,

Cristina...

Cristina ¿A qué?

Ocaña A buenas noches,

Eres muy solicitada 65

y muy vista, y no está el toque

en que la flor no se toque,

si al serlo está aparejada.

Las flores en el campo están

sujetas a cualquier mano: 70

a las del bajo villano

y a las del alto galán,

al arado y al pie duro

del labrador que le guía;

pero la flor que se cría 75

tras el levantado muro

del recato, no la ofende

el cierzo murmurador,

ni la marchita el ardor

del que tocarla pretende. 80

La mujer ha de ser buena,

y parecerlo, que es más.

Cristina Gran predicador estás;

mas tu dotrina condena

a tus lascivos intentos. 85

Ocaña Lavántasles testimonio:

que al blanco del matrimonio

asestan mis pensamientos.

Cristina A mucho te has atrevido.

Muestra; aquí está la cebada. 90

Dale el harnero.

Éntrase Cristina.

Ocaña Toma el harnero, agraviada

deste que de ti lo ha sido.

¡Oh pajes, que sois halcones

destas duendas fregoniles,

de su salario alguaciles, 95

de sus vivares hurones!

Lleváisos la media nata

deste común beneficio;

dais en ella rienda al vicio,

sin hallar ninguna ingrata: 100

gozáis del justo botín

y de la limpia chinela,

y os reís del arandela

y del dorado chapín;

hacéis con modos süaves 105

burla que os cuesta barata

de aquellas lunas de plata

que van pisando las graves.

¡Qué presto Cristina vuelve

con la cebada y Quiñones! 110

¡Corazón, triste te pones!

¡La sangre se me revuelve

en ver a estos dos tan juntos,

tan domésticos y afables!

Entra Cristina, con la cebada, y Quiñones, el paje.

Cristina No le mires ni le hables. 115

Si le hablares, no sea en puntos

que te descubran celoso;

que hará mil suertes en ti.

Quiñones Aunque mozo, nunca fui,

ni soy, ni seré medroso. 120

Cristina Advierte que está delante.

Tome, galán, la cebada.

Ocaña ¿Bien medida?

Cristina Y bien colmada.

Ocaña ¿Midióla mi so galante?

Cristina No la midió sino el diablo, 125

que tu mala lengua atiza.

Ocaña Voyme a mi caballeriza,

por no ver este retablo

destas dos figuras juntas

que no se apartan jamás. 130

Quiñones En tales malicias das,

que con una mil apuntas;

y que te engañas sé yo.

Ocaña Y también sé yo muy bien

que a los dos estará bien 135

el callar.

Cristina Yo sé que no,

porque quien calla concede

con el mal que dél se dice.

Ocaña Ninguno te dije o hice.

Quiñones Ni él decir o hacerle puede. 140

Ocaña Por vida suya, que abaje

el toldo; que, en mi conciencia,

que hay muy poca diferencia

entre un lacayo y un paje.

La longura de un caballo 145

puede medirla a compás,

yo delante, y él detrás:

andallo, mi vida, andallo.

Éntrase Ocaña.

Cristina ¡Y que tú no tengas brío

para responderle! Creo 150

que he de recobrar mi empleo

y volverme a lo que es mío.

Quiñones ¿Qué tengo de responder?

¿Ciño espada? No la ciño.

Y más, que es mengua si riño 155

con...

Cristina Quiñones, a placer:

que es Ocaña hombre de bien,

y espadachín además.

Entran don Antonio y su hermana Marcela.

D. [Antonio] ¡Porfiada, hermana, estás!

Quiero, mas no diré a quién. 160

Tengo ausente mi alegría,

sin saber adónde yace,

y de aquesta ausencia nace

toda mi malencolía.

Hanla escondido, y no sé 165

adónde, en cielo ni en tierra;

muévenme los celos guerra,

y dan alcance a mi fe,

no porque la menoscaben:

que, celos no averiguados, 170

ministran a los cuidados

materia porque no acaben;

son la leña del gran fuego

que en el alma enciende amor,

viento con cuyo rigor 175

se esparce o turba el sosiego.

Quiñones Aún no han echado de ver

que estamos aquí nosotros.

D. [Antonio] Dejadnos aquí vosotros.

Cristina Entra aquí el obedecer. 180

Éntranse Quiñones y Cristina.

Marcela ¿Siquiera no me dirás

el nombre desa tu dama?

D. [Antonio] Como te llamas, se llama.

Marcela ¿Como yo?

D. [Antonio] Y aun tiene más:

que se te parece mucho. 185

Marcela ([Aparte] ¡Válame Dios! ¿Qué es aquesto?

¿Si es amor éste de incesto?

Con varias sospechas lucho).

¿Es hermosa?

D. [Antonio] Como vos,

y está bien encarecido. 190

Marcela [Aparte] El seso tiene perdido

mi hermano. ¡Válgale Dios!

Entra Don Francisco, amigo de Don Antonio.

D. Francisco ¿Andan hinchadas las olas

del mar de tu pensamiento?

D. [Antonio] Entraos en vuestro aposento; 195

dejadnos, hermana, a solas;

retiraos, hermana mía.

Marcela ¡Dios tus intentos mejore!

Éntrase Marcela.

D. [Antonio] ¿Traéis desdichas que llore,

o ya venturas que ría? 200

D. Francisco Promesas que se han cumplido

con dádivas, se han probado;

industrias se han intentado

del Sinón más entendido;

las diligencias que he hecho 205

frisan con las imposibles;

linces ha habido invisibles,

y espías de trecho a trecho;

pero no puede mostrar

sagacidad o cautela 210

dónde han llevado a Marcela;

cosa que es para admirar.

Solamente se imagina

que una noche la sacó

su padre, y se la llevó; 215

pero adónde, no se atina.

D. [Antonio] ¿Si podrá la astrología

judiciaria declarallo?

D. Francisco Yo no pienso interrogallo;

que tengo por fruslería 220

la ciencia, no en cuanto a ciencia,

sino en cuanto al usar della

el simple que se entra en ella

sin estudio ni experiencia.

Si acaso Marcela fuera 225

alguna joya perdida,

yo buscara otra salida,

que buena en esto la diera.

Santos hay auxiliadores

veinte, o más, o no sé cuántos; 230

pero no querrán los santos

curarnos de mal de amores.

A la justa petición

siempre favorece el Cielo.

D. [Antonio] Pues, ¿no es muy justo mi celo? 235

¿No está muy puesto en razón?

¿Busco yo a Marcela acaso

sino para ser mi esposa?

¿Della pretendo otra cosa?

D. Francisco O vámonos, o habla paso: 240

que no sabes quién te escucha.

D. [Antonio] Vamos, amigo, y advierte

que fío mi vida y muerte

de tu discreción, que es mucha.

Éntranse Don Antonio y Don Francisco.

Entran Cardenio, con manteo y sotana, y tras él Torrente, capigorrón, comiendo un membrillo o cosa que se le parezca.

Cardenio Vuela mi estrecha y débil esperanza 245

con flacas alas, y, aunque sube el vuelo

a la alta cumbre del hermoso cielo,

jamás el punto que pretende alcanza.

Yo vengo a ser perfecta semejanza

de aquel mancebo que de Creta el suelo 250

dejó, y, contrario de su padre al celo,

a la región del cielo se abalanza.

Caerán mis atrevidos pensamientos,

del amoroso incendio derretidos,

en el mar del temor turbado y frío; 255

pero no llevarán cursos violentos,

del tiempo y de la muerte prevenidos,

al lugar del olvido el nombre mío.

¿Comes? Buena pro te haga;

la misma hambre te tome. 260

Torrente No puede decir que come

el que masca y no lo traga.

No se me vaya a la mano,

que désta, si acaso es culpa,

ser me sirve de disculpa 265

el membrillo toledano.

Sé cierto que decir puedo,

y mil veces referillo:

espada, mujer, membrillo,

a toda ley, de Toledo. 270

Las acciones naturales

son forzosas, y el comer,

una dellas viene a ser,

y de las más principales;

y esto aquí de molde viene, 275

y es una advertencia llana:

come el rico cuando ha gana,

y el pobre, cuando lo tiene.

Cardenio Con todo, me darás gusto

de que en la calle no comas. 280

Torrente Si estas niñerías tomas

por deshonra o por disgusto,

yo me aturaré la boca

con cal y arena a pisón.

Cardenio Sé que tienes discreción. 285

Torrente ¡Y golosina no poca!

Cardenio Sabes lo que nunca supo

el diablo.

Torrente Y aun soy peor.

Cardenio ¿Vuelves a comer, traidor?

Torrente Ya no como, sino chupo. 290

Entra Muñoz, escudero de Marcela.

Pero ves dónde parece

tu Santelmo.

Cardenio Así es verdad,

puesto que mi tempestad

nunca mengua y siempre crece.

En estas benditas manos 295

tengo mi remedio puesto.

Muñoz Vos veréis cómo echo el resto

en daros consejos sanos.

Advertid, hijo, que son

las canas el fundamento 300

y la basa a do hace asiento

la agudeza y discreción.

En la mucha edad se muestra

que asiste toda advertencia

porque tiene a la experiencia 305

por consejera y maestra;

y estas canas no han nacido

en aqueste rostro acaso.

Cardenio Hablad, señor Muñoz, paso,

que ya os tengo conocido, 310

y sé que sabéis cortar,

colgado del aire, un pelo.

Muñoz Así me ayude a mí el cielo

como os pienso de ayudar;

porque el premio es el que aviva 315

al más torpe ingenio y rudo.

Cardenio Si es premio este pobre escudo,

vuestra merced le reciba

con aquella voluntad

sana con que yo le ofrezco. 320

Muñoz ¡Oh señor, que no merezco

tanta liberalidad!

Torrente Tomóle, besóle y diole

quizá perpetua clausura;

del oro la color pura 325

sin duda que enamoróle,

porque tiene una virtud

de alegrar el corazón,

y la avara condición

vive con la senetud. 330

Pero, ¿a qué pecho no doma

la hambre del oro?

Muñoz Escucha,

y con advertencia mucha,

hijo, este consejo toma.

De Marcela no hay pensar 335

que es de tan tiernos aceros,

que la han de ablandar terceros,

ni rogar, ni porfiar,

ni lágrimas, ni suspiros,

ni voluntad verdadera: 340

que son con ella de cera

de amor los más fuertes tiros.

A las olas que se atreven

a embestirla por amar,

se muestra roca en la mar, 345

que la tocan y no mueven.

Esto con Marcela pasa.

Cardenio No me acobardes y espantes.

Torrente ¡Oh, cuántos destos diamantes

he visto volver de masa! 350

¡Cuántas he visto rendidas

a un billete trasnochado!

¡Cuántas, sin darlas, han dado

de ganadas en perdidas!

¡Cuántas siguen sus antojos 355

en mitad de su recato!

¡Cuántas en el dulce trato

tropiezan, y aun dan de ojos!

Muñoz Pues ni Marcela tropieza

ni cae.

Torrente ¡Gran milagro!

Cardenio Calla: 360

que es estremo que se halla

hoy en la naturaleza,

y el señor Muñoz bien sabe

lo que dice.

Muñoz Yo estoy cierto

que, aún más bien del que os advierto, 365

todo en mi señora cabe.

Pero vengamos al punto

de lo que quiero decir.

Cardenio Hasta acabarle de oír,

estoy, Torrente, difunto. 370

Muñoz Es el caso que está en Lima

un hermano de su padre

de Marcela, caballero

de ilustre y claro linaje.

De los bienes de fortuna 375

dicen que le cupo parte

tanta, que, entre los más ricos,

suelen por rico nombrarle.

Tiene un hijo que se llama

don Silvestre de Almendárez, 380

el cual con doña Marcela,

aunque prima, ha de casarse.

Cada flota le esperamos;

mas, si en esta que se sabe

que ha llegado a salvamento 385

no viene, echado ha buen lance.

Fíngete tú don Silvestre,

que yo te daré bastantes

relaciones con que muestres

ser él mismo; y serán tales, 390

que, por más que te pregunten,

podrás responder con arte,

que, acreditando el engaño,

tus mentiras sean verdades.

Aposentaránte en casa, 395

haránte gasajos grandes,

y tú dentro, una por una,

podrás ver cómo te vales.

Cardenio Está bien; pero si acaso

en aquesta flota traen 400

cartas dese don Silvestre,

y de que no viene saben,

yo dentro en casa, ¿qué haré?

¿Cómo podrá acreditarse

tan conocida mentira 405

para que pase adelante?

Muñoz Dirás que, después de escritas

y dadas, quiso tu madre

que te vinieses a España,

aunque a hurto de tu padre; 410

que ella, deseando verse

con nietos en quien dilate

su nombre y posteridad,

no quiso que más tardases.

Y este venirte a escondidas 415

podrá, señor, escusarte

de no venir con riquezas

que el ser quien eres señalen;

mas no dejes de traer

algunas piedras bezares, 420

y algunas sartas de perlas,

y papagayos que hablen.

Cardenio En eso yo daré trazas

que dese aprieto me saquen,

y tales, que satisfagan. 425

Torrente Todo aquesto es disparate.

Cardenio La memoria sea cumplida,

y los puntos importantes

que en este nuevo edificio

han de ser fundamentales, 430

vengan especificados,

de modo que me declaren

por el mismo don Silvestre.

Muñoz Ven por ellos esta tarde.

Cardenio Volverá este mi criado. 435

Torrente Volveré, si a Dios le place;

que, sin su ayuda, no puedo,

ni estornudar, ni mudarme.

Muñoz Señor, si acaso, si a dicha,

si por buena suerte traes 440

otro escudillo, bien puedes

con liberal mano darle:

que es invierno, y no hay bayeta,

y no será bien que pase

frío el que al incendio tuyo 445

procura refrigerarle.

Cardenio No le traigo, en mi conciencia;

pero yo haré que se os saque

un vestido de bayeta,

y a mi cuenta le hará el sastre. 450

Muñoz Venderéle, ¡vive Roque!

No consentiré se ensanche

Marcela con mis trofeos,

que cuestan gotas de sangre.

Vístame la que quisiere 455

que polido la acompañe:

que gastar yo mi bayeta

en servicio ajeno, ¡tate!

Y voyme, porque conviene

que la memoria se estampe 460

que fortifique este embuste.

Y a Dios quedéis.

Cardenio Él os guarde.

Muñoz Mire que no se le olvide

lo de la bayeta y sastre:

que en este punto consisten 465

sus gustos o sus pesares.

Éntrase Muñoz.

Cardenio ¡Gran principio a mi quimera!

Torrente Llámala, señor, dislate;

torre fundada en palillos,

como casica de naipes. 470

Dime: ¿dónde están las perlas?

¿Dónde las piedras bezares?

¿Adónde las catalnicas

o los papagayos grandes?

¿Dónde la prática de Indias, 475

de los puertos y los mares

que se toman y navegan?

¿Dónde la bayeta y sastre?

Si quieres que tus negocios

en felice punto paren, 480

lleva, y esto te aconsejo,

siempre la verdad delante.

Capigorrista soy tuyo,

y como padezco hambre,

tengo sotil el ingenio, 485

y en dar consejos soy sacre.

Cardenio Yo me remito a la lista

de Muñoz; tú no desmayes,

que en las empresas de amor,

tal vez se ha visto que valen 490

el ingenio y la ventura

más que las riquezas grandes.

Torrente Deste laberinto, el cielo

con las narices nos saque.

Éntranse.

Entran Marcela y Dorotea, su doncella.

Dorotea Dime, señora: ¿qué muestra 495

te ha dado tu hermano [t]al,

que sea indicio y señal

de alguna intención siniestra?

No puedo darme a entender

que te ama viciosamente, 500

aunque es caso contingente.

Marcela ¡Y cómo si puede ser!

¿Ya no se sabe que Amón

amó a su hermana Tamar?

¿Y no nos vienen a dar 505

Mirra y su padre ocasión

de temer estos incestos?

Dorotea Con todo, señora, creo

que encamina su deseo

por términos más compuestos, 510

y esto tengo por verdad.

Marcela Mi querida Dorotea,

plega al Cielo que así sea;

Él rija su voluntad.

De contino trae en la boca 515

mi nombre, a hurto me mira,

gime a solas y suspira,

las manos me besa y toca;

y da por disculpa desto,

que me parezco a su dama, 520

que de mi nombre se llama.

Dorotea ¿Hase, a dicha, descompuesto

a hacer más de lo que dices?

Marcela No, por cierto; ni querría.

Dorotea Pues desto, señora mía, 525

no es bien que te escandalices;

pues podrá ser que su dama

se llame, señora, así,

y que se parezca a ti,

si de hermosa tiene fama. 530

Entra Don Antonio, hermano de Marcela.

Marcela Mira do viene suspenso;

tanto, que no echa de ver

que aquí estamos. De su ser

que está trastrocado pienso.

Escuchémosle, y advierte 535

cómo de Marcela trata.

D. [Antonio] Es tu ausencia la que mata;

no el desdén, aunque es tan fuerte.

¡Ay dura, ay importuna, ay triste ausencia!

¡Cuán lejos debió estar de conocerte 540

el que al furor de la invencible muerte

igualó tu poder y tu violencia!

Que, cuando con mayor rigor sentencia,

¿qué puede más su limitada suerte

que deshacer la liga y nudo fuerte 545

que a cuerpo y alma tiene inconveniencia?

Tu duro alfanje a mayor mal se estiende,

pues un espíritu en dos mitades parte.

¡Oh milagros de amor, que nadie entiende!

Que, del lugar de do mi alma parte, 550

dejando su mitad con quien la enciende,

consigo traiga la más frágil parte.

¡Oh Marcela fugitiva

y sorda al lamento mío!

¿Cómo quiere tu desvío 555

que ausente muriendo viva?

¿Dónde te ascondes? ¿Qué clima,

inhabitable te encierra?

¿Cómo a tu paz no da guerra

el dolor que me lastima? 560

¡Téngote siempre delante,

y no te puedo alcanzar!

Marcela Para temer y pensar,

¿esto no es causa bastante?

Dorotea Sí, por cierto. Nunca estés 565

sola, si fuere posible;

de que aspire a lo imposible,

jamás ocasión le des;

rómpase en tu honestidad,

en tu advertencia y recato, 570

la fuerza de su mal trato,

que nace de ociosidad.

Y vámonos, no nos vea;

dé a solas rienda a su intento.

Marcela Yo estoy en tu pensamiento, 575

que es muy bueno, Dorotea.

Éntrase Marcela y Dorotea.

Sale Ocaña, de lacayo, con una varilla de membrillo y unos antojos de caballo en la mano, y pónese atento a escuchar a su amo.

D. [Antonio] Amor, que lo imposible facilitas

con poderosa fuerza blandamente,

allanando las cumbres:

¿por qué las nubes de mi sol no quitas? 580

¿Por qué no muestras por algún Oriente

las dos hermosas cumbres

que dan rayos al sol, luz a tus ojos,

por quien te rinde el mundo sus despojos?

¿Qué quieres, Ocaña?

Ocaña Quiero 585

herrar el bayo, señor,

y no acierta el herrador

a herralle si no hay dinero.

Débense cuatro herraduras

y un brebajo; mira, pues, 590

si andarán aquellos pies,

siendo tus manos tan duras.

Y vengo por seis raciones

que me deben: que amohína

ver que sobren a Cristina 595

y resobren a Quiñones,

y que falten para mí,

que sirvo mejor que todos,

de tres y de cuatro modos.

D. [Antonio] Confieso que ello es así, 600

Ocaña amigo, y sabed

que todo se os pagará.

Y andad con Dios.

Ocaña Siempre está

conmigo vuestra merced

riguroso por el cabo. 605

D. [Antonio] ¿En qué modo?

Ocaña ¿Yo no veo

que, cual si fuera guineo,

bezudo y bozal esclavo,

apenas entro en la sala

por alguna niñería, 610

cuando cualquiera me envía,

si no en buena, en hora mala?

A nadie se le trasluce,

por más que yo lo procuro,

el ingenio lucio y puro 615

que en este lacayo luce.

Anda conmigo al revés

fortuna poco discreta:

que, si tú fueras poeta,

quizá fuera yo marqués, 620

o, por lo menos, ya fuera,

tu consejero y privado;

pero de mi corto hado

tamaño bien no se espera.

Hay poetas tan divinos, 625

de poder tan singular,

que puedan títulos dar

como condes palatinos;

y aun, si lo toman despacio,

en tiempo y caso oportuno, 630

no habrá lacayo ninguno

que no casen en palacio

con doncellas de la reina,

de valor único y solo:

que, por la gracia de Apolo, 635

esta gracia en ellos reina.

Pero yo nací, sin duda,

para la caballeriza,

haciendo en mis dichas riza

mi suerte, que no se muda. 640

El discreto es concordancia

que engendra la habilidad;

el necio, disparidad

que no hace consonancia.

Del cuerpo por los sentidos 645

obra el alma, y, cuales son,

o muestra su perfección,

o términos abatidos.

De aquesto quiero inferir

que tan sotil cuerpo tengo, 650

que en un instante prevengo

lo que he de hacer y decir.

Lacayo soy, Dios mediante;

pero lacayo discreto,

y, a pocos lances, prometo 655

ser para marqués bastante,

como aquel de Marinán,

de dinare, e più dinare,

si la suerte no estorbare

este bien que no me dan. 660

D. [Antonio] ¡Alto! Vos habéis hablado

de modo que me obligáis

a que de humilde subáis

a más eminente estado,

siendo al primero escalón 665

servirme de consejero;

y así, amigo Ocaña, quiero

mostraros mi corazón,

para que, viendo patentes

las ansias que en él se anidan, 670

ellas a tu ingenio pidan

los remedios suficientes:

que tal vez una dolencia

casi incurable la sana

de una vejezuela cana 675

una fácil experiencia.

Ocaña Dime tu mal, mi señor,

y verás cómo en tantico

tantos remedios aplico,

que sanes con el menor. 680

Y si, por ventura, es

el ciego el que te atormenta,

puedes, señor, hacer cuenta

de que ya sano te ves,

porque no se ha de tomar 685

conmigo el dios ceguezuelo.

D. [Antonio] Que no estás en ti recelo.

Ocaña ¿Pues en quién había de estar?

Que, a no tomarme del vino,

por costumbre o por conhorte, 690

no hubiera en toda la corte

otro Catón Censorino

como yo.

D. [Antonio] Ya desvarías.

Vuélvete, Ocaña, a tu establo.

Éntrase Don Antonio.

Ocaña Aunque más sentencias hablo 695

y elevadas fantasías,

se me trasluce y figura,

conjeturo, pienso y hallo,

ha de ser mi sepultura.

Y está muy puesto en razón: 700

que, el que quiere porfiar

contra su estrella, ha de dar

coces contra el aguijón.

Cristinica estará agora

en la plaza; allá me impele 705

aquella fuerza que suele,

que dentro del alma mora.

Búscola como a mi centro,

y, si la encontrase yo,

nunca jugador echó 710

tan rico y gustoso encuentro.

Deste gusto no me prive

Amor, que en mi ayuda llamo,

y siquiera, con mi amo,

ni más medre ni más prive. 715

Éntrase Ocaña.

Salen Don Ambrosio, caballero, y Cristina, con un billete en la mano.

Cristina Hasta ponerle yo en parte

donde le vea, harélo;

pero en lo demás recelo

que no podré contentarte.

D. Ambrosio Haz, amiga, que le lea: 720

que en sólo aquesto consiste

la alegría deste triste.

Cristina Digo que haré que le vea.

Quizá, por curiosidad,

querrá leerle Marcela: 725

que se ha de usar de cautela

con su mucha honestidad.

No desplegaré la boca

para decirla palabra:

que en sus entrañas no labra 730

fuerza de amor, mucha o poca.

D. Ambrosio ¿Regálala, por ventura,

don Antonio?

Cristina Como a hermana.

D. Ambrosio De ser su intención tan sana,

no sé yo quién lo asegura. 735

¡Oh padre mal advertido!

Cristina No le tiene.

D. Ambrosio Sí le tiene;

pero a mí no me conviene

el darme por entendido.

De las cosas que sospecho 740

y de las que son tan graves,

tenga la lengua las llaves,

y no las arroje el pecho.

Cristina Vete, señor, que allí asoma

un paje de casa.

D. Ambrosio Amiga, 745

por tu industria y tu fatiga,

este pobre premio toma.

Y prométete de mí

montes de oro, que bien puedes.

Cristina La menor de tus mercedes 750

suele ser un Potosí.

Dale una cajita pintada.

Vase Ambrosio, y entra Quiñones.

Quiñones ¿Quién era, Cristina, el lindo

que con tanta sumisión

debió encajar su razón?

``Tuyo soy, y a ti me rindo''. 755

¡Vive el Dador de los cielos,

que es la fregona bonita!

Ordena, manda, pon, quita;

ta, ta, también pide celos.

Cristina El so paje, por su entono, 760

que primero se tarace

la lengua, que otra vez trace

palabras, y no en mi abono.

¿Hásenos vuelto otro Ocaña?

¡Celos y más celos!

Quiñones Calle, 765

y advierta que está en la calle.

Cristina ¡Ay! Por mi fe, que se ensaña

el mancebito frión.

Quiñones Cristina, menos gallarda;

que esa gallardía aguarda... 770

Cristina ¿Qué, mi rufo?

Quiñones Un bofetón.

Cristina ¿En mi cara?

Quiñones En la del cura

le diera, a venir a mano.

Cristina ¿Y que alzarás tú la mano

contra tanta hermosura 775

como pusieron los cielos

en mis mejillas rosadas?

Quiñones Siempre son desatinadas

las venganzas de los celos.

Ocaña es éste. Camina, 780

y escóndete entre la gente.

Éntranse Quiñones y Cristina, y sale Ocaña.

Ocaña Partió mi sol de su Oriente,

y al ocaso se encamina,

y tras sí lleva la sombra

que le sirve de arrebol. 785

Para mí no es este sol,

sino niebla que me asombra.

Plega a Dios, humilde paje,

asombro de mi esperanza,

que ni valgas por privanza, 790

ni te estimen por linaje;

sirvas a un catar[r]ibera,

que te dé corta ración;

sea tu estado un bodegón;

no te dé luto, aunque muera; 795

y cuando el cielo te adiestre

a servir a un titulado,

tu enemigo declarado

el maestresala se muestre.

De las hachas no te valgas, 800

ni de relieves veas gozo,

y nunca te salga el bozo,

porque de paje no salgas.

Póngante infames renombres;

juegues; pierdas la ración, 805

que es la mayor maldición

que pueden darte los hombres.

Éntrase Ocaña.

Sale Muñoz.

Muñoz Despierto y durmiendo, estoy

pensando siempre y soñando

cuándo ha de llegar el cuándo 810

mude el pellejo en que estoy;

cuándo querrá aquel planeta

que sobre mí predomina,

que remedien mi rüina

el gran sastre y la bayeta. 815

Diles la memoria, y diles,

previniendo mil barruntos,

de los más sotiles puntos

las respuestas más sotiles;

pero, con todo, me pesa 820

de haberme empeñado así,

porque tengo para mí

ser de peligro la empresa.

Entran Don Antonio y Torrente en hábito de peregrino.

D. [Antonio] Mucho más es melindre que advertencia,

y hase tenido confianza poca 825

de quien yo soy. Por Dios, que estoy corrido.

Muñoz ¡Válgate el diablo! ¿Qué disfraz es éste?

Esto no puse yo en la lista.

Torrente Digo

que el señor don Silvestre de Almendárez

no pudo más. El caso fue forzoso, 830

y la borrasca tal, que nos convino

alijar el navío, y echar cuanto

en su anchísimo vientre recogía

al mar, que se sorbió como dos huevos

catorce mil tejuelos de oro puro. 835

Al cielo las promesas y oraciones

volaban más espesas que las nubes,

que la cara del sol cubrían entonces;

entre las cuales oraciones, una

envió don Silvestre al sumo alcázar 840

con tan vivos y tiernos sentimientos,

que penetró los cascos de los cielos.

Conteníase en ella que de Roma

aquello que se llama Siete Iglesias

andaría descalzo peregrino, 845

si Dios de aquel peligro le sacaba.

Añadió a su promesa mi persona;

añadidura inútil, aunque buena

en parte, pues que soy su amparo y báculo.

En fin: salimos mondos y desnudos 850

a tierra, ni sé adónde, ni sé cómo,

habiéndose engullido el mar primero

hasta una catalnica que traíamos,

de habilidad tan rara, y tan discreta,

que, si no era el hablar, no le faltaba 855

otra cosa ninguna.

D. [Antonio] Bien, por cierto,

la habéis encarecido; aunque yo pienso

que catalnicas mudas valen poco.

Torrente Por señas nos decía todo cuanto

quería que entendiésemos.

Muñoz ¡Milagro! 860

Torrente De perlas, ¡qué de cajas arrojamos;

tamañas como nueces, de buen tomo,

blancas como la nieve aún no pisada!;

de esmeraldas, las peñas como cubas,

digo, como toneles, y aun más grandes; 865

piedras bezares, pues dos grandes sacos;

anís y cochinilla, fue sin número.

Muñoz Entre esas zarandajas, ¿por ventura

fue bayeta al mar?

Torrente ¡Y el sastre y todo!

Muñoz A malísimo viento va esta parva; 870

no me cuadra ni esquina esta tormenta,

puesto que viene bien para el embuste.

D. [Antonio] ¿En qué paraje sucedió el naufragio?

Torrente Estaba yo durmiendo en aquel trance,

y no pude del paje ver el rostro. 875

D. [Antonio] Paraje dije; pero no me espanto,

que aun hasta aquí os conturba la borrasca,

ni que en ella os durmiésedes; que el miedo

tal vez suele causar sueño profundo.

Torrente No quiso mi señor, ni por semejas, 880

de cuatro mil y más ofrecimientos

que de darle dineros se le hicieron,

recebir sino aquellos que bastasen

a no pedir limosna en su viaje;

pero no supo bien hacer la cuenta, 885

porque ya casi todos son gastados.

Muñoz ¡Válgate Satanás, qué bien lo enredas!

Torrente La primera estación fue a Guadalupe,

y a la imagen de Illescas la segunda,

y la tercera ha sido a la de Atocha; 890

a hurto quiso verte, y esta tarde

quiere partirse a Roma; agora queda

en San Ginés hincado de hinojos,

arrojando del pecho mil suspiros,

vertiendo de sus ojos tiernas lágrimas, 895

pidiendo a Dios que le encamine y guíe

en el viaje santo prometido.

Yo, señor, soy ternísimo de plantas,

a quien callos durísimos enclavan,

de tan largo camino procedidos; 900

querría que se diese alguna traza

de que por quince días descansásemos,

para tomar aliento y refrigerio

en el nuevo camino que se espera.

Además, que también [él] es ternísimo, 905

y podría el cansancio fatigalle,

de modo que el camino con la vida

se acabase en un punto: caso triste

si tal viniese a ser, por el tremendo

dolor que sintiría mi señora 910

doña Ana de Briones, madre suya.

D. [Antonio] Vamos, que yo pondré remedio en todo.

Torrente No hay decir, señor, que yo te he visto,

porque me ha de matar si es que tal sabe.

¡Oh pecador de mí!, ¡Éste es que viene! 915

¡En la red me ha cogido! ¡Negativa,

señor; si no, yo muero!

D. [Antonio] No hayas miedo.

Entra Cardenio, como peregrino.

Mi señor don Silvestre de Almendárez,

¿para qué es encubriros de quien tiene

tantas obligaciones de serviros? 920

Cardenio ¡Oh traidor, malnacido! Por Dios vivo,

que os engaña, señor, este embustero:

que yo no soy aquese don Silvestre

que dices de Almendárez, sino un pobre

peregrino, y tan pobre.

Torrente ¿Qué me miras? 925

Yo no le he dicho nada; y si lo he dicho,

digo que miento una y cien mil veces.

[Aparte, a Don Antonio.]

¡Vive Dios!, que es el mismo que te digo.

Apriétale, y conjúrale, y confiese.

D. [Antonio] ¡Por Dios, primo y señor, que es caso fuerte 930

negarme esta verdad! ¿Qué importa venga[s]

rico o pobre a tu casa, que es la mía?

Torrente ¡Eso es lo que yo digo, pesia al mundo!

D. [Antonio] ¿Mandabas tú a los vientos, o pudiste

del proceloso mar las altas olas 935

sosegar algún tanto? ¿No es locura

hacer caso de honra los sucesos

varios de la fortuna, siempre instable,

o, por mejor decir, del cielo firme?

Torrente ¡Ea, señor, que ya pasa de raya 940

tan grande pertinacia! ¡Vive Roque,

señor, que es don Silvestre de Almendárez,

vuestro primo y cuñado, el peregrino,

y mi amo, que es más!

Cardenio Pues tú lo dices,

no quiero más negarlo, pues no importa. 945

Dadme, señor, las manos.

D. [Antonio] Doy los brazos,

y el alma en su lugar, querido primo.

Cardenio Tomad los míos, que, entre aquestos brazos,

también os doy mi alma.

[A Torrente.] En recompensa,

no te la cubrirá pelo, si puedo. 950

Torrente Que no temo amenazas mal nacidas,

porque esto es lo que importa a nuestro hecho.

Muñoz ¿Y cómo?

D. [Antonio] No hayáis miedo que se os toque

al pelo de la ropa por lo dicho.

Torrente Mi señor es discreto, y verá presto 955

de cuán poca importancia era el silencio,

en semejante caso.

D. [Antonio] Señor primo,

vamos a casa, y sepa vuestra esposa

vuestra buena venida y deseada.

Cardenio Siempre he de obedecer.

Muñoz ¡Qué bien trazada 960

quimera! Si ella llega a colmo, espero

un Potosí de barras y dinero.

Torrente ¿Qué os parece, Muñoz?

Muñoz Que me parece

que es verdad cuanto ha dicho, y que lo veo.

Torrente ¡Y cómo que es verdad! Sin que le falte 965

un átomo, una tilde, una meaja.

Éntranse don Antonio, Cardenio y Torrente.

Muñoz Términos tienen estos socarrones

de hacerme a mí entender que la borrasca

y el alijo de ropa es verdadero.

Ahora bien: veremos lo que pasa, 970

que, una por una, los dos ya están en casa.



Fin de la primera jornada










JORNADA SEGUNDA




Salen Marcela y Dorotea, con una almohadilla, y Cristina.

Marcela Andas con vergüenza poca,

Cristina, muy inquïeta,

y, con puntos de discreta,

das mil puntadas de loca. 975

Sabed, señora, una cosa:

que, entre las prendas de honor,

es tenida por mejor

la honesta que la hermosa.

Cristina [Aparte] Señora me llama. ¡Malo!: 980

que ya sé por experiencia

que no hay dos dedos de ausencia

desta cortesía a un palo.

Marcela ¿Qué murmuras, desatada,

maliciosa y atrevida? 985

Cristina Nunca murmuré en mi vida.

Marcela ¿Qué dices?

Cristina No digo nada.

¡Tenga el Señor en el cielo

a mi señora la vieja!

Marcela Desas plegarias te deja. 990

Cristina Pronúncialas mi buen celo.

Si ella fuera viva, sé

que otro gallo me cantara,

y que ninguna no osara

reñirme; no, en buena fe. 995

¡Tristes de las mozas

a quien trujo el cielo

por casas ajenas

a servir a dueños,

que, entre mil, no salen 1000

cuatro apenas buenos,

que los más son torpes

y de antojos feos!

¿Pues qué, si la triste

acierta a dar celos 1005

al ama, que piensa

que le hace tuerto?

Ajenas ofensas

pagan sus cabellos,

oyen sus oídos 1010

siempre vituperios,

parece la casa

un confuso infierno:

que los celos siempre

fueron vocingleros. 1015

La tierna fregona,

con silencio y miedo,

pasa sus desdichas,

malogra requiebros,

porque jamás llega 1020

a felice puerto

su cargada nave

de malos empleos.

Pero, ya que falte

este detrimento, 1025

sobran los del ama,

que no tienen cuento:

``Ven acá, suciona.

¿Dónde está el pañuelo?

La escoba te hurtaron 1030

y un plato pequeño.

Buen salario ganas;

dél pagarme pienso,

porque despabiles

los ojos y el seso. 1035

Vas, y nunca vuelves,

y tienes bureo

con Sancho en la calle,

con Mingo y con Pedro.

Eres, en fin, pu... 1040

El "ta" diré quedo,

porque de cristiana

sabes que me precio''.

Otra vez repito,

con cansado aliento, 1045

con lágrimas tristes

y suspiros tiernos:

¡triste de la moza

a quien trujo el cielo

por casas ajenas! 1050

Dorotea Señoras, ¿qué es esto?

Cristinica, amiga,

dime: ¿con qué viento

esta polvareda

has alzado al cielo? 1055

Marcela La desenvoltura

es un viento cierzo

que del rostro ahuyenta

la vergüenza y miedo.

Pero yo haré, 1060

si es que acaso puedo,

si ella no se emienda,

lo que callar quiero.

Entra Quiñones, el paje.

Quiñones Don Antonio, mi señor,

entra con dos peregrinos. 1065

Entran Don Antonio, Cardenio, Torrente y Muñoz.

D. [Antonio] ¿Vuestros intentos divinos

fueran disculpa al rigor

del no vernos?

Cardenio Así es;

pero yo, señor, holgara

que esta deuda se pagara 1070

de espacio, y fuera después

de mi peregrinación,

que no se puede escusar.

D. [Antonio] Fácilmente habéis de hallar

en mi voluntad perdón. 1075

Cardenio ¿Es mi señora y mi prima?

D. [Antonio] La misma.

Cardenio ¡Oh mi señora,

rico archivo donde mora

de la belleza la prima!

No me niegues estos pies, 1080

pues no merezco esas manos.

Dorotea Peregrinos cortesanos

son éstos.

D. [Antonio] No tan cortés,

señor primo, que mi hermana

está del caso suspensa. 1085

Muñoz [Aparte.] La traza de lo que él piensa

es más cortés que no sana.

Marcela Señor, para que me muestre

con el respeto debido

a quien sois, el nombre os pido. 1090

Cardenio Vuestro primo don Silvestre

de Almendárez; vuestro esposo,

o el que lo tiene de ser.

Marcela Mudaré de proceder

con un huésped tan famoso: 1095

los brazos habré de daros,

que no los pies, primo mío.

Muñoz [Aparte.] Destos principios yo fío

que son más dulces que caros.

Cardenio No fue huracán el que pudo 1100

desbaratar nuestra flota,

ni torció nuestra derrota

el mar insolente y crudo;

no fue del tope a la quilla

mi pobre navío abierto, 1105

pues he llegado a tal puerto,

y pongo el pie en tal orilla;

no mi[s] riquezas sorbieron

las aguas que las tragaron,

pues más rico me dejaron 1110

con el bien que en vos me dieron.

Hoy se aumenta mi riqueza,

pues con nueva vida y ser,

peregrino llego a ver

la imagen de tu belleza. 1115

Entra Ocaña.

Ocaña Desta común alegría

alguna parte quizá

mi tristeza alcanzará,

que está como estar solía.

Desde aquí quiero mirarte, 1120

si es que te dejas mirar,

de mi suerte amargo azar,

de mi bien el todo y parte.

Puesto en aqueste rincón,

como lacayo sin suerte, 1125

veré quizá de mi muerte

alguna resurrección.

Marcela La desventura mayor,

más espantosa y temida,

es la de perder la vida. 1130

D. [Antonio] Primero es la del honor.

Marcela Ansí es; y pues vos, primo,

con honra y vida venís,

mal haréis si mal sentís

del mal que por bien yo estimo. 1135

Y en llegar adonde os veis,

habéis de tener por cierto

que habéis arribado a un puerto

adonde restauraréis

las riquezas arrojadas 1140

al mar, siempre codicioso.

Cardenio Tendrá el que fuere tu esposo

las venturas confirmadas.

Torrente ¿Doncella acaso es de casa?

Cristina No soy sino de la calle. 1145

Torrente Eso no; que aquese talle

a los de palacio pasa.

¿Sirve en ella?

Cristina Soy servida.

Torrente La respuesta ha sido aguda.

Ocaña Ten, pulcra, la lengua muda; 1150

no la descosas, perdida.

Torrente ¿El nombre?

Cristina Cristina.

Torrente Bueno;

que es dulce, con ser de rumbo.

¿Túmbase?

Cristina Yo no me tumbo.

Basta; que tiene barreno 1155

el indianazo gascón.

Torrente Yo, señora, como ves,

soy criollo perulés,

aunque tiro a borgoñón.

D. [Antonio] Reposaréis, primo mío, 1160

y después saber querría

del buen estar de mi tía,

de vuestro padre y mi tío.

Ocaña ¡Oh peregrino traidor,

cómo la miras! ¡Oh falsa, 1165

cómo le vas dando salsa

al gusto de su sabor!

Torrente Pluguiera a Dios que nunca aquí viniera;

o, ya que vine aquí, que nunca amara;

o, ya que amé, que amor se me mostrara, 1170

de acero no, sino de blanda cera...

Cardenio Depositario fue el mar

de tus cartas y presentes.

Ocaña [Aparte.] ¡El alma tengo en los dientes!

¡Casi estoy para espirar! 1175

Torrente ...O que de aquesta fregonil guerrera,

de los dos soles de su hermosa cara,

no tan agudas flechas me arrojara,

o menos linda y más humana fuera.

Marcela Entrad, señor, do podáis 1180

mudar vestido decente.

Cardenio Mi promesa no consiente

que esa merced me hagáis.

Torrente [Aparte.] Éstas sí son borrascas no fingidas,

de quien no espero verdadera calma, 1185

sino naufragios de más duro aprieto.

Cardenio No puedo mudar de traje

por un tiempo limitado:

que esta pobreza ha causado

la tormenta del viaje. 1190

Torrente ¡Oh, tú, reparador de nuestras vidas,

Amor, cura las ansias de mi alma,

que no pueden caber en un soneto!

D.[Antonio] A no ser tan perfecto,

primo, vuestro designio, yo hiciera 1195

que por otra persona se cumpliera.

Éntranse Marcela, Don Antonio, Dorotea, y Cristina y Cardenio.

Quedan en el teatro Muñoz, Torrente y Ocaña.

Muñoz No me habléi[s], Torrente hermano,

que nos escuchan, y siento

que en nuestro famoso intento

el callar es lo más sano. 1200

Éntrase Muñoz.

Ocaña Si a mí el ojo no me miente,

sé con gran certinidad

que vuestra paternidad

tiene el alma algo doliente.

[Es] C[r]istinica un harpón, 1205

es un virote, una jara

que el ciego arquero dispara,

y traspasa el corazón.

Es un incendio, es un rayo.

¿Cómo un rayo? Dos y tres. 1210

Torrente Y vuesa merced, ¿quién es?

Ocaña Soy desta casa el lacayo;

y, aunque en la caballeriza

me arrincono, el amor ciego,

con su yelo y con su fuego, 1215

me consume y martiriza.

Entre el harnero y pesebre,

entre la paja y cebada,

de noche y de madrugada,

me embiste de amor la fiebre. 1220

Torrente ¿Y es Cristina la ocasión

de tan grande encendimiento?

Ocaña No sé quién es; sé que siento

el alma hecha un carbón.

Torrente Si es Cristina, pondré pausa 1225

en ciertos recién nacidos

pensamientos atrevidos

que su memoria me causa.

No pienso en manera alguna

seros rival: que sería 1230

género de villanía

que al ser quien yo soy repugna.

Honestísimo decoro

se guardará en esta casa,

puesto que me arda la brasa 1235

desta niña a quien adoro.

Quebrantaré en la pared

mis pensamientos primeros,

con gusto de conoceros

para haceros merced. 1240

Porque no han de naufragar

siempre las flotas: que alguna

tendrá próspera fortuna

para podérnosla dar.

Ocaña Beso tus pies, peregrino, 1245

único, raro y bastante

a ablandar en un instante

un corazón diamantino.

Yo, en quien nacieron barruntos

de celos cuando te vi, 1250

a tus pies los pongo aquí,

semivivos y aun difuntos.

Torrente Alzaos, señor; no hagáis

sumisión tan indecente,

que humillaré yo mi frente 1255

si es que la vuestra no alzáis.

Dadme los brazos de amigo,

que lo hemos de ser los dos

gran tiempo, si quiere Dios,

que es de mi intención testigo. 1260

Ocaña Como tú, señor, me abones

con tu amistad peregrina,

doy por cordera a Cristina

y por cabrito a Quiñones.

Torrente Por verte con gusto, voy 1265

alegre, así Dios me salve.

Ocaña [Aparte.] Para éstas, que yo os calve,

o no seré yo quien soy.

Éntranse Torrente y Ocaña.

Entra Don Ambrosio.

D. Ambrosio Por ti, virgen hermosa, esparce ufano,

contra el rigor con que amenaza el cielo, 1270

entre los surcos del labrado suelo,

el pobre labrador el rico grano.

Por ti surca las aguas del mar cano

el mercader en débil leño a vuelo;

y, en el rigor del sol como del yelo, 1275

pisa alegre el soldado el risco y llano.

Por ti infinitas veces, ya perdida

la fuerza del que busca y del que ruega,

se cobra y se promete la vitoria.

Por ti, báculo fuerte de la vida, 1280

tal vez se aspira a lo imposible, y llega

el deseo a las puertas de la gloria.

¡Oh esperanza notoria,

amiga de alentar los desmayados,

aunque estén en miserias sepultados! 1285

Entra Cristina.

Cristina Habrá fiesta y regodeo,

y la parentela toda

vendrá, sin duda, a la boda.

D. Ambrosio Mi norte descubro y veo.

¡Oh dulcísima Cristina! 1290

Cristina De alcorza debo de ser.

D. Ambrosio Tribunal do se ha de ver

lo que el Amor determina

en mi contra o mi provecho.

Cristina ¡Estraña salutación! 1295

D. Ambrosio La lengua da la razón

como la saca del pecho.

Pero vengamos al punto.

Mi esperanza, ¿cómo está?

¿Ha de morir? ¿Vivirá? 1300

¿Contaréme por difunto?

¿Dificúltase la empresa?

¡Presto, que me vuelvo loco!

Cristina Idos, señor, poco a poco,

que preguntáis muy apriesa. 1305

D. Ambrosio Más apriesa me consume

el vivo incendio de amor.

Cristina En sólo un punto el rigor

suyo se abrevia y resume,

y es que puedes ya contar 1310

a Marcela por casada.

Ya no es suya: ya está dada

a quien la sabrá estimar.

D. Ambrosio No me digas el esposo,

que, sin duda, es don Antonio. 1315

Cristina Levantas un testimonio

que pasa de mentiroso.

¿Con su hermana?

D. Ambrosio ¡Ah Cristinica!

¿Qué es eso? ¿Cubierta y pala

con que una obra tan mala 1320

se apoya y se fortifica?

Cristina Que es con su primo.

D. Ambrosio ¿Qué es esto,

cielo siempre soberano?

¿Hoy primo el que ayer fue hermano?

¿Cámbiase un hombre tan presto? 1325

Cristina Digo que es un peregrino,

primo suyo y perulero,

de tan soberbio dinero,

que de las Indias nos vino.

De oro más de cien mil tejos 1330

se sorbió el mar como un huevo,

deste peregrino nuevo,

que no está de ti muy lejos,

porque vesle allí dó asoma.

D. Ambrosio ¡Y que esto en el mundo pase! 1335

Cristina Puesto que antes que se case,

entiendo que ha de ir a Roma.

Entran Cardenio, Torrente y Muñoz.

D. Ambrosio Embustero y perulero,

atrevido e insolente,

¿por qué te haces pariente 1340

de la vida por quien muero?

Torrente Descornado se ha la flor;

perecemos.

Muñoz Malo es esto;

la traza se ha descompuesto

al primer paso.

Cardenio Señor, 1345

no te entiendo, ni imagino

por qué tan acelerado

la maldita has desatado

contra un noble peregrino.

Muñoz Quien dijere que yo di 1350

lista a nadie, mentirá

cuantas veces lo dirá.

No sino lléguense a mí,

que fabrico en ningún modo

castillos mal prevenidos. 1355

Torrente [Aparte.] Antes de ser convencidos,

éste lo ha de decir todo.

¡Oh levantadas quimeras

en el aire, cual yo dije!

D. Ambrosio Por el Cielo que nos rige, 1360

que si acaso perseveras

en el embuste que intentas,

primero que en algo aciertes,

ha de ser una y mil muertes

el remate de tus cuentas. 1365

Vuélvete a tu Potosí,

deja lograr mi porfía.

Cardenio Aquéste ya desvaría.

Torrente Así me parece a mí.

Cristina Don Francisco y mi señor 1370

son éstos. ¡Pies, a correr!

Éntrase Cristina.

Salen Don Francisco y Don Antonio.

D. Francisco Todo aqueso puede ser:

que a más obliga el rigor

de un celoso, si es honrado,

como el padre de Marcela. 1375

D. Ambrosio Éste es el que urdió la tela

que tan cara me ha costado.

¿Qué rigor de estrella ha sido,

señor don Antonio, aquel

que de piadoso en crüel 1380

contra mí os ha convertido?

¿Y qué peregrino es éste,

tan medido a vuestro intento,

que queréis que su contento

a mí la vida me cueste? 1385

Mía es Marcela, si el cielo

quisiere y si vos queréis:

que en vuestra industria tenéis

de mi mal todo el consuelo.

No es desigual mi linaje 1390

del suyo, y su padre creo

que deste igual himeneo

no ha de recebir ultraje.

Si él la escondió en vuestra casa

por quitármela delante, 1395

ved, si acaso sois amante,

lo que el alma ausente pasa.

D. Francisco Éste habla de Marcela

Osorio, y no de tu hermana.

D. [Antonio] La presumpción está llana, 1400

gran mal mi alma recela.

Desta vana presumpción

y mal formados antojos

os han de dar vuestros ojos

la justa satisfación. 1405

Veníos conmigo, y veréis

en el engaño en que estáis.

D. Ambrosio Si a Marcela me lleváis,

al cielo me llevaréis.

Éntrase Don Antonio, Don Francisco y Don Ambrosio. Quedan en el teatro Muñoz, Torrente y Cardenio.

Cardenio ¡Ah Muñoz, con cuán pequeña 1410

ocasión habéis temblado!

Muñoz Temo de verme brumado,

y molido como alheña;

temo que mis trazas den,

mis embustes y quimeras, 1515

con mi cuerpo en las galeras,

que no le estará muy bien.

Torrente ¿Sin apretaros la cuerda

os descoséis? ¡Mala cosa!

Muñoz La conciencia temerosa, 1420

de los castigos se acuerda.

Pero desde aquí adelante

pienso ser mártir, y pienso

que paga a la culpa censo

con temor el más constante. 1425

Pésame que fue la lista

de mi letra y de mi mano,

y este temor, que no es vano,

todas mis fuerzas conquista.

Torrente Vamos a ver en qué para 1430

el comenzado desastre.

Muñoz Aquella bayeta y sastre

nunca el cielo lo depara.

Éntranse todos.

Salen Marcela y Dorotea.

Marcela Este primo no me agrada,

dulce amiga Dorotea. 1435

¡Plegue a Dios que por bien sea

su venida no esperada!

Dorotea Como le ves mal vestido,

no te parece galán.

Marcela Las galas no siempre dan 1440

aire y brío, ni el vestido.

Desmayado me parece,

aunque atrevido tal vez.

Dorotea De su causa eres jüez.

Marcela Basta; poco me apetece. 1445

Dorotea Parece que se ha templado

tu hermano en su pensamiento.

Marcela Todavía, a lo que siento,

anda un poco apasionado;

no se le cae de la boca 1450

mi nombre, y aun todavía

descubre una fantasía

que en lascivos puntos toca;

mas yo no le doy lugar

de que esté a solas conmigo. 1455

Dorotea Eso es lo que yo te digo,

y lo que has de procurar.

Aquí han de entrar Don Antonio, Don Francisco, Cardenio, Torrente y Muñoz.

D. [Antonio] Mirad, señor, destas dos,

cuál es la Marcela hermosa

que con fuerza poderosa 1460

os tiene fuera de vos.

D. Ambrosio Ésta le parece en algo,

y no es ella; mas ya veo,

sin duda, que es devaneo,

y que de sentido salgo. 1465

Téngame Amor de su mano,

y los cielos, si me ofenden.

Marcela ¿O me compran o me venden?

Decidme qué es esto, hermano.

D. Ambrosio No es otra cosa alguna, 1470

sino que la belleza

incomparable y sola

de otra que tiene el proprio nombre vuestro,

su donaire, su gracia,

su honesta compostura, 1475

su ingenio, su linaje,

se llevaron tras sí mis pensamientos.

Améla honestamente,

adoréla rendido,

solicitéla mudo, 1480

aunque los ojos son parleros siempre.

Su padre, recatado,

por algún su desinio,

o por mi desventura,

llevóla, y no sé adónde.

D. [Antonio] Ésta es mi historia. 1485

D. Ambrosio No con más diligencia

la diosa de las mieses

buscó a su hija amada

hasta los escondrijos del infierno,

como yo la he buscado 1490

por cuanto las sospechas

han podido llevarme,

pensativo, solícito y ansioso.

En esto, a mis oídos

el nombre de Marcela 1495

llegó, y vuestra hermosura;

pero no el sobrenombre de Almendárez.

Creí que don Antonio,

vuestro querido hermano,

por o[r]den de su padre 1500

de la Marcela Osorio, que yo busco,

en casa la tenía,

y, mal considerado,

y con los celos ciego,

hice los disparates que habéis visto. 1505

D. Francisco ¿Éstas no son lanzadas

que te pasan el alma?

D. [Antonio] Y aun rayos que la embisten,

la hieren, desmenuzan y quebrantan.

Dorotea Apostaré, señora, 1510

que es ésta la Marcela

por quien tu hermano gime,

suspira y con angustia se lamenta.

Torrente Un canto pesadísimo,

una montaña dura, 1515

una máquina inmensa,

de acero un monte dilatado y grave,

de sobre el pecho quito.

Muñoz Y yo de sobre el alma

una carcoma aguda. 1520

¡Maldito seas de Dios, amante simple!

¡Qué confusos nos tuvo

aqueste mentecato!

¡Con cuán pocos indicios

trocó las dos Marcelas el cuitado! 1525

Ya pensé que mi lista

andaba por la casa

de mano en mano. ¡Ay duro

trance, no imaginado y repentino!

D. Francisco Pues en esta Marcela veis patente 1530

de vuestro pensamiento el desengaño,

mostraos, señor, más cauto y más prudente

otra vez que os acose vuestro engaño,

y volved a buscar más diligente

la causa original de vuestro daño. 1535

D. Ambrosio Tiene cualquiera enamorada culpa

fácil y compasiva la disculpa.

Erré; mas no es el yerro de tal suerte

que perdón no merezca.

Cardenio Yo imagino

que ministró ocasión al atreverte 1540

este pobre sayal de peregrino.

D. [Antonio] La rabia de los celos es tan fuerte,

que fuerza a hacer cualquiera desatino.

Sélo yo bien, que ya me vi celoso,

atrevido, arrojado y malicioso. 1545

D. Ambrosio En siglos prolongados tu ventura

goces, ¡oh peregrino!, y tus bisnietos

te lleven a la honrada sepultura

sobre sus hombros, para el caso electos;

no menoscabe el tiempo la hermosura 1550

de tu Marcela; celos indiscretos

no perturben tu paz en tanto cuanto

de vida os diere aliento el Cielo santo.

Yo vuelvo a renovar mi pena antigua,

buscando aquélla que me encubre el cielo, 1555

y, mientras dónde está no se averigua,

un Sísifo seré nuevo en el suelo.

De noche, como sombra o estantigua,

llena la vista de inmortal desvelo,

por ver el fin de mis trabajos largos, 1560

un lince habré de ser con ojos de Argos.

Éntrase Don Ambrosio.

Marcela Desesperado se parte.

D. [Antonio] Yo sin esperanza quedo,

dulce Marcela, de hallarte.

Torrente De mí se ha arredrado el miedo. 1565

Muñoz En mí ya no tiene parte;

pero, con todo, quisiera

que la lista se rompiera

que di escrita de mi mano:

que cualquier susto, aunque vano, 1570

la mala conciencia altera.

D. Francisco Haz cuenta, amigo, que envías,

en este amante curioso,

a buscar tu gloria espías.

D. [Antonio] Con todo, estoy temeroso: 1575

que son tiernas sus porfías,

y muchas, que es lo peor.

D. Francisco Yo lo tengo por mejor:

que este anzuelo ha de sacar

del profundo de la mar 1580

la perla que escondió Amor.

Éntrase Don Francisco y Don Antonio.

Cardenio ¿No ha sido estremado el cuento,

señora prima?

Marcela Sí ha sido;

aunque dél me ha parecido

ir mi hermano descontento, 1585

pensativo y desabrido.

Y es la causa que la dama

que aquél busca, adora y ama

como quiere Amor tirano,

es la misma que mi hermano 1590

quiere, busca, nombra y llama.

Y yo, simple, imaginaba

ser yo la hermosa Marcela

a quien mi hermano llamaba,

y con malicia y cautela 1595

a las manos le miraba,

a los ojos y a la boca,

y con no advertencia poca

ponderaba sus razones,

sus movimientos y acciones. 1600

Dorotea Curiosidad simple y loca.

Pídele perdón.

Marcela No quiero,

pues nunca arraigó en mi pecho

el pensamiento primero.

Cardenio Y más, que te ha satisfecho 1605

tan llano y tan por entero.

Muñoz ¿Hemos de hacer la visita

de mi señora doña Ana?

Marcela Todavía es de mañana,

y el frío la gana quita 1610

de hacer visitas agora.

Ven, amiga Dorotea;

vamos donde el sol nos vea.

Dorotea ¡Y cómo que iré, señora!

¡Que tirito, ti, ti, ti! 1615

¡Insufrible frío hace!

Éntranse Marcela y Dorotea.

Torrente El tuyo a mí me desplace.

¿Para qué veniste aquí,

Cardenio, si te has de estar

como una estatua sin lengua? 1620

Allá voy, y no hago mengua.

¿Piensas que se te ha de entrar

la ventura por la puerta,

y arrojársete en la cama?

Cardenio A mi yelo y a mi llama 1625

ningún medio las concierta.

Cuando de Marcela ausente

algún breve espacio estoy,

ardo de atrevido, y doy

en pensar que soy valiente; 1630

pero apenas me da el cielo

lugar para a solas vella,

cuando estoy, estando ante ella,

frío mucho más que el yelo.

Torrente Con ese yelo no habrá 1635

ostugo que nos alcance.

Muñoz Cierto que yo he echado un lance

que a los ojos me saldrá,

si a las espaldas no sale

primero. ¡Oh viejo imprudente! 1640

Bien merecéis, inocente,

que se evapore y exhale

el alma con el más chico

temor que te sobresalte.

Cardenio Cuando yo, Muñoz, os falte, 1645

cuando yo no os haga rico,

jamás del Pirú me venga

el mi esperado tesoro.

Muñoz ¡Que no me vuelva yo moro,

y que yo paciencia tenga 1650

para escuchar lo que escucho!

¿Dónde está el oro, señores

socarrones, embaidores?

Torrente Muñoz, que ha de venir mucho.

Muñoz ¿De qué Pirú ha de venir, 1655

de qué Méjico o qué Charcas?

Torrente Cuatro cofres y seis arcas

puedes desde luego abrir

para echar cuatro mil barras,

y aun son pocas las que digo. 1660

Muñoz Tente; que Dios sea contigo,

Torrente, que te desgarras.

Con el sastre y la bayeta

estaría yo contento.

Torrente Sastres pasarán de ciento. 1665

Muñoz La bayeta es la que aprieta

al deseo de tenella.

Torrente Déjenme los dos aquí,

que viene Cristina allí,

y me importa hablar con ella. 1670

Vanse Muñoz y Cardenio.

Entra Cristina.

¿Que es posible, flor y fruto

del árbol lindo de amor,

que ha de andar por tu rigor

siempre mi alma con luto?

¿Que es posible que un potente 1675

indiano no te remate

ni que a tu dureza mate

la blandura de Torrente?

Entra Ocaña en calzas y en camisa, con un mandil delante, y con un harnero y una almohaza; entra puesto el dedo en la boca, con pasos tímidos, y escóndese detrás de un tapiz, de modo que se le parezcan los pies no más.

¿Que es posible que no precies

los montones de oro fino, 1680

y por un lacayo indino

un perulero desprecies?

¿Que no quieras ser llevada

en hombros como cacique?

¿Que huigas de verte a pique 1685

de ser reina coronada?

¿Que, por las faltas de España,

que siempre suelen sobrar,

no quieras ir a gozar

del gran país de Cucaña? 1690

¿Que te tenga avasallada

un lacayo de tal modo,

que por él dejes el todo,

y te acojas al nonada?

¿Que a un borracho te sujetes, 1695

que cuela tan sin estorbos,

que unos sorbos y otros sorbos

son sus briznas y luquetes?

¡Oh mujeres, que tenéis

condición de escarabajo! 1700

Cristina Hablad, Torrente, más bajo,

si por ventura podéis;

que dicen que las paredes

a veces tienen oídos.

Torrente Los tuyos tienes tapidos 1705

a la voz de mis mercedes.

Deja aquese socarrón,

que tu deshonra procura,

y fabrica tu ventura

con tu mucha discreción. 1710

Cristina Pues, ¿quiérole yo, mezquina,

o, por ventura, hago caso

yo de buzaque?

Torrente Hablad paso;

moderad la voz, Cristina,

que no sabéis quién os oye, 1715

y haced con prudencia diestra

que la humilde suerte vuestra

con la que tengo se apoye,

y veréisos encumbrada

sobre el cerco de la luna. 1720

Cristina Esa próspera fortuna

para mí no está guardada,

que soy una pecadora

inútil, una mozuela

de mantellina y chinela, 1725

no buena para señora;

y más, estando abatida

y murmurada de Ocaña.

Torrente Muéveme ese llanto a saña;

perderá Ocaña la vida. 1730

Cristina Con sólo media docena

de palos que tú le des,

rendida vendré a tus pies.

Torrente Blanda y moderada pena

a tanta culpa le das; 1735

mejor fuera que la lengua

que se desmandó en tu mengua

se le cortara, y aun más.

Cristina Palos bastan; vete en paz.

Torrente El cielo quede contigo. 1740

Cristina Procura hacer lo que digo,

secreto, astuto y sagaz.

Éntrase Torrente.

¡Ay Jesús! ¿Quién está aquí?

¿Qué pies son éstos, cuitada?

Sale Ocaña.

Ocaña Cacica en hombros llevada 1745

desde Lima a Potosí:

yo soy, vesme aquí presente,

hecho estafermo sufrible

a tu rancor tan terrible

y a los palos de Torrente. 1750

Pocos son media docena;

la piedad en ti florece:

que mi culpa bien merece

cuatrodoblada la pena.

Mas yo no tengo por culpa 1755

el amarte y avisarte

que de aquello has de guardarte

que te obligue a dar disculpa.

Cristina Por vida tuya, lacayo

el más discreto de España, 1760

que todo ha sido maraña

burlona y de alegre ensayo;

porque pensaba avisarte

en viéndote.

Ocaña Una por una,

tú estarás sobre la Luna, 1765

sobre el Sol y aun sobre Marte;

yo, mísero, apaleado,

tendido por ese suelo.

Cristina Nunca tal permita el cielo.

Ocaña Tú misma me has condenado. 1770

Cristina Ya te he dicho la verdad:

que burlaba; y esto baste.

Ocaña Pues, ¿por qué, di, le intimaste

secreto y sagacidad?

Cristina Porque, advirtiéndote a ti 1775

del caso, y estando alerta,

fuese la burla más cierta

y más buena.

Ocaña Fuera ansí,

cuando tú no confirmaras

con lágrimas tu deseo. 1780

Cristina Luego, ¿no me crees?

Ocaña Sí creo;

mas reparo.

Cristina ¿En qué reparas?

Ocaña En las lágrimas, y en ver

que no son burlas risueñas

las que descubren por señas 1785

matar, rajar y hender.

Pero tú forja en tu fragua

tus embustes, que yo espero

que ha de ver el mundo entero

el que lleva el gato al agua. 1790

Entra y dame la cebada,

o darásmela después.

``¡Rendida vendré a tus pies!''

Cristina ¿Esa razón no te agrada?

Pero él no verá cumplida 1795

tal promesa en vida suya.

Ocaña ¿Tomara yo alguna tuya,

puesto que fuera fingida?

Cristina No seas tan ignorante;

muestra, que yo volveré. 1800

Dale el harnero.

Con esto me quitaré

dos importunos delante.

Éntrase Cristina.

Ocaña Que de un lacá- la fuerza poderó-,

hecha a machamartí- con el trabá-,

de una fregó- le rinda el estropá-, 1805

es de los cie- no vista maldició-.

Amor el ar- en sus pulgares to-,

sacó una fle- de su pulí- carcá-,

encaró al co-, y diome una flechá,

que el alma to- y el corazón me do-. 1810

Así rendí-, forzado estoy a cre-

cualquier mentí- de aquesta helada pu-,

que blandamen- me satisface y hie-.

¡Oh de Cupí- la antigua fuerza y du-,

cuánto en el ros- de una fregona pue-, 1815

y más si la sopil se muestra cru-!



Fin de la segunda jornada










TERCERA JORNADA




Entra Don Antonio.

D. [Antonio] En la sazón del erizado invierno,

desnudo el árbol de su flor y fruto,

cambia en un pardo desabrido luto

las esmeraldas del vestido tierno. 1820

Mas, aunque vuela el tiempo casi eterno,

vuelve a cobrar el general tributo,

y al árbol seco, y de su humor enjuto,

halla con muestras de verdor interno.

Torna el pasado tiempo al mismo instante 1825

y punto que pasó: que no lo arrasa

todo, pues tiemplan su rigor los cielos.

Pero no le sucede así al amante,

que habrá de perecer si una vez pasa

por él la infernal rabia de los celos. 1830

Entra Don Francisco.

D. Francisco Siempre han de herir los vientos,

amigo, en cualquier sazón

los ayes de tu pasión,

los ecos de tus lamentos.

D. [Antonio] Si acaso quiero entonar 1835

alguna voz de alegría,

siento que la lengua mía

se me pega al paladar.

A mi angustia, a mi dolencia

no dan alivio los cielos: 1840

que no le tienen los celos,

ni le consiente la ausencia.

d. Francisco No hay estremo sin su medio,

ni es eterna humana suerte:

sólo no tiene la muerte 1845

en la vida algún remedio.

Naturaleza compuso

la suerte de los mortales

entre bienes y entre males,

como nos lo muestra el uso. 1850

Esta verdad sé bien yo,

sin que en probarla porfíe:

ayer lloraba el que hoy ríe,

y hoy llora el que ayer rió.

D. [Antonio] ¡Oh, qué filósofo vienes, 1855

don Francisco!

D. Francisco Yo confieso

que lo soy por el progreso

de tus males y tus bienes.

Dame los brazos y albricias.

D. [Antonio] Los brazos veslos aquí, 1860

y las albricias de mí

llevarás, si las codicias;

pero yo no sé de qué

me las pides.

D. Francisco Yo las pido

de que el Amor ha entendido 1865

los quilates de tu fe,

y te la quiero premiar

con entregarte a Marcela.

D. [Antonio] Sé que es burla, y llevaréla

con tu gusto y mi pesar; 1870

pero no sé qué te mueve

a hacer burla de un amigo

tal como yo.

D. Francisco Verdad digo,

y escucha, que seré breve.

Su padre de Marcela... 1875

D. [Antonio] ¡Oh nombres cordialísimos

de Marcela y su padre!

D. Francisco Escucha: no seas tonto.

D. [Antonio] Escucho y soylo.

D. Francisco Es[t]a mañana, estando

en misa en San Jerónimo, 1880

al salir de la iglesia

me tomó por la mano.

D.Antonio ¡Oh dulce toque!

D. Francisco ¿Qué toque dulce puede

dar la mano de un viejo?

Traslúceseme, amigo, 1885

que así estáis vos en vos, como en el cuento.

D. [Antonio] Luego, ¿no fue Marcela

la que os tocó la mano?

D. Francisco Que no, sino su padre.

D. antonio No entendí bien. Seguid, que estoy suspenso. 1890

D. Francisco Las pacíficas plantas

de las olivas verdes

fueron testigos ciertos

destas palabras que deciros quiero.

D. [Antonio] ¡Oh santísimos orbes 1895

de todas las esferas,

a quien inteligencias

supernas rigen, mueven y gobiernan!

Haced que estas razones

en mi provecho sean; 1900

lleguen a mis oídos,

siquiera esta vez sola, alegres nuevas.

D. Francisco ¡Por vida juro! ¡Muérdome

la lengua! ¡Voto a Chito,

que estoy por...! ¡Lleve el diablo 1905

a cuantos alfeñiques hay amantes!

¡Que un hombre con sus barbas,

y con su espada al lado,

que puede alzar en peso

un tercio de once arrobas de sardinas, 1910

llore, gima y se muestre

más manso y más humilde

que un santo capuchino

al desdén que le da su carilinda...!

D. [Antonio] Paréntesis es éste 1915

que se lleva colgada

de cada razón suya

mi alma aquí y allí.

D. Francisco Pues otro queda.

Pidióle a una fregona

un amante alcorzado 1920

le diese de su ama

un palillo de dientes, y ofrecióle

por él cuatro doblones;

y la muchacha boba

trújole de su amo, 1925

que era viejo y sin muelas, el palillo.

Él dio lo prometido,

y, engastándole en oro,

se lo colgó del cuello,

cual si fuera reliquia de algún santo. 1930

Gemía ante él de hinojos,

y al palo seco y suyo

plegarias enviaba

que en su empresa dudosa le ayudase.

¿Y el otro presumido, 1935

que va a las embusteras

del cedacillo y habas,

y da crédito firme a disparates?

¡Cuerpo del mundo todo!

Descubra el hombre siempre 1940

tal valor y tal brío,

que le muestren varón a todo trance.

No se ande con esferas,

con globos y con máquinas

de inteligencias puras; 1945

atienda, espere, escuche, advierta y mire,

o lo que en daño suyo,

o en su pro, sus amigos

quisieren descubrirle.

D. [Antonio] Atiendo, espero, escucho, advierto y miro. 1950

D. Francisco Digo, pues, que don Pedro,

el padre de Marcela,

me dijo estas palabras...

D. [Antonio] ¿Es mucho que te diga que apresures

la comenzada plática, 1955

de cuyo fin depende

o mi vida o mi muerte?

D. Francisco Díjome, en fin...

D. [Antonio] ¡Primero vendrá el mío!

D. Francisco ¡Colérico, enfadoso

está!

D. [Antonio] ¡Cuerpo del mundo! 1960

Acaba, don Francisco,

que está pendiente el alma de tu boca.

D. Francisco Dijo que yo sea parte,

como que él nada entiende,

que a Marcela, su hija, 1965

se la demandes por mujer.

D. [Antonio] ¿Qué escucho?

¿Búrlaste, amigo, o quieres

con falsas esperanzas

entretener las mías?

D. Francisco No burlo, juro a Dios: verdad te digo. 1970

D. [Antonio] Dame esos pies.

D. Francisco Levanta.

D. [Antonio] Y pídeme en albricias

el alma, y te la diera,

si ya a Marcela dado no la hubiera.

Mas dime, dulce amigo: 1975

¿tocaste, por ventura,

el cuerpo de don Pedro?

¿Viste si era fantasma o no?

D. Francisco Perdido

estás desa cabeza.

D. [Antonio] ¿Que era don Pedro Osorio, 1980

el padre de Marcela?

D. Francisco El mismo.

D. [Antonio] ¡El mismo!

D. Francisco El mismo. ¿Qué es aquesto?

D. [Antonio] A tanta desventura

está el corazón hecho,

que no puede dar crédito 1985

a las dichosas nuevas que le intimas;

pero habrá de creerte,

en fe que tú las dices:

que el buen amigo vemos

que es pedazo del alma de su amigo. 1990

D. Francisco Busca a don Pedro Osorio,

y pídele a su hija

por legítima esposa.

D. antonio ¿Dónde la tiene?

D. Francisco En Santa Cruz la tiene:

un monesterio santo, 1995

que está puesto muy cerca

de Torrejón y Cubas,

orden del rico capitán de pobres.

D. [Antonio] ¿Qué le movió llevarla

a tanto encerramiento? 2000

D. Francisco No me metí en dibujos,

no le pregunté nada; sólo estuve

atento a su demanda,

y, con la ligereza

posible, vine a darte 2005

la dulce que has oído alegre nueva.

Entran Marcela y Cristina.

Marcela Llega, Cristina, y dile

lo que quieres.

Cristina Ocúpame

el rostro la vergüenza,

y enmudece la lengua.

Marcela ¡Qué melindres! 2010

Tomarte has con un toro

y con un hombre armado,

¿y de mi hermano tiemblas?

D. [Antonio] Pues, hermana,

¿queréis alguna cosa?

¿Mandáis que os sirva en algo? 2015

Pedid a vuestro gusto,

que estoy en ocasión de hacer mercedes.

Marcela En nombre de Cristina,

os pido deis licencia

para que aquesta noche 2020

os hagan una fiesta los de casa;

Muñoz y Dorotea,

Torrente con Ocaña.

Cristina Y nuestro buen vecino

el barbero también, y la barbera, 2025

que canta por el cielo

y baila por la tierra,

con otro oficial suyo,

nos tienen de ayudar; dígalo todo.

Marcela Dígolo todo, y digo, 2030

hermano, que yo gusto

que esta fiesta se haga.

D. [Antonio] Digo que soy contento, y doy licencia

para que el cielo rompa

en diferentes lenguas 2035

y en fiestas diferentes

las cataratas del placer, y salga

a playa mi contento.

D. Francisco Y aun, a ser necesario,

haré yo mi figura. 2040

[D. Antonio] Y aun yo, que soy valiente recitante.

Cristina Mil años, señor, vivas;

mil regocijos buenos

el corazón te ocupen.

Hacerme tengo rajas esta noche. 2045

D. [Antonio] El término decente

de honestidad se guarde,

Cristina.

Cristina ¡Bueno es eso!

Bailaremos a fuer de palaciegos.

D. [Antonio] Vamos, amigo.

D. Francisco Vamos; 2050

aunque don Pedro agora

no está en Madrid.

D. [Antonio] ¿Pues, dónde?

D. Francisco A Santa Cruz es ido,

y volverá mañana.

D. [Antonio] Vamos a dar al cielo 2055

gracias porque ha mirado mi buen celo.

Éntranse Don Francisco y Don Antonio.

Marcela Mira, Cristina, que sea

el baile y el entremés

discreto, alegre y cortés,

sin que haya en él cosa fea. 2060

Cristina Hale compuesto Torrente

y Muñoz, y es la maraña

casi la mitad de Ocaña,

que es un poeta valiente.

El baile te sé decir 2065

que llegará a lo posible

en ser dulce y apacible,

pues tiene que ver y oír:

que ha de ser baile cantado,

al modo y uso moderno; 2070

tiene de lo grave y tierno,

de lo melifluo y flautado.

Es lacayuno y pajil

el entremés, y me admira

de verle una tiramira 2075

que tiene de fregonil.

Marcela La fiesta será estremada.

Cristina Basta que agradable sea.

Marcela ¿Sabe el dicho Dorotea?

Cristina Ninguno no ignora nada 2080

de lo que a su parte toca.

Dame, señora, lugar,

que nos hemos de ensayar.

Marcela Vamos.

Cristina De gusto voy loca.

Éntranse.

Salen Torrente y Ocaña, cada uno con un garrote debajo del brazo.

Torrente Señor Ocaña, a esta parte, 2085

que está más llano el camino.

Ocaña Por esta vez, peregrino

traidor, no pienso de honrarte

con darte el lado derecho,

porque he de tomar el tuyo. 2090

Desas ceremonias huyo,

lánguidas y sin provecho;

adondequiera voy bien,

al diestro o siniestro lado,

y no quiero, acomodado, 2095

que otros lugares nos den

del que me cupiere acaso,

y sé yo, señor Torrente,

que tiene de lo imprudente

hacer destas cosas caso. 2100

Torrente ¿Es daga aquese garrote,

señor Ocaña?

Ocaña Es un palo

que por martas lo señalo

para ablandar un cogote.

¿Y es puñal aquese vuestro? 2105

Torrente Es una penca verduga

que las espaldas arruga

del maldiciente más diestro.

Ocaña Luego, ¿vais a castigar

algún maldiciente?

Torrente Sí. 2110

Ocaña Pues no pasemos de aquí,

que yo también he de dar

doce palos a un bellaco,

socarrón, traidor, y miente.

Torrente Si lo dices por Torrente, 2115

daré destierro a este saco,

y haré en calzas y en jubón,

ya con el palo o sin él,

que confieses ser tú aquel

desmentido y socarrón. 2120

Ocaña Tente, Torrente; ¿estás loco?,

ten tus cóleras a raya,

si quieres que yo me vaya

en las mías poco a poco.

¿Han de fenecer aquí, 2125

por gustos de mozas viles,

dos Héctores, dos Aquiles?

Torrente Mueran. ¿Qué se me da a mí?

Ocaña ¡Vive Dios!, que Cristinilla

me mandó te apalease; 2130

a lo menos, te reglase

la una y otra mejilla

con una navaja aguda:

que es, si en ello mirar quieres,

entre las crudas mujeres, 2135

la más insolente y cruda.

Lo mismo a mí me mandó

que a ti.

Torrente Sin duda, ansí es.

Ocaña ¿Y saldrá con su interés?

Torrente Amigo Ocaña, eso no. 2140

Vivamos para beber,

pues para beber vivimos,

y estos dijes y estos mimos

con otros se han de entender

de más tiernas intenciones 2145

y de más sufribles lomos;

no con nosotros, que somos

malos sobre socarrones.

Disimula; vesla allí

donde viene; disimula. 2150

Ocaña Ésta es la más mala mula

que en mi vida rasqué o vi.

Torrente Contemporicémosla.

Quizá mudará el rigor:

que su mudanza en mejor 2155

se ha de poner en quizá.

Entra Cristina.

Cristina Apostaré que están hechos

pedazos mis dos amantes,

que revientan de arrogantes

y de coléricos pechos. 2160

Pero allí están sosegados

más que en misa. ¿Cómo es esto?

Aún no se habrán descompuesto,

que son rufos recatados.

Torrente Señora Cristina mía... 2165

Cristina ¿Tuya? ¡Bueno!

Torrente Pues, ¿que no?

Cristina ¿Quién a ti a Cristina dio?

Torrente El dinero y la porfía.

Cristina ¿Qué dinero?

Torrente Aquel que pienso

darte en llegando la flota, 2170

si no es que, de puro rota,

da al mar el usado censo.

Cristina ¿Tú no me das algo, Ocaña?

Ocaña Cristina, ¿yo no te he dado,

como poeta rodado, 2175

del entremés la maraña?

¿Hay día que no te cebe

con dos cuartos y aun con tres?

Cristina Si es que sale el entremés

tal que mi señor le apruebe, 2180

yo me daré por pagada

y satisfecha, que es más.

Torrente Cristina, ¿no nos dirás,

si es que el caso no te enfada,

a cuál de los dos más quieres? 2185

Cristina Es injusta petición,

y aquesa declaración

no la han de hacer las mujeres

como yo; mas, si gustáis

que por señas os lo diga, 2190

haré lo que a más me obliga

el amor que me mostráis.

Muestra si traes un pañuelo,

Ocaña.

Ocaña Sí traigo, y roto,

y te le ofrezco devoto 2195

con sano y humilde celo.

Cristina Toma este mío, Torrente,

y con esto he declarado

lo que me habéis preguntado

honesta y discretamente. 2200

Y adiós; y venid, que es hora

de ensayar el entremés.

Éntrase Cristina.

Torrente Si no te aclaras después,

más confuso estoy agora

que antes de hacer la pregunta. 2205

Ocaña Pues yo me aplico la palma,

que en mi provecho mi alma

estas razones apunta:

a ti dio, sin darle nada,

y, sin darme, a mí, tomó; 2210

con el darte, te pagó;

llevando, queda obligada

al pago que recibió.

Torrente A quien toman lo que tiene,

dan muestra que se aborrece; 2215

y en el dar, claro parece

que más amor se contiene,

pues con las dádivas crece.

Ocaña La verdad desta cuestión

quede a la mosquetería, 2220

que tal hay que en él se cría

el ingenio de un Platón.

Estos capipardos son

poetas casi los más,

y tal vez alguno oirás 2225

que a socapa dice cosas

que parece, de curiosas,

que las dicta Barrabás.

Éntranse Torrente y Ocaña.

Salen Don Antonio, Don Francisco, Cardenio y Marcela, y Muñoz.

D. [Antonio] Quiera Dios que la fiesta corresponda

al buen deseo de los recitantes. 2230

Muñoz Será maravillosa, porque danza

nuestro vecino el barberito, ¡y cómo!

Asómase a la puerta del teatro Cristina, y dice:

Cristina Pónganse todos bien, que ya salimos.

Marcela ¿Han venido los músicos?

Cristina Ya tiemplan.

Éntrase Cristina.

Salen Ocaña y Torrente, como lacayos embozados.

Torrente Paréceme que vas algo dañado, 2235

Ocaña.

Ocaña Cuando voy desta manera,

va el juïcio en su punto. Tú no sabes

cómo el calor vinático despierta

los espíritus muertos y dormidos.

De suerte voy que pelearé con ciento, 2240

sin volver el pie atrás una semínima.

Cardenio No es muy mala la entrada.

Muñoz ¿Cómo mala?

Digo que es la mejor cosa del mundo.

Yo soy su medio autor.

Torrente Ocaña, ¿es éste

el zagüán de la fiesta?

Ocaña No diviso: 2245

que tengo las lumbreras algo turbias

Adonde oyeres música, repara.

Torrente Escucha, que aquí sale Cristina

y Dorotea.

Ocaña Cáigome de sueño.

Salen Dorotea y Cristina como fregonas.

Dorotea Aquesta tarde, Cristinica amiga, 2250

pienso bailar hasta molerme el alma.

Cristina Y yo, hasta reventar he de brincarme.

¡Cómo tarda Aguedilla, la del sastre!

Dorotea ¿Díjote que vendría?

Cristina Y Julianilla,

la del entallador, con Sabinica, 2255

que sirve a la beata en Cantarranas.

Dorotea Todas son bailadoras de lo fino.

En fregando, vendrán.

Cristina Como nosotras,

que lo dejamos todo hecho de perlas.

De la cena no curo: que mi amo 2260

dos huevos frescos sorbe, y a Dios gracias.

Dorotea El mío nunca cena: que es asmático,

y con dos bocadillos de conserva

que toma, se santigua y se va al lecho.

Cristina Y tu ama, ¿qué hace? ¿No se acuesta? 2265

Dorotea No toméis menos; puesta de rodillas

dentro de un oratorio, papa santos

dos horas más allá de los maitines.

Cristina También es mi señora una bendita,

y, por nuestra desgracia, ellas son santas. 2270

Dorotea Pues, ¿no es mejor, amiga, que lo sean?

Cristina No; ni con cien mil leguas. Si ellas fueran

resbaladoras de carcaño, acaso

tropezaran aquí, y allí rodaran;

y, sabiendo nosotras sus melindres, 2275

tuviéramos la nuestra sobre el hito:

ellas fueran las mozas, y nosotras

fuéramos las patronas a baqueta,

como dice il toscano.

Dorotea Verdad dices:

que el ama de quien sabe su criada 2280

tiernas fragilidades, no se atreve,

ni aun es bien que se atreva, a darle voces,

ni a reñir sus descuidos, temerosa

que no salgan a plaza sus holguras.

Cristina ¿Has visto qué calzado trae Lorenza, 2285

la que sirve al letrado boquituerto?

¿Quién se le dio, si sabes?

Dorotea Un su primo

donado, que es un santo.

Cristina ¡Ay Dorotea,

cómo los canonizas!

Dorotea Oye, hermana,

que los músicos suenan, y el barbero, 2290

gran bailarín, es éste que aquí sale.

Muñoz ¡Vive el cielo!, que es cosa de los cielos

el entremés.

Ocaña Aquel viejo me enfada;

que le he da dar, pondré, una bofetada.

Entran los músicos y el barbero, danzando al son deste romance:

[Músicos] De los danzantes la prima 2295

es este barbero nuestro,

en el compás acertado,

y en las mudanzas ligero.

Puede danzar ante el rey,

y aqueso será lo menos, 2300

pues alas lleva en los pies

y azogue dentro del cuerpo.

Anda, aguija, salta y corre

aquí y allí como un trueno,

adóranle las fregonas, 2305

respétanle los mancebos.

Ocaña Oíganme, pido atención;

no gusto destos paseos,

deste dar coces al aire

y puntapiés a los vientos. 2310

Toquen unas seguidillas,

y entendámonos; y advierto

que se juegue limpiamente,

y sepan que no me duermo.

Muñoz ¿Hay tal Ocaña en el mundo? 2315

¿Hay tal lacayo en el cielo?

Barbero Alto, pues; vayan seguidas.

Cristina Sí, amigo, porque bailemos.

Músicos Madre, la mi madre,

guardas me ponéis; 2320

que si yo no me guardo,

mal me guardaréis.

Torrente Esto sí, ¡cuerpo del mundo!,

que tiene de lo moderno,

de lo dulce, de lo lindo, 2325

de lo agradable y lo tierno.

Músicos Dicen que está escrito,

y con gran razón,

que es la privación

causa de apetito. 2330

Crece en infinito

encerrado amor;

por eso es mejor

que no me encerréis:

que si yo no me guardo... 2335

Ocaña Ya les he dicho que bailen

a lo templado y honesto:

que no gusto que se beban

de las niñas el aliento.

Barbero ¡Por vida del so lacayo, 2340

que nos deje, que aquí haremos

lo que más nos diere gusto!

Ocaña Bailen: después nos veremos.

Músicos Es de tal manera

la fuerza amorosa 2345

que a la más hermosa

vuelve en quimera.

El pecho de cera,

de fuego la gana,

las manos de lana, 2350

de fieltro los pies:

que si yo no me guardo,&c.

Torrente Tampoco a mí me contentan

estas vueltas ni floreos:

que se requiebran bailando, 2355

pues son requiebros los quiebros.

Músicos Señores lacayos, vayan

y monden la haza, y déjennos.

Ocaña Musiquillo de mohatra,

canta y calla, que queremos 2360

estar aquí a tu pesar.

Músicos Está bien dicho; cantemos.

Que tiene costumbre

de ser amorosa,

como mariposa 2365

se va tras su lumbre,

aunque muchedumbre

de guardas le pongan,

y aunque más propongan

de hacer lo que hacéis: 2370

que si yo no me guardo...

Torrente Varilla de volver tripas,

no hagas tantos meneos;

lagartija almidonada,

baila a lo grave y compuesto. 2375

Dorotea Bodegón con pies, camine,

que aquí no le conocemos;

calle o pase, porque olisca

a lacayo y a gallego.

Muñoz Éstas sí que son matracas, 2380

que tienen del caballero,

de lo ilustre y de lo lindo,

de lo propio y lo risueño.

Ocaña Bailar quiero con Cristina.

Torrente No con mi consentimiento. 2385

¿No se acuerda el sor Ocaña

que a mí me dio su pañuelo,

y que, en fe de ser su cuyo,

sobre ella dominio tengo,

y que los rayos del sol 2390

no la han de tocar, si puedo?

Ocaña ¿Y no sabe el so Torrente

que soy aquel que merezco

bailar con un arzobispo,

aunque sea el [de] Toledo? 2395

Cardenio ¿No pasa el baile adelante?

Ocaña No; que ha de pasar primero

de Ocaña la valentía,

su venganza y su denuedo.

Torrente ¡Ay narices derribadas 2400

y tendidas por el suelo!

Pero toma esta respuesta:

de Tarpeya mira Nero.

Muñoz Diole. ¡Mal haya la farsa

y el autor suyo primero! 2405

Pero yo no di esta traza,

ni escribí tal en mis versos.

Barbero ¡Pasado de parte a parte

está el pobre Ocaña!

Marcela ¡Ay cielos!

Barbero Yo les tomaré la sangre, 2410

que para esto soy barbero.

Dorotea ¡Mi señora se desmaya!

D. [Antonio] Yo tengo la culpa desto,

pues que sabía que Ocaña

es buzaque en todo tiempo. 2415

Barbero ¡Paños, estopas, aguijen;

tráiganme claras de huevos!

Cardenio ¡Huye, traidor enemigo;

huye, traidor, que le has muerto!

Torrente Mire si halla mis narices, 2420

porque sin ellas no pienso

salir un paso de casa.

Cardenio ¡Sal, que le has muerto!

Torrente ¡No quiero!

Dorotea ¡Ay, sin ventura, señora!

D. [Antonio] Las dos llevadla allá dentro. 2425

Miren quién llama a esa puerta.

¡Y la rompen! ¿Qué es aquesto?

D. Francisco Yo pondré que es la justicia,

que a los llantos lastimeros

destas muchachas acude. 2430

Cristina Aqueso tengo yo bueno:

que no lloraré una lágrima

si viese a mi padre muerto;

y más, viéndome vengada

destos dos amantes ciegos, 2435

importunos, maldicientes,

socarrones, sacrílegos,

pobres, sobre todo, y ruines:

¡mirad qué estremos estremos!

Entran un alguacil y un corchete.

Alguacil ¿Qué guitarra es aquésta? 2440

Corchete Aquí hay sangre. ¿Qué es aquesto?

Torrente Yo soy, que estoy sin narices.

Ocaña Y yo, que estoy casi muerto.

alguacil No se me vaya ninguno;

cierren esas puertas luego. 2445

Muñoz De aquí habremos d[e] ir...

Dorotea ¿Adónde?

Muñoz A la cárcel, por lo menos.

D. [Antonio] ¿No la habéis echado el agua?

Dorotea Ya vuelve en sí.

Corchete ¿Qué haremos?

¿Han de ir a la cárcel todos? 2450

Alguacil El caso sabré primero.

Torrente ¡Que tengo de ir a Turpia!

Ocaña ¡Que esté tan cerca mi entierro!

¡Mete la tienta, cuitado,

con más blandura y más tiento! 2455

Barbero Más de dos palmos le cuela.

Ocaña Si yo cuatro azumbres cuelo,

no es bien se mire conmigo

en dos varas más o menos.

Corchete Veamos estas narices. 2460

Torrente Paso, detente, reniego

de tus pies y de tus patas:

que las pisas, y tendremos

que enderezarlas si acaso

quedan chatas.

Corchete Yo no veo 2465

en el suelo tus narices.

Torrente Verdad, porque aquí las tengo.

Muñoz ¡Milagro, milagro, y grande!

Ocaña Tú, compasivo barbero,

por lo hueco de una bota 2470

entraste la tienta a tiento.

D. [Antonio] Luego, ¿todo esto es fingido?

Ocaña Sí, señor.

D. [Antonio] ¡Por Dios del cielo!,

que estoy por hacer que salga

lo que es fingido por cierto. 2475

¡Desnudar, donde hay mujeres,

espadas!

Torrente ¡Ah, señor bueno,

qué mal sientes de sus bríos!

D. [Antonio] Digo que sois majadero.

Alguacil Luego, ¿todo aquesto es burla? 2480

Ocaña Todo aquesto es burla luego,

pero después serán veras.

Cardenio ¡Qué buen relente tenemos!

D. Francisco El picón, por Dios bendito,

que ha sido de los más buenos 2485

que he visto hacer en mi vida.

Dorotea ¿Bailaremos más?

Cristina Bailemos.

Marcela. No, porque aún no estoy en mí

del sobresalto, y deseo

reparar el accidente 2490

que me ha puesto en recio estremo.

D. [Antonio] Entraos, hermana.

Marcela Vení

conmigo vosotras.

Torrente Demos

sobresaltado remate

al principio de sosiego. 2495

Éntranse Cristina, Marcela y Dorotea.

Alguacil De que todo sea comedia,

y no tragedia, me alegro;

y así, a mi ronda, señores,

con vuestra licencia, vuelvo.

Éntranse el alguacil y el corchete.

Cardenio Ocaña y Torrente, digo 2500

que el asunto fue discreto

del picón, y que se hizo

con propiedad en estremo.

Muñoz El principio todo es mío,

pero no lo fue el progreso; 2505

el perulero y Ocaña

tienen el diablo en el cuerpo.

Ocaña Miren la herida por quien

metió la tienta el barbero,

que, mientras es más profunda, 2510

más vida y bien me prometo.

Enseña una bota de vino.

Torrente Preguntar quiero otra vez,

mis señores mosqueteros,

quién ha de llevar la gala

de los trocados pañuelos. 2515

Pensadlo para otra vez,

que en este sitio saldremos

con preguntas más agudas,

con entremeses más buenos.

Y advertid que soy Torrente, 2520

perulero por lo menos,

y os daré selvas de plata

y mil montes de oro llenos.

Ocaña Hermanos, yo soy Ocaña,

lacayo, mas no gallego; 2525

sé brindar y sé gastar

con amigos cuanto tengo.

Éntranse todos.

Entran Don Silvestre de Almendárez, el verdadero, con una gran cadena de oro, o que le parezca, y Clavijo, su compañero.

D. Silvestre Si no llega al retrato su hermosura,

y della ha declinado alguna parte,

podrá buscar en otra su ventura. 2530

Clavijo Señor, lo que yo puedo aconsejarte

es que procures que la vista sea

la que desta verdad ha de informarte;

y si tu prima acaso fuere fea,

no faltarán escusas con que impidas 2535

el lazo que se teme y se desea:

que, a darle el matrimonio por dos vidas,

las glorias que no diera la primera,

fueran en la segunda prevenidas.

Un nudo solo dado a la ligera, 2540

aprieta, est[r]echa y liga de tal suerte,

que dura hasta la hora postrimera.

No fue de Gordïano el lazo fuerte

tan duro de romper como este ñudo,

que sólo se desata con la muerte. 2545

Mancebo eres, pero muy sesudo,

y así, de que has de hacer como discreto

tan confiado estoy, que en nada dudo.

D. Silvestre De seguir tus consejos te prometo.

Ésta es buena coyuntura, 2550

porque imagino que es ésta

mi prima.

Clavijo Como es hoy fiesta,

saldrá a misa.

D. Silvestre ¡Gran ventura!

De mi primo ésta es la casa.

Ella es; no hay qué dudar. 2555

Clavijo Toda la puedes mirar,

si es que descubierta pasa.

Salen Marcela y Dorotea, con mantos, y detrás Quiñones, con una almohada de terciopelo, y Muñoz, que lleva a Marcela de la mano.

Marcela Delantero cargó Ocaña,

Muñoz, en el entremés.

Muñoz ¿No sabes, señora, que es 2560

el mayor cuero de España?

Marcela Desenvainar las espadas,

me dio pena.

Muñoz Aquellas monas

nunca las sacan tizonas,

porque todas son coladas. 2565

Embebe como esponja

vino Ocaña, y aun Torrente

bebe como hombre valiente,

sin melindre y sin lisonja.

Marcela ¿Don Silvestre queda en casa? 2570

Dorotea Sí, señora; y acostado.

Marcela Mi primo es tan regalado,

que ya de lo honesto pasa.

¿Traes, Dorotea, las Horas?

Dorotea Sí, señora.

Muñoz El corazón 2575

me dice que hoy el sermón

tiene de durar tres horas.

Al pasar, don Silvestre y Clavijo hacen a Marcela una gran reverencia, y ella, ni más ni menos.

Pero yo le oiré de modo

que fastidio no me pille.

Marcela Luego, ¿no pensáis oílle? 2580

Muñoz Alguna parte, no todo.

Éntrase Marcela, Muñoz, Dorotea y Quiñones.

D. Silvestre Ésta es Marcela, mi prima,

y el retrato le parece.

Clavijo Por cierto que ella merece

ser tenida por la prima 2585

de hermosura y gentileza,

y estaría en perfección

grande, si su discreción

llega donde su belleza.

D. Silvestre Primo y don Silvestre dijo, 2590

y que quedaba acostado,

y que era muy regalado:

¿qué infieres desto, Clavijo?

Clavijo De lo que pueda inferir,

ingenio no se resuelve; 2595

mas el escudero vuelve,

que nos lo podrá decir.

Vuelve Muñoz.

Muñoz Viejo en pie, largo sermón,

temblores de puro frío,

y el estómago vacío, 2600

no llaman la devoción.

Aquí, al sol estaré, en tanto

que se quiebra la cabeza

este fraile, rica pieza,

que todos tienen por santo. 2605

Clavijo Díganos, señor galán:

¿quién es aquesta señora

que entró de la mano ahora?

Muñoz ¿Adónde?

Clavijo En San Sebastián.

Muñoz Es Marcela de Almendárez, 2610

doncella la más garrida

que vive en toda la corte,

más honesta y recogida.

Es su hermano don Antonio

de Almendárez. Tiene en Indias 2615

un hermano de su padre,

rico a las mil maravillas,

un hijo del cual en casa

se huelga a pierna tendida,

esperando si de Roma 2620

el Padre Santo le envía

licencia para casarse

con Marcela, que es su prima.

D. Silvestre ¿Y llámase?

Muñoz Don Silvestre

de Almendárez, y es de Lima, 2625

y a nuestra casa llegó,

puedo decir, en camisa,

porque en una gran tormenta

echó al mar dos mil valijas

llenas de tejuelos de oro 2630

finísimo y plata fina,

y entre ellas fue mi bayeta,

que fue oída y no fue vista.

Clavijo ¡Válame Dios! ¡Grave caso!

Muñoz Éste que viene podría 2635

contaros el caso grave

con más luenga narrativa:

que se halló presente a todo,

con gran dolor de su anima.

D. Silvestre Ánima, querréis decir. 2640

Muñoz No me importa a mí una guinda

pronunciar con dinguindujes.

Entra Torrente.

Torrente Muñoz, ¿en qué está la misa?

Muñoz En el misal: ahora empieza.

Torrente ¿Pasó por aquí Cristina? 2645

Muñoz Entre la cruz creo que andáis,

Torrente, y la agua bendita.

Bastan las de vuestro ojos,

sin buscar ajenas niñas;

que es Ocaña apitonado 2650

y sabe mucho de esgrima.

Torrente En este caso y en otros,

¿mondo yo, por dicha, níspolas?

Y, cuando no, su cabeza

tiene de guardar la mía. 2655

Entra un cartero destos que andan por la corte dando las cartas del correo.

Cartero ¿Don Antonio de Almendárez,

saben dónde vive, a dicha,

señores?

Muñoz Hombre de bien,

a la vuelta, en una esquina.

¿Son de Roma?

Cartero Sí, señor. 2660

Muñoz La dispensación sería

que aguarda el gran peregrino

y la en beldad peregrina.

¿Cuánto es el porte?

Cartero Un escudo.

Muñoz ¡Hoste, puto! Vaya y diga 2665

al mayordomo de casa

que le pague y la reciba.

Éntrase el cartero.

Torrente Agora sí que tendremos

gusto abierto y rica jira,

regodeos hasta el tope, 2670

lautas y limpias comidas.

Mudaremos este pelo

de sayal con cebollinas

martas.

Muñoz Procurad que sean

ajunas, que sean más finas. 2675

Con tantos gustos, sin duda,

que olvidaréis la tormenta

que pasastes, que, a mi cuenta,

debió ser en la Bermuda:

que siempre en aquel paraje 2680

hay huracanes malignos.

Torrente Tanto, que de peregrinos

hicimos pleito homenaje

yo y mi señor don Silvestre;

mas yo tengo por lunático 2685

quien sube en caballo acuático,

cuando le tiene terrestre.

A la sorda y a la muda

íbamos muy sin placer,

cuando llegamos a ver 2690

la venta de la Barbuda;

pero tenía cerradas

las puertas, si viene a mano,

y no hay fiarse cristiano

de viejas que son barbadas. 2695

D. Silvestre Y la canal de Bahama,

¿pasóse sin detrimento?

Torrente Otra canal yo no siento

que aquesta por do derrama

sus dulces licores Baco. 2700

Clavijo ¿Dónde se alijó el navío?

Torrente No le alijó el señor mío,

que le tuvo por bellaco;

y más, que espera tener

hijos en su prima hermosa. 2705

Muñoz La respuesta, aunque graciosa,

nos ha de echar a perder.

D. Silvestre ¿En el golfo de las Yeguas

sería el trance crüel?

Torrente Creo que pasamos dél 2710

desviados cuatro leguas.

Clavijo ¿Y dónde se tomó tierra?

Torrente En el suelo.

D. Silvestre Dice bien.

Muñoz Vuesas mercedes nos den

licencia.

D. Silvestre Donaire encierra 2715

el peregrino, en verdad:

que, si aspirara a piloto,

que yo le diera mi voto

con poca dificultad,

porque describe los puertos 2720

y los golfos bravamente.

Muñoz Es estimado Torrente

de los pilotos más ciertos

que encierra Guadalcanal,

Alanís, Jerez, Cazalla. 2725

Torrente Baco en sus Indias se halla,

pasando por mi canal.

Muñoz Si la plática no atajo

en ocasión oportuna,

vos os veis, sin duda alguna, 2730

Torrente amigo, en trabajo.

Éntranse Torrente y Muñoz.

Salen Don Antonio, Don Francisco y Don Ambrosio (trae un papel en la mano).

D. Ambrosio Si desto albricias no dais,

o esta verdad no creéis,

ni de mi mal os doléis,

ni de mi bien os holgáis. 2735

Tras la noche triste mía,

amarga, lóbrega, escura,

hizo salir la ventura

claro sol y alegre día.

Por las levantadas cumbres 2740

de imposibles que temí,

mi luz clara salir vi

llena de piadosas lumbres,

que como nortes me guían

al puerto con dulces modos, 2745

y de los peligros todos

del mar de amor me desvían.

Ya Marcela ha parecido,

y con esa letra y firma

todos mis bienes confirma; 2750

ya, cual veis, soy su marido.

D. [Antonio] ¿Sabéis vos que ésta es su mano

y firma?

D. Ambrosio Sin duda alguna.

D. [Antonio] Con tan próspera fortuna,

bien es que os mostréis ufano; 2755

pero de su padre sé

que la casa en otra parte.

D. Ambrosio Él ni nadie será parte

a que se rompa la fe

que con sangre vien[e] escrita 2760

en ese papel que veis.

D. [Antonio] Haga Amor que la gocéis

luengo tiempo en paz bendita.

Tomad, y hágaos buen provecho

vuestra ventura estremada. 2765

D. Francisco La mujer determinada

pone a todo trance el pecho.

Pero veis aquí do viene,

el padre de vuestra esposa.

D. Ambrosio Esperarle aquí no es cosa 2770

que a mis designios conviene.

Entra el padre de Marcela, y vase Ambrosio, y entra también Ocaña.

Padre Como fue demanda honesta

la que os hice, vengo a ver

si vino a corresponder

con mi intención la respuesta, 2775

que ya en público la pido:

que no quiero que rodeos

encubran que mis deseos

no son de padre advertido.

Daré al señor don Antonio..., 2780

deste modo lo diré,

...mi alma, pues le daré

a mi hija en matrimonio.

En ella le daré esposa

bien nacida, cual se sabe, 2785

y aun estremo adonde cabe

el mayor de ser hermosa;

una niña a quien apenas

el sol ni el viento han tocado;

un armiño aprisionado 2790

con religiosas cadenas;

una que son sus cuidados

de simple y tierna doncella;

y ofrezco en dote con ella

de renta dos mil ducados. 2795

D. [Antonio] Con mucho gusto, señor

don Pedro Osorio, hiciera

lo que tan bien me estuviera,

mirando a vuestro valor;

mas la señora Marcela 2800

ha ganado por la mano

a vuestro intento tan sano,

que en honrarla se desvela:

ella se ha escogido esposo,

que es el que salió de aquí. 2805

Padre ¿Mi hija Marcela?

D. Francisco Sí.

Padre Padre triste, viejo astroso,

¿qué escuchas? ¿Cómo es aquesto?

D. Francisco Una cédula le ha dado

de su mano, donde ha echado 2810

de lo que es amor el resto.

Padre ¿Será falsa?

D. Francisco Podría ser;

pero imagino que no.

Padre Pues, ¿para qué os la mostró?

D. [Antonio] Turba el sentido el placer. 2815

[Padre] Primero que él la vea,

primero que él la toque,

primero que la goce,

ha de perder la vida, o yo la mía.

¡Que venga un embustero, 2820

con sus manos lavadas,

y no limpias por esto,

y el alma os robe y saque de las carnes...!

Mitades son del alma

los hijos; mas las hijas 2825

son mitad más entera,

por cuyo honor el padre ha de ser lince.

Ocaña Por Cristo benditísimo,

que la razón le sobra

por cima los tejados 2830

a este pobre señor, de quien me duelo.

¡Que aquestos pisaverdes,

aquestos tiquimiquis

de encrespados copetes,

se anden a pescar bobas con embustes...! 2835

D. [Antonio] Majadero, ¿qué es esto?

Ocaña Yo callo y me arrepiento

de lo dicho.

D. [Antonio] Mostrenco,

¿de cuándo acá os metéis vos en docena?

Ocaña ¡Que no pueda hacer baza 2840

yo con este mi amo,

y, si a las discreciones

jugamos, quince y falta puedo darle...!

Padre No os quiero pedir nada,

ni es razón que os la pida, 2845

hijo, que, si lo fuérades,

remozara mis canas y mis días.

¡Hijas inobedientes,

que al curso de los años

anticipáis el gusto, 2850

destrúyaos Dios, los cielos os maldigan!

Éntrase el padre.

D. [Antonio] ¡Mi gozo está en el pozo!

D. Francisco ¿Y si es falsa la cédula?

D. [Antonio] Aunque lo sea, amigo,

ya el honor titubea de Marcela. 2855

Cuanto más, que se sabe

que es bueno don Ambrosio,

y no levantaría

tan grande testimonio.

D. Francisco Así lo creo.

D. [Antonio] Doncella de escritorios, 2860

de públicas audiencias,

de pruebas y testigos,

no es para mí.

Ocaña ¡Sentencia aristotélica!

Entran Torrente y Cardenio.

Torrente ¿A cuándo, cuitado, aguardas?

¿Qué diligencias has hecho 2865

que te sean de provecho?

¿A qué esperas? ¿A qué tardas?

Lugar tienes y ocasión

para rogar y fingir.

Cardenio Yo tengo para morir, 2870

no para hablar, corazón.

Torrente Tu silencio ha de ser causa

de toda tu desventura.

Cardenio Su honestidad y hermosura

ponen en mi intento pausa. 2875

Al cabo habré de morir

callando.

Torrente ¡Qué simple amante!

Cardenio Medroso, mas no ignorante.

Torrente Todo lo puedes decir.

Entran Marcela, Dorotea, Muñoz y Cristina, y Quiñones.

Marcela La torpeza en vos se halla; 2880

caminad, que os valga Dios.

Ocaña Uno a uno, dos a dos,

juntado se ha gran batalla.

Entran Silvestre y Clavijo.

D. Silvestre ¿Un don Silvestre está aquí

que tiene por sobrenombre 2885

Almendárez?

Cardenio Gentilhombre,

yo soy. ¿Qué queréis de mí?

D. Silvestre Dadme, señor, vuestros pies,

que soy grande servidor

de vuestro padre.

Cardenio Señor, 2890

cortés, mas no tan cortés.

D. Silvestre Diez mil pesos ensayados,

con vos, me escribe mi padre,

me envía, y tres mil mi madre.

Torrente Pesos serán bien pesados. 2895

Catorce mil se tragó

el mar, como soy testigo.

D. silvestre Trece mil son los que digo.

Torrente Catorce mil digo yo.

Cardenio Es verdad; yo recebí, 2900

señor, todo ese dinero;

pero el mar...

Clavijo Aquí no hay pero.

D. Silvestre Yo responderé por mí;

callad vos. También me envía

de vuestra prima un retrato. 2905

Torrente Sorbiósele el mar ingrato

sin guardarle cortesía.

Pensamos que se amansara

tocándole su figura,

y por respeto y mesura 2910

en su lecho se acostara;

pero fue tan mal mirado,

que alzó montes sobre montes,

y escondió los horizontes

y aun la faz del sol dorado. 2915

marcela No era reliquia el retrato.

Clavijo No; pero si él le arrojara

con devoción, se mostrara

manso el mar y el cielo grato.

Torrente Todo esto en la memoria 2920

no está, Muñoz, que nos diste,

y si nos caen en el chiste,

nuestra desdicha es notoria.

D. silvestre ¿Vuesa merced tiene, acaso,

otro hermano?

Cardenio Sí, señor. 2925

Muñoz No, señor. ¡Oh grande error!

¡Mil sustos de muerte paso!

Clavijo ¿Cómo se llama?

Torrente Don Juan

de Almendárez.

D. Silvestre ¿Qué ed[a]d tiene?

Torrente Aquella que le conviene. 2930

Ocaña Examinándoles van,

y yo no sé para qué.

D. Silvestre ¿Tocaron en la Bermuda?

Torrente Ya he dicho desa Barbuda

otra vez lo que yo sé. 2935

D. Silvestre No ingenio, mas ignorancia,

es fabricar la maldad,

de quien está la verdad,

no dos dedos de distancia.

Yo soy, señor don Antonio, 2940

vuestro primo verdadero,

y de ser éste embustero

darán claro testimonio

mis papeles y el retrato

de mi señora Marcela. 2945

Muñoz ¡El alma se me revela!

¡Si hoy no me muero, me mato!

D. Silvestre Dadme, señora, esos pies

por vuestro primo y esposo.

D. Francisco ¡Éste es caso prodigioso! 2950

Marcela Cortés, mas no tan cortés.

Torrente Tres días ha, desventurado,

que, por no querer hablar,

te has de ver, a bien librar,

en galeras y azotado. 2955

Embistiérasla, malino,

y no aguardaras a verte

en la desdichada suerte

y en el traje peregrino.

D. Francisco ¿Quién eres?

Cardenio Un estudiante. 2960

Torrente Y yo su capigorrón,

que tengo de socarrón

harto más que de ignorante.

Cardenio Solicitóme el amor

a entrar en esta conquista 2965

a la sombra de una lista...

Torrente Que la escribió este traidor

de Muñoz.

Muñoz ¡Dios sea conmigo!

¡Llegó de Muñoz el fin!

D. [Antonio] ¡Ah escudero viejo y ruin! 2970

Ocaña Eso pido y eso digo.

Cardenio Estos soles sobrehumanos,

por quien mi mal crece y mengua,

pusieron freno a mi lengua,

como esposas a mis manos. 2975

En los rayos de sus ojos

se despuntaban los míos,

y nunca mis desvaríos

llegaron a darla enojos.

Si me queréis castigar, 2980

primero advertid, señores,

que los yerros por amores

son dignos de perdonar.

D. [Antonio] En albricias, el perdón

te diera, mas ten aviso 2985

que el Pontífice no quiso

conceder dispensación

entre mi primo y mi hermana.

Marcela Casamientos de parientes

tienen mil inconvenientes. 2990

Clavijo El favor todo lo allana.

Yo iré a Roma, y la traeré.

D. Silvestre Yo, aunque primo verdadero,

ni quedarme en casa quiero,

ni poner en ella el pie: 2995

que la honra de mi prima

ha de ir contino adelante,

sin que haya otro estudiante

que la asombre o que la oprima.

Cristina ¿No ha de haber un casamiento 3000

en esta casa jamás?

Ocaña Tú, Cristina, le harás,

si te ajustas a mi intento.

Cristina Yo me ajusto al de Quiñones.

Quiñones Pues yo no me ajusto al tuyo. 3005

Cristina ¿Tú, para no ser mi cuyo,

hallas razón?

Quiñones Y razones.

Cristina Ocaña, si me deseas,

vesme aquí.

Ocaña No es mi linaje

tal, que lo que arroja un paje 3010

escoja yo, ni tal creas.

Torrente A no estar temiendo aquí

la penca de algún verdugo,

ese arrojado mendrugo

le tomara para mí. 3015

Cristina ¡Malos años y mal mes!

Torrente Acordársete debía,

facinorosa arpía,

del pañuelo y entremés.

Marcela Con licencia de mi hermano 3020

y de mi primo, yo quiero

sentenciar al escudero

y al gran embustero indiano.

Trocará la mano el juego

a cuyas leyes me arrimo: 3025

quedarse ha en casa mi primo,

y él se salga della luego.

Lleve su vergüenza a cuestas,

que es la venganza mayor

que puede tomar Amor 3030

de invenciones como aquéstas.

A Muñoz le doy la pena

que da el arrepentimiento

y el destierro.

Muñoz Yo bien siento

ser ángel el que condena. 3035

Mi alma no se alboroza

con sentencia que es tan pía,

pues ve que yo merecía

azotes, si no coroza.

Ocaña Bien haya la lacayuna 3040

humilde y valiente raza,

pues que traiciones no traza

para subir su fortuna.

Junto a la caballeriza,

y al olor de su caballo, 3045

con sus bríndez, siento y hallo

que sus gustos soleniza.

Cristina De Quiñones desechada,

y de Ocaña no escogida,

aún no he de quedar perdida, 3050

porque espero ser ganada.

Hace quien se desespera

un grandísimo pecado,

y es refrán muy bien pensado

que tal vendrá que tal quiera. 3055

Dorotea Yo sola soy sin ventura.

Es tan corto el hado mío,

que no ha alcanzado mi brío

lo que impide la hermosura.

Nunca he sido requebrada, 3060

ni sé amor a lo que sabe;

mas esto y mucho más cabe

en la ventura quebrada.

Torrente Siento en aqueste desastre

sólo el perder a Cristina. 3065

Muñoz Camina, Muñoz, camina,

pobre, sin bayeta y sastre.

Éntrase.

Dorotea Sin Marcela, don Antonio,

se entra amargo el corazón.

Éntrase.

D. Silvestre Y yo sin dispensación. 3070

Éntrase.

Cristina Cristina sin matrimonio.

Éntrase.

Clavijo Yo seguiré de mi amigo

los pasos, medio contento.

Éntrase.

D. Francisco Yo alabaré el pensamiento

de don Antonio, a quien sigo. 3075

Éntrase.

Marcela Yo quedaré en mi entereza,

no procurando imposibles,

sino casos convenibles

a nuestra naturaleza.

Éntrase.

Ocaña Esto en este cuento pasa: 3080

los unos por no querer,

los otros por no poder,

al fin ninguno se casa.

Desta verdad conocida

pido me den testimonio: 3085

que acaba sin matrimonio

la comedia Entretenida.

Éntrase.



Fin de la comedia