OBRAS COMPLETAS
DE
MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA
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NOVELAS EXEMPLARES
TOMO II
EDICION PUBLICADA POR
RODOLFO SCHEVILL
Profesor en la Universidad
de California (Berkeley).
y
ADOLFO BONILLA
Profesor en la Universidad
de Madrid.
MADRID
GRÁFICAS REUNIDAS, S. A
.
M. CM. XXIII
.
NOVELA de la Española inglessa.
| Entre los despojos que los inglesses lleuaron
|
| de la ciudad de Cadiz, Clotaldo, vn cauallero
|
| ingles, capitan de vna esquadra de nauios, lleuó
|
| a Londres vna niña de edad de siete años, poco
|
| mas o menos, y esto contra la voluntad y sabi-
| 5 |
| duria del conde de Leste, que con gran dili-
|
| gencia hizo buscar la niña para boluersela a
|
| sus padres, que ante el se quexaron de la falta
|
| de su hija, pidiendole que, pues se contentaua
|
| con las haziendas y dexaua libres las personas,
| 10 |
| no fuessen ellos tan desdichados que, ya que
|
| quedauan pobres, quedassen sin su hija, que
|
| era la lumbre de sus ojos y la mas hermosa
|
| criatura que auia en toda la ciudad. Mandó el
|
| conde echar vando por toda su armada, que,
| 15 |
| so pena de la vida, boluiesse la niña qualquie-
|
| ra que la tuuiesse; mas ningunas penas ni te-
|
| mores fueron bastantes a que Clotaldo la obe-
|
| deciesse, que la tenia escondida en su naue,
|
| aficionado, aunque christianamente, a la in-
| 20 |
| comparable hermosura de Ysabel, que assi se
|
| llamaua la niña. Finalmente, sus padres se que-
|
| daron sin ella, tristes y desconsolados, y Clo-
|
P.2
|
| 6 NOVELAS EXEMPLARES
|
|
| taldo, alegre sobre modo, llegó a Londres y en-
|
| tregó por riquissimo despojo a su muger a la
|
| hermosa niña.
|
| Quiso la buena suerte, que todos los de la
|
| casa de Clotaldo eran catholicos secretos, aun-
| 5 |
| que en lo publico mostrauan seguir la opinion
|
| de su reyna. Tenia Clotaldo vn hijo llamado
|
| Ricaredo, de edad de doze años, enseñado de
|
| sus padres a amar y temer a Dios, y a estar
|
| muy entero en las verdades de la fe catholica.
| 10 |
| Catalina, la muger de Clotaldo, noble chris-
|
| tiana y prudente señora, tomó tanto amor a
|
| Ysabel, que como si fuera su hija la criaua, re-
|
| galaua e industriaua; y la niña era de tan buen
|
| natural, que con facilidad aprendia todo quanto
| 15 |
| le enseñauan. Con el tiempo y con los regalos,
|
| fue oluidando los que sus padres verdaderos le
|
| auian hecho; pero no tanto que dexasse de
|
| acordarse y de suspirar por ellos muchas vezes;
|
| y, aunque yua aprendiendo la lengua inglessa,
| 20 |
| no perdia la española, porque Clotaldo tenia
|
| cuydado de traerle a casa, secretamente, espa-
|
| ñoles que hablassen con ella. Desta manera,
|
| sin oluidar la suya, como esta dicho, hablaua
|
| la lengua inglessa como si huuiera nacido en
| 25 |
| Londres.
|
| Despues de auerle enseñado todas las cosas
|
| de labor que puede y deue saber vna doncella
|
| bien nacida, la enseñaron a leer y escriuir mas
|
| que medianamente. Pero en lo que tuuo estre-
| 30 |
| mo, fue en tañer todos los instrumentos que a
|
P.3
LA ESPAÑ0LA INGLESSA 7
|
|
| vna muger son licitos, y esto con toda perfec-
|
| cion de musica, acompañandola con vna voz
|
| que le dio el cielo, tan estremada, que encan-
|
| taua quando cantaua.
|
| Todas estas gracias adqueridas y puestas
| 5 |
| sobre la natural suya, poco a poco fueron en-
|
| cendiendo el pecho de Ricaredo, a quien ella,
|
| como a hijo de su señor, queria y seruia; al
|
| principio le salteó amor con vn modo de agra-
|
| darse y complazerse de ver la sin ygual be-
| 10 |
| lleza de Ysabel y de considerar sus infinitas
|
| virtudes y gracias, amandola como si fuera su
|
| hermana, sin que sus desseos saliessen de los
|
| terminos honrados y virtuosos. Pero como fue
|
| creciendo Ysabel, que ya quando Ricaredo
| 15 |
| ardia tenia doze años, aquella beneuolencia
|
| primera y aquella complacencia y agrado de
|
| mirarla, se boluio en ardentissimos desseos de
|
| gozarla y de posseerla; no porque aspirasse a
|
| esto por otros medios que por los de ser su es-
| 20 |
| poso, pues de la incomparable honestidad de
|
| Ysabela, que assi la llamauan ellos, no se po-
|
| dia esperar otra cosa, ni aun el quisiera espe-
|
| rarla, aunque pudiera, porque la noble condi-
|
| cion suya, y la estimacion en que a Ysabela
| 25 |
| tenia, no consentian que ningun mal pensa-
|
| miento echasse rayzes en su alma.
|
| Mil vezes determinó manifestar su voluntad
|
| a sus padres, y otras tantas no aprouo su deter-
|
| minacion, porque el sabia que le tenian dedi-
| 30 |
P.4
8 NOVELAS EXEMPLARES
|
|
| cado para ser esposo de vna muy rica y princi-
|
| pal donzella escozessa, assimismo secreta chris-
|
| tiana como ellos; y estaua claro, segun el dezia,
|
| que no auian de querer dar a vna esclaua, si
|
| este nombre se podia dar a Ysabela, lo que ya
| 5 |
| tenian concertado de dar a vna señora; y assi,
|
| perplexo y pensatiuo, sin saber que camino
|
| tomar para venir al fin de su buen desseo, pas-
|
| saua vna vida tal, que le puso a punto de per-
|
| derla. Pero pareciendole ser gran cobardia de-
| 10 |
| xarse morir sin intentar algun genero de reme-
|
| dio a su dolencia, se animó y esforço a declarar
|
| su intento a Ysabela.
|
| Andauan todos los de casa tristes y alboro-
|
| tados por la enfermedad de Ricaredo, que de
| 15 |
| todos era querido, y de sus padres con el estre-
|
| mo possible, assi por no tener otro, como por-
|
| que lo merecia su mucha virtud y su gran valor
|
| y entendimiento; no le acertauan los medicos
|
| la enfermedad, ni el osaua ni queria descubrir-
| 20 |
| sela.
|
| En fin, puesto en romper por las dificultades
|
| que el se imaginaua, vn dia que entró Ysabela
|
| a seruirle, viendola sola, con desmayada voz y
|
| lengua turbada, le dixo: "Hermosa Ysabela, tu
| 25 |
| valor, tu mucha virtud y grande hermosura, me
|
| tienen como me vees; si no quieres que dexe
|
| la vida en manos de las mayores penas que pue-
|
| den imaginarse, responda el tuyo a mi buen
|
| desseo, que no es otro que el de recebirte por
| 30 |
| mi esposa a hurto de mis padres, de los quales
|
|
|
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LA ESPAÑOLA INGLESSA 9
|
|
| temo que, por no conocer lo que yo conozco
|
| que mereces, me han de negar el bien que tanto
|
| me importa. Si me das la palabra de ser mia,
|
| yo te la doy desde luego como verdadero y ca-
|
| tolico christiano de ser tuyo, que, puesto que no
| 5 |
| llegue a gozarte, como no llegaré, hasta que
|
| con bendicion de la Yglesia y de mis padres
|
| sea, aquel imaginar que con seguridad eres
|
| mia, sera bastante a darme salud y a mante-
|
| nerme alegre y contento, hasta que llegue el
| 10 |
| felize punto que desseo."
|
| En tanto que esto dixo Ricaredo, estuuo es-
|
| cuchandole Ysabela los ojos baxos, mostrando
|
| en aquel punto que su honestidad se ygualaua
|
| a su hermosura, y a su mucha discrecion su
| 15 |
| recato.
|
| Y assi, viendo que Ricaredo callaua, honesta,
|
| hermosa y discreta, le respondio desta suerte:
|
| "Despues que quiso el rigor o la clemencia
|
| del cielo, que no se a qual destos estremos lo
| 20 |
| atribuya, quitarme a mis padres, señor Ricare-
|
| do, y darme a los vuestros, agradecida a las
|
| infinitas mercedes que me han hecho, determi-
|
| né que jamas mi voluntad saliesse de la suya;
|
| y assi sin ella tendria, no por buena, sino por
| 25 |
| mala fortuna la inestimable merced que que-
|
| reys hazerme. Si con su sabiduria fuere yo tan
|
| venturosa que os merezca, desde aqui os ofrez-
|
| co la voluntad que ellos me dieren, y en tanto
|
| que esto se dilatare, o no fuere, entretengan
| 30 |
| vuestros desseos saber que los mios seran eter-
|
|
|
P.6
10 NOVELAS EXEMPLARES
|
|
| nos y limpios en dessearos el bien que el cielo
|
| puede daros."
|
| Aqui puso silencio Ysabela a sus honestas y
|
| discretas razones, y alli començo la salud de
|
| Ricaredo, y començaron a reuiuir las esperan-
| 5 |
| ças de sus padres, que en su enfermedad muer-
|
| tas estauan.
|
| Despidieronse los dos cortesmente, el con
|
| lagrimas en los ojos, ella con admiracion en el
|
| alma, de ver tan rendida a su amor la de Rica-
| 10 |
| redo, el qual, leuantado del lecho, al parecer de
|
| sus padres por milagro, no quiso tenerles mas
|
| tiempo ocultos sus pensamientos, y assi vn dia
|
| se los manifesto a su madre, diziendole en el
|
| fin de su platica, que fue larga, que si no le
| 15 |
| casauan con Ysabela, que el negarsela y darle
|
| la muerte era todo vna misma cosa.
|
| Con tales razones, con tales encarecimientos
|
| subio al cielo las virtudes de Ysabela Ricaredo,
|
| que le parecio a su madre que Ysabela era la
| 20 |
| engañada en lleuar a su hijo por esposo. Dio
|
| buenas esperanças a su hijo de disponer a su
|
| padre a que con gusto viniesse en lo que ya
|
| ella tambien venia; y assi fue, que diziendo a
|
| su marido las mismas razones que a ella auia
| 25 |
| dicho su hijo, con facilidad le mouio a querer
|
| lo que tanto su hijo desseaua, fabricando escu-
|
| sas que impidiessen el casamiento que casi te-
|
| nia concertado con la donzella de Escocia.
|
| A esta sazon tenia Ysabela catorze y Ricare-
| 30 |
| do veynte años, y en esta tan verde y tan flo-
|
| rida edad, su mucha discrecion y conocida
|
P.7
LA ESPAÑ0LA INGLESSA 11
|
|
| prudencia los hazia ancianos. Quatro dias falta-
|
| uan para llegarse aquel en el qual sus padres
|
| de Ricaredo querian que su hijo inclinasse el
|
| cuello al yugo santo del matrimonio, teniendo-
|
| se por prudentes y dichosissimos de auer esco-
| 5 |
| gido a su prissionera por su hija, teniendo en
|
| mas la dote de sus virtudes que la mucha ri-
|
| queza que con la escozessa se les ofrecia; las
|
| galas estauan ya a punto, los parientes y los
|
| amigos conbidados, y no faltaua otra cosa sino
| 10 |
| hazer a la reyna sabidora de aquel concierto,
|
| porque, sin su voluntad y consentimiento, entre
|
| los de illustre sangre no se efetua casamiento
|
| alguno; pero no dudaron de la licencia, y assi
|
| se detuuieron en pedirla.
| 15 |
| Digo, pues, que estando todo en este estado,
|
| quando faltauan los quatro dias hasta el de la
|
| boda, vna tarde turbó todo su regozijo vn mi-
|
| nistro de la reyna, que dio vn recaudo a Clotal-
|
| do que su Magestad mandaua, que otro dia por
| 20 |
| la mañana lleuassen a su presencia a su prissio-
|
| nera la española de Cadiz.
|
| Respondiole Clotaldo que de muy buena gana
|
| haria lo que su Magestad le mandaua. Fuese
|
| el ministro, y dexó llenos los pechos de to-
| 25 |
| dos de turbacion, de sobresalto y miedo.
|
| "¡Ay!", dezia la señora Catalina, "¡si sabe la
|
| reyna que yo he criado a esta niña a la ca-
|
| tholica, y de aqui viene a inferir que todos los
|
P.8
12 NOVELAS EXEMPLARES
|
|
| desta casa somos christianos!; pues si la reyna
|
| le pregunta que es lo que ha aprendido en
|
| ocho años que ha que es prissionera, ¿que ha de
|
| responder la cuytada que no nos condene, por
|
| mas discrecion que tenga?"
| 5 |
| Oyendo lo qual Ysabela, le dixo: "No le de
|
| pena alguna, señora mia, esse temor, que yo
|
| confio en el cielo que me ha de dar palabras
|
| en aquel instante, por su diuina misericordia,
|
| que no solo no os condenen, sino que redun-
| 10 |
| den en prouecho vuestro."
|
| Temblaua Ricaredo, casi como adiuino de al-
|
| gun mal sucesso. Clotaldo buscaua modos que
|
| pudiessen dar animo a su mucho temor, y no
|
| los hallaua sino en la mucha confiança que en
| 15 |
| Dios tenia y en la prudencia de Ysabela, a
|
| quien encomendo mucho que, por todas las
|
| vias que pudiesse, escusasse el condenallos,
|
| por catholicos, que, puesto que estauan prom-
|
| ptos con el espiritu a recebir martirio, todavia
| 20 |
| la carne enferma rehusaua su amarga carrera.
|
| Vna y muchas vezes les asseguró Ysabela
|
| estuuiessen seguros que por su causa no suce-
|
| deria lo que temian y sospechauan. Porque
|
| aunque ella entonces no sabia lo que auia de
| 25 |
| responder a las preguntas que en tal caso le
|
| hiziessen, tenia tan viua y cierta esperança que
|
| auia de responder de modo que, como otra vez
|
P.9
LA ESPAÑ0LA INGLESSA 13
|
|
| auia dicho, sus respuestas les siruiessen de
|
| abono.
|
| Discurrieron aquella noche en muchas cosas,
|
| especialmente en que, si la reyna supiera que
|
| eran catholicos, no les embiara recaudo tan
| 5 |
| manso, por donde se podia inferir que solo que-
|
| rria ver a Ysabela, cuya sin ygual hermosura y
|
| habilidades auria llegado a sus oydos, como a
|
| todos los de la ciudad; pero ya en no auersela
|
| presentado se hallauan culpados, de la qual
| 10 |
| culpa hallaron seria bien disculparse con de-
|
| zir que, desde el punto que entró en su poder, la
|
| escogieron y señalaron para esposa de su hijo
|
| Ricaredo. Pero tambien en esto se culpauan,
|
| por auer hecho el casamiento sin licencia de la
| 15 |
| reyna, aunque esta culpa no les parecio digna
|
| de gran castigo.
|
| Con esto se consolaron, y acordaron que
|
| Ysabela no fuesse vestida humildemente como
|
| prissionera, sino como esposa, pues ya lo era de
| 20 |
| tan principal esposo como su hijo. Resueltos
|
| en esto, otro dia vistieron a Ysabela a la es-
|
| pañola, con vna saya entera de raso verde, acu-
|
| chillada y forrada en rica tela de oro, toma-
|
| das las cuchilladas con vnas eses de perlas, y
| 25 |
| toda ella bordada de riquissimas perlas; collar y
|
| cintura de diamantes, y con auanico, a modo
|
| de las señoras damas españolas; sus mismos
|
| cabellos, que eran muchos, rubios y largos, en-
|
| tretegidos y sembrados de diamantes y perlas,
| 30 |
P.10
14 NOVELAS EXEMPLARES
|
|
| le siruian de tocado. Con este adorno riquis-
|
| simo, y con su gallarda disposicion y milagrosa
|
| belleza, se mostro aquel dia a Londres sobre
|
| vna hermosa carroça, lleuando colgados de su
|
| vista las almas y los ojos de quantos la mira-
| 5 |
| uan. Yuan con ella Clotaldo y su muger y Ri-
|
| caredo en la carroça, y a cauallo muchos illus-
|
| tres parientes suyos. Toda esta honra quiso
|
| hazer Clotaldo a su prissionera, por obligar a la
|
| reyna la tratasse como a esposa de su hijo.
| 10 |
| Llegados, pues, a palacio y a vna gran sala
|
| donde la reyna estaua, entró por ella Ysabela,
|
| dando de si la mas hermosa muestra que pudo
|
| caber en vna imaginacion. Era la sala grande
|
| y espaciosa, y a dos pasos se quedó el acom-
| 15 |
| pañamiento, y se adelantó Ysabela, y, como
|
| quedó sola, parecio lo mismo que parece la es-
|
| trella o exalacion que por la region del fuego
|
| en serena y sossegada noche suele mouerse, o
|
| bien ansi como rayo del sol, que, al salir del
| 20 |
| dia, por entre dos montañas se descubre.
|
| Todo esto parecio, y aun cometa, que pro-
|
| nosticó el incendio de mas de vn alma de los
|
| que alli estauan, a quien amor abrasó con los
|
| rayos de los hermosos soles de Ysabela, la qual,
| 25 |
| llena de humildad y cortesia, se fue a poner de
|
| hinojos ante la reyna, y en lengua inglessa le
|
| dixo: "De vuestra Magestad las manos a esta
|
| su sierua, que desde oy mas se tendra por se-
|
P.11
LA ESPAÑOLA INGLESSA 15
|
|
| ñora, pues ha sido tan venturosa que ha llegado
|
| a ver la grandeza vuestra."
|
| Estuuola la reyna mirando por vn buen es-
|
| pacio sin hablarle palabra, pareciendole, como
|
| despues dixo a su camarera, que tenia delante
| 5 |
| un cielo estrellado, cuyas estrellas eran las mu-
|
| chas perlas y diamantes que Ysabela traia; su
|
| bello rostro y sus ojos el sol y la luna, y toda
|
| ella una nueua marauilla de hermosura.
|
| Las damas que estauan con la reyna, quisie-
| 10 |
| ran hazerse todas ojos, porque no les quedasse
|
| cosa por mirar en Ysabela. Qual alabaua
|
| la viueza de sus ojos, qual la color del rostro,
|
| qual la gallardia del cuerpo, y qual la dulçura
|
| de la habla, y tal huuo que, de pura embidia,
| 15 |
| dixo: "Buena es la española, pero no me con-
|
| tenta el trage."
|
| Despues que passó algun tanto la suspension
|
| de la reyna, haziendo leuantar a Ysabela, le
|
| dixo: "Habladme en español, donzella, que yo
| 20 |
| le entiendo bien y gustaré dello", y boluien-
|
| dose a Clotaldo, dixo: "Clotaldo, agrauio me
|
| aueys hecho en tenerme este tesoro tantos años
|
| ha encubierto, mas el es tal, que os aya mouido
|
| a codicia; obligado estays a restituyrmele, por-
| 25 |
| que de derecho es mio".
|
| "Señora", respondio Clotaldo, "mucha ver-
|
| dad es lo que V. Magestad dize; confiesso mi
|
| culpa, si lo es, auer guardado este tesoro a que
|
| estuuiesse en la perfeccion que conuenia para
| 30 |
| parecer ante los ojos de V. M., y aora que lo
|
|
|
P.12
16 NOVELAS EXEMPLARES
|
|
| esta, pensaua traerle mejorado, pidiendo licen-
|
| cia a V. M. para que Ysabela fuesse esposa de
|
| mi hijo Ricaredo, y daros, alta Magestad, en
|
| los dos todo quanto puedo daros."
|
| "Hasta el nombre me contenta", respondio
| 5 |
| la reyna, "no le faltaua mas sino llamarse Ysa-
|
| bela la Española, para que no me quedasse
|
| nada de perfeccion que dessear en ella. Pero
|
| aduertid, Clotaldo, que se que sin mi licencia
|
| la teniades prometida a vuestro hijo."
| 10 |
| "Assi es verdad, señora," respondio Clotal-
|
| do, pero fue en confiança que los muchos y
|
| releuados seruicios que yo y mis passados te-
|
| nemos hechos a esta corona, alcançarian de
|
| V. M. otras mercedes mas dificultosas que las
| 15 |
| desta licencia, quanto mas, que aun no esta
|
| desposado mi hijo."
|
| "Ni lo estara", dixo la reyna, "con Ysabela,
|
| hasta que por si mismo lo merezca; quiero de-
|
| zir, que no quiero que para esto le aprouechen
| 20 |
| vuestros seruicios, ni de sus passados; el por si
|
| mismo se ha de disponer a seruirme, y a mere-
|
| cer por si esta prenda, que ya la estimo como
|
| si fuesse mi hija."
|
| Apenas oyo esta vltima palabra Ysabela,
| 25 |
| quando se boluio a hincar de rodillas ante la
|
| reyna, diziendole en lengua castellana: "Las
|
| desgracias que tales descuentos traen, serenis-
|
| sima señora, antes se han de tener por dichas,
|
| que por desuenturas; ya V. M. me ha dado
| 30 |
| nombre de hija; sobre tal prenda, ¿que males
|
| podre temer, o que bienes no podre esperar?"
|
P.13
LA ESPAÑOLA INGLESSA 17
|
|
| Con tanta gracia y donayre dezia quanto de-
|
| zia Ysabela, que la reyna se le aficionó en es-
|
| tremo, y mandó que se quedasse en su seruicio,
|
| y se la entregó a vna gran señora, su camarera
|
| mayor, para que la enseñasse el modo de vi-
| 5 |
| uir suyo.
|
| Ricaredo, que se vio quitar la vida, en quitar-
|
| le a Ysabela, estuuo a pique de perder el juy-
|
| zio; y assi, temblando, y con sobresalto, se fue
|
| a poner de rodillas ante la reyna, a quien dixo:
| 10 |
| "Para seruir yo a V. Magestad, no es menester
|
| incitarme con otros premios que con aquellos
|
| que mis padres y mis passados han alcançado,
|
| por auer seruido a sus reyes. Pero pues V. Ma-
|
| gestad gusta que yo la sirua con nueuos des-
| 15 |
| seos y pretensiones, querria saber en que modo
|
| y en que exercicio podre mostrar que cum-
|
| plo con la obligacion en que V. Magestad me
|
| pone."
|
| "Dos nauios," respondio la reyna, "estan para
| 20 |
| partirse en corso, de los quales he hecho gene-
|
| ral al varon de Lansac; del vno dellos os hago
|
| a vos capitan, porque la sangre de do venis me
|
| assegura que ha de suplir la falta de vuestros
|
| años; y aduertid a la merced que os hago, pues
| 25 |
| os doy ocasion en ella, a que, correspondiendo
|
| a quien soys, siruiendo a vuestra reyna, mos-
|
| treys el valor de vuestro ingenio y de vuestra
|
| persona, y alcanceys el mejor premio que a mi
|
| parecer vos mismo podeys acertar a dessearos;
| 30 |
| yo misma os sere guarda de Ysabela, aunque
|
| ella da muestras que su honestidad sera su mas
|
|
|
P.14
18 NOVELAS EXEMPLARES
|
|
| verdadera guarda. Yd con Dios, que, pues vays
|
| enamorado, como imagino, grandes cosas me
|
| prometo de vuestras hazañas; felize fuera el rey
|
| batallador que tuuiera en su exercito diez mil
|
| soldados amantes, que esperaran que el premio
| 5 |
| de sus vitorias auia de ser gozar de sus amadas.
|
| Leuantaos, Ricaredo, y mirad, si teneys, o que-
|
| reys dezir algo a Ysabela, porque mañana ha
|
| de ser vuestra partida."
|
| Besó las manos Ricaredo a la reyna, estiman-
| 10 |
| do en mucho la merced que le hazia, y luego
|
| se fue a hincar de rodillas ante Ysabela, y que-
|
| riendola hablar no pudo, porque se le puso vn
|
| nudo en la garganta, que le ató la lengua, y
|
| las lagrimas acudieron a los ojos, y el acudio a
| 15 |
| dissimularlas lo mas que le fue possible; pero,
|
| con todo esto, no se pudieron encubrir a los
|
| ojos de la reyna, pues dixo: "No os afrenteys,
|
| Ricaredo, de llorar, ni os tengays en menos,
|
| por auer dado en este tranze tan tiernas mues-
| 20 |
| tras de vuestro coraçon, que vna cosa es pelear
|
| con los enemigos, y otra despedirse de quien
|
| bien se quiere. Abraçad, Ysabela, a Ricaredo,
|
| y dadle vuestra bendicion, que bien lo merece
|
| su sentimiento."
| 25 |
| Ysabela, que estaua suspensa y atonita, de
|
| ver la humildad y dolor de Ricaredo, que como
|
| a su esposo le amaua, no entendio lo que la
|
| reyna le mandaua, antes començo a derramar
|
| lagrimas tan sin pensar lo que hazia, y tan ses-
| 30 |
| ga, y tan sin mouimiento alguno, que no pare-
|
|
|
P.15
LA ESPAÑOLA INGLESSA 19
|
|
| cia sino que lloraua vna estatua de alabastro.
|
| Estos afectos de los dos amantes, tan tiernos y
|
| tan enamorados, hizieron verter lagrimas a mu-
|
| chos de los circunstantes, y, sin hablar mas pa-
|
| labra Ricaredo, y sin le auer hablado alguna a
| 5 |
| Ysabela, haziendo Clotaldo y los que con el
|
| venian reuerencia a la reyna, se salieron de la
|
| sala, llenos de compassion, de despecho y de
|
| lagrimas.
|
| Quedó Ysabela como huerfana que acaba
| 10 |
| de enterrar sus padres y con temor que la nue-
|
| ua señora quisiesse que mudasse las costum-
|
| bres en que la primera la auia criado. En fin
|
| se quedó, y de alli a dos dias Ricaredo se hizo
|
| a la vela, combatido, entre otros muchos, de
| 15 |
| dos pensamientos, que le tenian fuera de si.
|
| Era el vno, considerar que le conuenia hazer
|
| hazañas que le hiziessen merecedor de Ysabe-
|
| la, y el otro, que no podia hazer ninguna, si
|
| auia de responder a su catholico intento, que le
| 20 |
| impedia no desembaynar la espada contra ca-
|
| tholicos; y si no la desembaynaua, auia de ser
|
| notado de christiano o de cobarde, y todo esto
|
| redundaua en perjuyzio de su vida, y en obs-
|
| taculo de su pretension. Pero, en fin, determinó
| 25 |
| de posponer al gusto de enamorado el que te-
|
| nia de ser catholico, y en su coraçon pedia al
|
| cielo le deparasse ocasiones, donde, con ser va-
|
| liente, cumpliesse con ser christiano, dexando a
|
| su reyna satisfecha, y a Ysabela merecida.
| 30 |
| Seys dias nauegaron los dos nauios con pros-
|
|
|
P.16
20 NOVELAS EXEMPLARES
|
|
| pero viento, siguiendo la derrota de las islas
|
| Terceras, parage donde nunca faltan, o naues
|
| portuguessas de las Indias Orientales, o algu-
|
| nas derrotadas de las Occidentales. Y al cabo
|
| de los seys dias, les dio de costado vn rezijssi-
| 5 |
| mo viento, que en el mar Oceano tiene otro
|
| nombre que en el Mediterraneo, donde se llama
|
| Mediodia, el qual viento fue tan durable y tan
|
| rezio, que sin dexarles tomar las islas, les fue
|
| forçoso correr a España, y junto a su costa, a la
| 10 |
| boca del estrecho de Gibraltar, descubrieron tres
|
| nauios, vno poderoso y grande, y los dos pe-
|
| queños; arribó la naue de Ricaredo a su capi-
|
| tan, para saber de su general si queria em-
|
| bestir a los tres nauios que se descubrian, y an-
| 15 |
| tes que a ella llegasse, vio poner sobre la gauia
|
| mayor vn estandarte negro, y llegandose mas
|
| cerca, oyo que tocauan en la naue clarines y
|
| trompetas roncas, señales claras, o que el ge-
|
| neral era muerto, o alguna otra principal per-
| 20 |
| sona de la naue. Con este sobresalto, llegaron
|
| a poderse hablar, que no lo auian hecho des-
|
| pues que salieron del puerto. Dieron vozes de
|
| la naue capitana, diziendo que el capitan Rica-
|
| redo passasse a ella, porque el general la noche
| 25 |
| antes auia muerto de vna apoplegia. Todos se
|
| entristecieron, si no fue Ricaredo, que le ale-
|
| gró, no por el daño de su general, sino por ver
|
| que quedaua el libre para mandar en los dos
|
P.17
LA ESPAÑOLA INGLESSA 21
|
|
| nauios, que assi fue la orden de la reyna, que,
|
| faltando el general, lo fuesse Ricaredo, el qual
|
| con presteza se passó a la capitana, donde halló
|
| que vnos llorauan por el general muerto, y
|
| otros se alegrauan con el viuo; finalmente, los
| 5 |
| vnos y los otros, le dieron luego la obedien-
|
| cia, y le aclamaron por su general con breues
|
| ceremonias, no dando lugar a otra cosa dos de
|
| los tres nauios, que auian descubierto, los qua-
|
| les, desuiandose del grande, a las dos naues se
| 10 |
| venian.
|
| Luego conocieron ser galeras, y turques-
|
| cas, por las medias lunas que en las vanderas
|
| traian, de que recibio gran gusto Ricaredo, pa-
|
| reciendole que aquella pressa, si el cielo se la
| 15 |
| concediesse, seria de consideracion, sin auer
|
| ofendido a ningun catholico. Las dos galeras
|
| turquescas llegaron a reconocer los nauios
|
| inglesses, los quales no traian insignias de In-
|
| glaterra, sino de España, por desmentir a quien
| 20 |
| llegasse a reconocellos, y no los tuuiesse por
|
| nauios de cosarios. Creyeron los turcos ser
|
| naues derrotadas de las Indias, y que con faci-
|
| lidad las rendirian.
|
| Fueronse entrando poco a poco, y de indus-
| 25 |
| tria los dexó llegar Ricaredo, hasta tenerlos a
|
| gusto de su artilleria, la qual mandó disparar
|
| a tan buen tiempo, que con cinco valas dio en
|
| la mitad de vna de las galeras, con tanta furia,
|
| que la abrio por medio toda; dio luego a la van-
| 30 |
| da, y començó a yrse a pique, sin poderse re-
|
|
|
P.18
22 NOVELAS EXEMPLARES
|
|
| mediar. La otra galera, viendo tan mal sucesso,
|
| con mucha priessa le dio cabo, y le lleuó a po-
|
| ner debaxo del costado del gran nauio. Pero
|
| Ricaredo, que tenia los suyos prestos y ligeros,
|
| y que salian y entrauan, como si tuuieran re-
| 5 |
| mos, mandando cargar de nueuo toda la arti-
|
| lleria, los fue siguiendo hasta la naue, llouien-
|
| do sobre ellos infinidad de valas.
|
| Los de la galera abierta, assi como llegaron
|
| a la naue, la desampararon, y con priessa y
| 10 |
| celeridad procurauan acogerse a la naue. Lo
|
| qual visto por Ricaredo, y que la galera sana
|
| se ocupaua con la rendida, cargó sobre ella con
|
| sus dos nauios, y sin dexarla rodear ni valerse
|
| de los remos, la puso en estrecho, que los tur-
| 15 |
| cos se aprouecharon ansimismo del refugio
|
| de acogerse a la naue, no para defenderse en
|
| ella, sino por escapar las vidas por entonces.
|
| Los christianos, de quien venian armadas las
|
| galeras, arrancando las branças, y rompiendo
| 20 |
| las cadenas, mezclados con los turcos, tambien
|
| se acogieron a la naue, y como yuan subien-
|
| do por su costado, con la arcabuzeria de los
|
| nauios, los yuan tirando como a blanco a los
|
| turcos no mas, que a los christianos mandó Ri-
| 25 |
| caredo que nadie los tirasse. Desta manera casi
|
| todos los mas turcos fueron muertos, y los que
|
| en la naue entraron, por los christianos, que con
|
| ellos se mezclaron, aprouechandose de sus mis-
|
| mas armas, fueron hechos pedaços; que la fuerça
| 30 |
P.19
LA ESPAÑOLA INGLESSA 23
|
|
| de los valientes, quando caen, se passa a la fla-
|
| queza de los que se leuantan. Y assi, con el ca-
|
| lor que les daua a los christianos, pensar
|
| que los nauios inglesses eran españoles, hizie-
|
| ron por su libertad marauillas. Finalmente,
| 5 |
| auiendo muerto casi todos los turcos, algunos
|
| españoles se pusieron a borde del nauio, y a
|
| grandes vozes llamaron a los que pensauan ser
|
| españoles, entrassen a gozar el premio del ven-
|
| cimiento.
| 10 |
| Preguntoles Ricaredo en español, que que
|
| nauio era aquel.
|
| Respondieronle que era vna naue que venia
|
| de la India de Portugal, cargada de especeria,
|
| y con tantas perlas y diamantes, que valia mas
| 15 |
| de vn millon de oro, y que con tormenta auia
|
| arribado a aquella parte, toda destruyda y sin
|
| artilleria, por auerla echado a la mar, la gente
|
| enferma y casi muerta de sed y de hambre; y
|
| que aquellas dos galeras, que eran del cosario
| 20 |
| Arnautemami, el dia antes la auian rendido,
|
| sin auerse puesto en defensa, y que, a lo que
|
| auian oydo dezir, por no poder passar tanta
|
| riqueza a sus dos baxeles, la lleuauan a jorro,
|
| para meterla en el rio de Larache, que estaua
| 25 |
| alli cerca.
|
| Ricaredo les respondio, que si ellos pensa-
|
| uan que aquellos dos nauios eran españoles,
|
| se engañauan, que no eran sino de la señora
|
| reyna de Inglaterra, cuya nueua dio que pen-
| 30 |
| sar y que temer a los que la oyeron, pensando,
|
| como era razon que pensassen, que de vn lazo
|
P.20
24 NOVELAS EXEMPLARES
|
|
| auian caydo en otro. Pero Ricaredo les dixo
|
| que no temiessen algun daño, y que estuuies-
|
| sen ciertos de su libertad, con tal que no se pu-
|
| siessen en defensa.
|
| "Ni es possible ponernos en ella," respon-
| 5 |
| dieron, "porque, como se ha dicho, este nauio
|
| no tiene artilleria, ni nosotros armas; assi que
|
| nos es forçoso acudir a la gentileza y liberali-
|
| dad de vuestro general. Pues sera justo, que
|
| quien nos ha librado del insufrible cautiuerio
| 10 |
| de los turcos, lleue adelante tan gran merced
|
| y beneficio, pues le podra hazer famoso en to-
|
| das las partes, que seran infinitas, donde llega-
|
| re la nueua desta memorable vitoria, y de su
|
| liberalidad, mas de nosotros esperada que te-
| 15 |
| mida."
|
| No le parecieron mal a Ricaredo las razones
|
| del español; y llamando a consejo los de su
|
| nauio, les preguntó, como haria para embiar
|
| todos los christianos a España, sin ponerse a
| 20 |
| peligro de algun siniestro sucesso, si el ser tan-
|
| tos les daua animo para leuantarse.
|
| Pareceres huuo, que los hiziesse passar vno
|
| a vno a su nauio; y assi como fuessen entrando,
|
| debaxo de cubierta matarle, y desta manera
| 25 |
| matarlos a todos, y lleuar la gran naue a Lon-
|
| dres, sin temor ni cuydado alguno.
|
| A esto respondio Ricaredo: "Pues que Dios
|
| nos ha hecho tan gran merced, en darnos tanta
|
| riqueza, no quiero corresponderle con animo
| 30 |
| cruel y desagradezido, ni es bien que, lo que
|
P.21
LA ESPAÑOLA INGLESSA 25
|
|
| puedo remediar con la industria, lo remedie con
|
| la espada; y assi soy de parecer que ningun
|
| christiano catholico muera, no porque los quie-
|
| ro bien, sino porque me quiero a mi muy bien,
|
| y querria que esta hazaña de oy, ni a mi ni
| 5 |
| a vosotros, que en ella me aueys sido compa-
|
| ñeros, nos diesse mezclado con el nombre de
|
| valientes el nombre de crueles, porque nun-
|
| ca dixo bien la crueldad con la valentia. Lo
|
| que se ha de hazer es, que toda la artilleria
| 10 |
| de vn nauio destos se ha de passar a la gran
|
| naue portuguessa, sin dexar en el nauio otras
|
| armas, ni otra cosa mas del bastimento; y no
|
| lexando la naue de nuestra gente, la lleuare-
|
| mos a Inglaterra, y los españoles se yran a
| 15 |
| España."
|
| Nadie osó contradezir lo que Ricaredo auia
|
| propuesto, y algunos le tuuieron por valiente
|
| y magnanimo, y de buen entendimiento; otros
|
| le juzgaron en sus coraçones por mas catholi-
| 20 |
| co que deuia. Resuelto pues en esto Ricaredo,
|
| passó con cinquenta arcabuzeros a la naue
|
| portuguessa, todos alerta, y con las cuerdas
|
| encendidas; halló en la naue casi trezientas
|
| personas, de las que auian escapado de las ga-
| 25 |
| leras. Pidio luego el registro de la naue, y res-
|
| pondiole aquel mismo, que desde el borde le
|
| habló la vez primera, que el registro le auia
|
| tomado el cosario de los baxeles, que con ellos
|
| se auia ahogado. Al instante puso el torno en
| 30 |
| orden, y acostando su segundo baxel a la gran
|
| naue, con marauillosa presteza, y con fuerça de
|
P.22
26 NOVELAS EXEMPLARES
|
|
| fortissimos cabestrantes, passaron la ar-
|
| tilleria del pequeño baxel a la mayor naue.
|
| Luego, haziendo vna breue platica a los chris-
|
| tianos, les mandó passar al baxel desembara-
|
| çado, donde hallaron bastimento en abundan-
| 5 |
| cia, para mas de vn mes, y para mas gente; y
|
| assi como se yuan embarcando, dio a cada vno
|
| quatro escudos de oro españoles, que hizo
|
| traer de su nauio, para remediar en parte su
|
| necessidad, quando llegassen a tierra, que esta-
| 10 |
| ua tan cerca, que las altas montañas de Auila
|
| y Calpe desde alli se parecian.
|
| Todos le dieron infinitas gracias por la mer-
|
| ced que les hazia; y el vltimo que se yua a em-
|
| barcar, fue aquel que por los demas auia
| 15 |
| hablado, el qual le dixo: "Por mas ventura tu-
|
| iera, valeroso cauallero, que me lleuaras con-
|
| tigo a Inglaterra, que no que me embiaras a
|
| España, porque aunque es mi patria, y no aura
|
| sino seys dias que della parti, no he de hallar
| 20 |
| en ella otra cosa, que no sea de ocasiones de
|
| tristezas y soledades mias. Sabras, señor, que
|
| en la perdida de Cadiz, que sucedio aura quin-
|
| ze años, perdi vna hija, que los inglesses de-
|
| uieron de lleuar a Inglaterra, y con ella perdi
| 25 |
| el descanso de mi vejez y la luz de mis ojos,
|
| que, despues que no la vieron, nunca han visto
|
| cosa que de su gusto sea. El graue descontento
|
| en que me dexó su perdida, y la de la hazien-
|
| da, que tambien me faltó, me pusieron de ma-
| 30 |
|
|
|
|
P.23
LA ESPAÑOLA INGLESSA 27
|
|
| nera, que ni mas quise, ni mas pude exercitar la
|
| mercancia, cuyo trato me auia puesto en opi-
|
| nion de ser el mas rico mercader de toda la
|
| ciudad. Y assi era la verdad, pues fuera del
|
| credito, que passaua de muchos centenares de
| 5 |
| millares de escudos, valia mi hazienda dentro
|
| de las puertas de mi casa mas de cinquenta
|
| mil ducados. Todo lo perdi, y no huuiera perdi-
|
| do nada, como no huuiera perdido a mi hija.
|
| Tras esta general desgracia, y tan particular
| 10 |
| mia, acudio la necessidad a fatigarme, hasta
|
| tanto que, no pudiendola resistir, mi muger, y
|
| yo, que es aquella triste que alli esta sentada,
|
| determinamos yrnos a las Indias, comun refu-
|
| gio de los pobres generosos, y auiendonos em-
| 15 |
| barcado en vn nauio de auiso seys dias ha, a
|
| la salida de Cadiz dieron con el nauio estos dos
|
| baxeles de cosarios, y nos cautiuaron, donde
|
| se renouo nuestra desgracia, y se confirmó
|
| nuestra desuentura, y fuera mayor, si los cosa-
| 20 |
| rios no huuieran tomado aquella naue portu-
|
| guessa, que los entretuuo, hasta auer sucedido
|
| lo que el auia visto."
|
| Preguntole Ricaredo como se llamaua su
|
| hija. Respondiole que Ysabel.
| 25 |
| Con esto acabó de confirmarse Ricaredo en
|
| lo que ya auia sospechado, que era que el que
|
| se lo contaua era el padre de su querida Ysa-
|
| bela; y sin darle algunas nueuas della, le dixo
|
| que de muy buena gana lleuaria a el y a su
| 30 |
| muger a Londres, donde podria ser hallassen
|
|
|
|
|
P.24
28 NOVELAS EXEMPLARES
|
|
| nueuas de la que desseauan. Hizolos passar
|
| luego a su capitana, poniendo marineros y guar-
|
| das bastantes en la nao portuguessa. Aquella
|
| noche alçaron velas y se dieron priessa a apar-
|
| tarse de las costas de España, porque el nauio
| 5 |
| de los cautiuos libres--entre los quales tam-
|
| bien yuan hasta veynte turcos, a quien tambien
|
| Ricaredo dio libertad, por mostrar que mas por
|
| su buena condicion y generoso animo se mos-
|
| traua liberal, que por forçarle amor que a los
| 10 |
| catholicos tuuiesse--rogo a los españoles que,
|
| en la primera ocasion que se ofreciesse, dies-
|
| sen entera libertad a los turcos, que ansi mis-
|
| mo se le mostraron agradecidos.
|
| El viento, que daua señales de ser prospero
| 15 |
| y largo, començo a calmar vn tanto, cuya cal-
|
| ma leuantó gran tormenta de temor en los in-
|
| glesses, que culpauan a Ricaredo y a su libera-
|
| lidad, diziendole que los libres podian dar auiso
|
| en España de aquel sucesso, y que si acaso
| 20 |
| auia galeones de armada en el puerto, podian
|
| salir en su busca y ponerlos en aprieto y en ter-
|
| mino de perderse.
|
| Bien conocia Ricaredo que tenian razon; pero
|
| venciendolos a todos con buenas razones, los
| 25 |
| sossego; pero mas los quietó el viento, que bol-
|
| uio a refrescar de modo, que, dandole todas las
|
| velas, sin tener necessidad de amaynallas ni aun
|
| de templallas, dentro de nueue dias se hallaron
|
| a la vista de Londres, y, quando en el vitoriosos
| 30 |
|
|
|
|
P.25
LA ESPAÑOLA INGLESSA 29
|
|
| boluieron, auria treynta que del faltauan. No
|
| quiso Ricaredo entrar en el puerto con muestras
|
| de alegria, por la muerte de su general; y assi
|
| mezcló las señales alegres con las tristes; vnas
|
| vezes sonauan clarines regozijados, otras trom-
| 5 |
| petas roncas; vnas tocauan los atambores ale-
|
| gres y sobresaltadas armas, a quien con señas
|
| tristes y lamentables respondian los pifaros.
|
| De vna gauia colgaua, puesta al reues, vna
|
| vandera de medias lunas sembrada; en otra se
| 10 |
| veia vn luengo estandarte de tafetan negro, cu-
|
| yas puntas besauan el agua. Finalmente, con
|
| estos tan contrarios estremos entró en el rio de
|
| Londres con su nauio, porque la naue no tuuo
|
| fondo en el que la sufriesse, y assi se quedó en
| 15 |
| la mar a lo largo.
|
| Estas tan contrarias muestras y señales tenian
|
| suspenso el infinito pueblo, que desde la ribera
|
| les miraua. Bien conocieron, por algunas insig-
|
| nias, que aquel nauio menor era la capitana del
| 20 |
| varon de Lansac, mas no podian alcançar
|
| como el otro nauio se huuiesse cambiado con
|
| aquella poderosa naue que en la mar se que-
|
| daua.
|
| Pero sacolos desta duda auer saltado en el
| 25 |
| esquife, armado de todas armas, ricas y res-
|
| plandecientes, el valeroso Ricaredo, que a pie,
|
| sin esperar otro acompañamiento que aquel de
|
| vn inumerable vulgo que le seguia, se fue a
|
| palacio, donde ya la reyna, puesta a vnos co-
| 30 |
| rredores, estaua esperando le truxessen la nue-
|
|
|
P.26
30 NOVELAS EXEMPLARES
|
|
| ua de los nauios. Estaua con la reyna, con las
|
| otras damas, Ysabela, vestida a la inglessa, y
|
| parecia tambien como a la castellana. Antes que
|
| Ricaredo llegasse, llegó otro que dio las nueuas
|
| a la reyna de como Ricaredo venia.
| 5 |
| Alboroçose Ysabela oyendo el nombre de
|
| Ricaredo, y en aquel instante temio y esperó
|
| malos y buenos sucessos de su venida. Era Ri-
|
| caredo alto de cuerpo, gentilhombre y bien pro-
|
| porcionado, y como venia armado de peto, es-
| 10 |
| paldar, gola y braçaletes y escarcelas, con vnas
|
| armas milanessas de onze vistas, grauadas y
|
| doradas, parecia en estremo bien a quantos le
|
| mirauan; no le cubria la cabeça morrion alguno,
|
| sino vn sombrero de gran falda de color leo-
| 15 |
| nado, con mucha diuersidad de plumas, tercia-
|
| das a la balona; la espada ancha, los tiros ricos,
|
| las calças a la esguizara. Con este adorno, y con
|
| el paso brioso que lleuaua, algunos huuo que
|
| le compararon a Marte, dios de las batallas, y
| 20 |
| otros, lleuados de la hermosura de su rostro,
|
| dizen que le compararon a Venus, que, para
|
| hazer alguna burla a Marte, de aquel modo se
|
| auia disfraçado.
|
| En fin, el llegó ante la reyna; puesto de ro-
| 25 |
| dillas, le dixo: "Alta Magestad, en fuerça de
|
| vuestra ventura y en consecucion de mi desseo,
|
| despues de auer muerto de vna apop1egia el
|
| general de Lansac, quedando yo en su lugar
|
| merced a la liberalidad vuestra, me deparó la
| 30 |
| suerte dos galeras turquescas, que lleuauan re-
|
| molcando aquella gran naue, que alli se pare-
|
P.27
LA ESPAÑOLA INGLESSA 31
|
|
| ce. Acometila, pelearon vuestros soldados como
|
| siempre; echaronse a fondo los baxeles de los
|
| cosarios. En el vno de los nuestros, en vuestro
|
| real nombre, di libertad a los christianos que
|
| del poder de los turcos escaparon; solo truxe
| 5 |
| conmigo a vn hombre y a vna muger españoles,
|
| que por su gusto quisieron venir a ver la gran-
|
| deza vuestra. Aquella naue es de las que vie-
|
| nen de la India de Portugal, la qual por tor-
|
| menta vino a dar en poder de los turcos, que
| 10 |
| con poco trabajo, o por mejor dezir, sin ningu-
|
| no, la rindieron, y segun dixeron algunos por-
|
| tuguesses de los que en ella venian, passa de
|
| vn millon de oro el valor de la especeria y otras
|
| mercancias de perlas y diamantes que en ella
| 15 |
| vienen; a ninguna cosa se ha tocado, ni los tur-
|
| cos auian llegado a ella, porque todo lo dedicó
|
| el cielo y yo lo mandé guardar para vuestra Ma-
|
| gestad, que con vna joya sola que se me de,
|
| quedaré en deuda de otras diez naues, la qual
| 20 |
| joya ya vuestra Magestad me la tiene prome-
|
| tida, que es a mi buena Ysabela; con ella que-
|
| daré rico y premiado, no solo deste seruicio,
|
| qual el se sea, que a vuestra Magestad he
|
| hecho, sino de otros muchos que pienso hazer,
| 25 |
| por pagar alguna parte del todo, casi infinito,
|
| que en esta joya vuestra Magestad me ofrece."
|
| "Leuantaos, Ricaredo," respondio la reyna,
|
| "y creedme que si por precio os huuiera de dar
|
| a Ysabela, segun yo la estimo, no la pudiera-
| 30 |
| des pagar, ni con lo que trae essa naue, ni con
|
|
|
P.28
32 NOVELAS EXEMPLARES
|
|
| lo que queda en las Indias. Doyosla porque os
|
| la prometi, y porque ella es digna de vos y vos
|
| lo soys della. Vuestro valor solo la merece; si
|
| vos aueys guardado las joyas de la naue para
|
| mi, yo os he guardado la joya vuestra para vos,
| 5 |
| y aunque os parezca que no hago, mucho en
|
| bolueros lo que es vuestro, yo se que os hago
|
| mucha merced en ello; que las prendas que se
|
| compran a desseos y tienen su estimacion en
|
| e1 alma del comprador, aquello valen que vale
| 10 |
| vna alma, que no ay precio en la tierra con
|
| que aprecialla. Ysabela es vuestra, veysla alli;
|
| quando quisieredes, podeys tomar su entera
|
| possession, y creo sera con su gusto, porque es
|
| discreta, y sabra ponderar la amistad que le
| 15 |
| hazeys, que no la quiero llamar merced, sino
|
| amistad, porque me quiero alçar con el nombre
|
| de que yo sola puedo hazerle mercedes; ydos
|
| a descansar, y venidme a ver mañana, que
|
| quiero mas particularmente oyr vuestras haza-
| 20 |
| ñas, y traedme essos dos que dezis que de su
|
| voluntad han querido venir a verme, que se lo
|
| quiero agradecer."
|
| Besole las manos Ricaredo, por las muchas
|
| mercedes que le hazia.
| 25 |
| Entrose la reyna en vna sala, y las damas
|
| rodearon a Ricaredo, y vna dellas, que auia
|
| tomado grande amistad con Ysabela, llamada
|
| la señora Tansi, tenida por la mas discreta,
|
| desembuelta y graciosa de todas, dixo a Rica-
| 30 |
| redo: "¿Que es esto, señor Ricaredo, que armas
|
|
|
P.29
LA ESPAÑOLA INGLESSA 33
|
|
| son estas?; ¿pensauades por ventura que ve-
|
| niades a pelear con vuestros enemigos? Pues
|
| en verdad que aqui todas somos vuestras ami-
|
| gas, si no es la señora Ysabela, que, como es-
|
| pañola, esta obligada a no teneros buena vo-
| 5 |
| luntad."
|
| "Acuerdese ella, señora Tansi, de tenerme
|
| alguna, que, como yo este en su memoria," dixo
|
| Ricaredo, "yo se que la voluntad sera buena,
|
| pues no puede caber en su mucbo valor y en-
| 10 |
| tendimiento, y rara hermosura, la fealdad de
|
| ser desagradezida."
|
| A lo qual respondio Ysabela: "Señor Ricare-
|
| do, pues he de ser vuestra, a vos esta tomar de
|
| mi toda la satisfacion que quisieredes, para
| 15 |
| recompensaros de las alabanças que me aueys
|
| dado, y de las mercedes que pensays hazerme."
|
| Estas y otras honestas razones passó Ricare-
|
| do con Ysabela, y con las damas, entre las qua-
|
| les auia vna donzella de pequeña edad, la qual
| 20 |
| no hizo sino mirar a Ricaredo mientras alli es-
|
| tuuo; alçauale las escarcelas por ver que traia
|
| debaxo dellas; tentauale la espada, y, con sim-
|
| plicidad de niña, queria que las armas le sir-
|
| uiessen de espejo, llegandose a mirar de muy
| 25 |
| cerca en ellas; y quando se huuo ydo, boluien-
|
| dose a las damas, dixo: "Aora, señoras, yo ima-
|
| gino que deue de ser cosa hermosissima la
|
| guerra, pues aun entre mugeres parecen bien
|
| los hombres armados."
| 30 |
| "¡Y como si parecen!", respondio la señora
|
| Tansi, "si no, mirad a Ricaredo, que no parece
|
P.30
34 NOVELAS EXEMPLARES
|
|
| sino que el sol se ha baxado a la tierra, y en
|
| aquel habito va caminando por la calle."
|
| Riyeron todas del dicho de la donzella, y de
|
| la disparatada semejança de Tansi, y no falta-
|
| ron murmuradores que tuuieron por imperti-
| 5 |
| nencia el auer venido armado Ricaredo a pala-
|
| cio, puesto que halló disculpa en otros, que
|
| dixeron que como soldado lo pudo hazer, para
|
| mostrar su gallardia vizarria.
|
| Fue Ricaredo de sus padres, amigos, parien-
| 10 |
| tes y conocidos, con muestras de entraña-
|
| ble amor recebido. Aquella noche se hizie-
|
| ron generales alegrias en Londres, por su buen
|
| sucesso.
|
| Ya los padres de Ysabela estauan en casa de
| 15 |
| Clotaldo, a quien Ricaredo auia dicho quien
|
| eran, pero que no les diessen nueua ninguna
|
| de Ysabela, hasta que el mismo se la diesse.
|
| Este auiso tuuo la señora Catalina, su madre,
|
| y todos los criados y criadas de su casa. Aque-
| 20 |
| lla misma noche, con muchos baxeles, lanchas
|
| y varcos, y con no menos ojos que lo mirauan,
|
| se començo a descargar la gran naue, que en
|
| ocho dias no acabó de dar la mucha pimienta,
|
| y otras riquissimas mercaderias, que en su vien-
| 25 |
| tre encerradas tenia. El dia que siguio a esta
|
| noche, fue Ricaredo a palacio, lleuando consigo
|
| al padre y madre de Ysabela, vestidos de nue-
|
| uo a la inglessa, diziendoles que la reyna que-
|
| ria verlos. Llegaron todos donde la reyna esta-
| 30 |
| ua en medio de sus damas, esperando a Rica-
|
| redo, a quien quiso lisongear y fauorecer, con
|
P.31
LA ESPAÑOLA INGLESSA 35
|
|
| tener junto a si a Ysabela, vestida con aquel
|
| mismo vestido que lleuó la vez primera, mos-
|
| trandose no menos hermosa aora que enton-
|
| ces. Los padres de Ysabela quedaron admira-
|
| dos y suspensos de ver tanta grandeza y vizarria
| 5 |
| junta. Pusieron los ojos en Ysabela y no la
|
| conocieron, aunque el coraçon, presagio del
|
| bien que tan cerca tenian, les començo a saltar
|
| en el pecho, no con sobresalto que les entriste-
|
| ciesse, sino con vn no se que de gusto, que
| 10 |
| ellos no acertauan a entendelle.
|
| No consintio la reyna que Ricaredo estuuies-
|
| se de rodillas ante ella; antes le hizo leuantar
|
| y sentar en vna silla rasa, que para solo esto
|
| alli puesta tenian, inusitada merced para la
| 15 |
| altiua condicion de la reyna, y alguno dixo a
|
| otro : "Ricaredo no se sienta oy sobre la silla
|
| que le han dado, sino sobre la pimienta que el
|
| truxo."
|
| Otro acudio, y dixo: "Aora se verifica lo que
| 20 |
| comunmente se dize, que dadiuas quebrantan
|
| peñas, pues las que ha traydo Ricaredo han
|
| ablandado el duro coraçon de nuestra reyna."
|
| Otro acudio, y dixo: "Aora que esta tan bien
|
| ensillado, mas de dos se atreueran a correrle."
| 25 |
| En efeto, de aquella nueua honra que la rey-
|
| na hizo a Ricaredo, tomó ocasion la embidia
|
| para nacer en muchos pechos de aquellos que
|
| mirandole estauan, porque no ay merced que
|
P.32
36 NOVELAS EXEMPLARES
|
|
| el principe haga a su privado, que no sea vna
|
| lança que atreuiessa el coraçon del embi-
|
| dioso.
|
| Quiso la reyna saber de Ricaredo, menuda-
|
| mente, como auia passado la batalla con los
| 5 |
| baxeles de los cosarios; el la conto de nueuo,
|
| atribuyendo la vitoria a Dios, y a los braços
|
| valerosos de sus soldados, encareciendolos a
|
| todos juntos, y particularizando algunos hechos
|
| de algunos, que mas que los otros se auian se-
| 10 |
| ñalado, con que obligó a la reyna a hazer a
|
| todos merced, y en particular a los particulares;
|
| y quando llegó a dezir la libertad que en nom-
|
| bre de su Magestad auia dado a los turcos y
|
| christianos, dixo: "Aquella muger, y aquel hom-
| 15 |
| bre que alli estan", señalando a los padres de
|
| Ysabela, "son los que dixe ayer a V. M. que,
|
| con desseo de ver vuestra grandeza, encareci-
|
| damente me pidieron los truxesse conmigo;
|
| ellos son de Cadiz, y de lo que ellos me han
| 20 |
| contado, y de lo que en ellos he visto y notado,
|
| se que son gente principal y de valor."
|
| Mandoles la reyna que se llegassen cerca.
|
| Alço los ojos Ysabela a mirar los que dezian
|
| ser españoles, y mas de Cadiz, con desseo de
| 25 |
| saber, si por ventura conocian a sus padres.
|
| Ansi como Ysabela alçó los ojos, los puso
|
| en ella su madre, y detuuo el paso para mirarla
|
| mas atentamente, y en la memoria de Ysabela
|
| se començaron a despertar vnas confusas noti-
| 30 |
P.33
LA ESPAÑOLA INGLESSA 37
|
|
| cias, que le querian dar a entender que en otro
|
| tiempo ella auia visto aquella muger que de-
|
| lante tenia.
|
| Su padre estaua en la misma confusion, sin
|
| osar determinarse a dar credito a la verdad que
| 5 |
| sus ojos le mostrauan. Ricaredo estaua atentis-
|
| simo a ver los afectos y mouimientos que
|
| hazian las tres dudosas y perplexas almas, que
|
| tan confusas estauan entre el si y el no de co-
|
| nocerse. Conocio la reyna la suspension de
| 10 |
| entrambos y aun el dessasossiego de Ysabela,
|
| porque la vio trasudar y leuantar la mano mu-
|
| chas vezes a componerse el cabello. En esto
|
| desseaua Ysabela que hablasse la que pensaua
|
| ser su madre, quiza los oydos la sacarian de la
| 15 |
| duda en que sus ojos la auian puesto.
|
| La reyna dixo a Ysabela que en lengua es-
|
| pañola dixesse a aquella muger, y a aquel hom-
|
| bre, le dixessen que causa les auia mouido a
|
| no querer gozar de la libertad que Ricaredo les
| 20 |
| auia dado, siendo la libertad la cosa mas ama-
|
| da, no solo de la gente de razon, mas aun de
|
| los animales, que carecen della.
|
| Todo esto pregunto Ysabela a su madre, la
|
| qual, sin responderle palabra, desatentadamen-
| 25 |
| te, y medio tropezando, se llegó a Ysabela, y
|
| sin mirar a respecto, temores, ni miramientos
|
| cortesanos, alçó la mano a la oreja derecha de
|
| Ysabela, y descubrio vn lunar negro, que alli
|
| tenia, la qual señal acabó de certificar su sos-
|
P.34
|
| 38 NOVELAS EXEMPLARES
|
|
| pecha; y viendo claramente ser Ysabela su hija,
|
| abraçandose con ella dio vna gran voz, dizien-
|
| do: "¡O hija de mi coraçon, o prenda cara del
|
| alma mia!", y, sin poder passar adelante, se cayo
|
| desmayada en los braços de Ysabela. Su padre,
| 5 |
| no menos tierno que prudente, dio muestras de
|
| su sentimiento, no con otras palabras que con
|
| derramar lagrimas, que sesgamente su venera-
|
| ble rostro y barbas le bañaron.
|
| Iuntó Ysabela su rostro con el de su madre,
| 10 |
| y boluiendo los ojos a su padre, de tal manera
|
| le miró, que le dio a entender el gusto y el des-
|
| contento que de verlos alli su alma tenia.
|
| La reyna, admirada de tal sucesso, dixo a
|
| Ricaredo: "Yo pienso, Ricaredo, que en vuestra
| 15 |
| discrecion se han ordenado estas vistas, y no
|
| se os diga que han sido acertadas, pues sabe-
|
| mos que assi suele matar vna subita alegria
|
| como mata vna tristeza"; y diziendo esto se
|
| boluio a Ysabela y la apartó de su madre, la
| 20 |
| qual, auiendole echado agua en el rostro, bol-
|
| uio en si, y estando vn poco mas en su acuerdo,
|
| puesto de rodillas delante de la reyna, le dixo:
|
| "Perdone vuestra Magestad mi atreuimiento,
|
| que no es mucho perder los sentidos con la
| 25 |
| alegria del hallazgo desta amada prenda."
|
| Respondiole la reyna que tenia razon, siruien-
|
| dole de inteprete para que lo entendiesse
|
| Ysabela, la qual de la manera que se ha con-
|
| tado conocio a sus padres, y sus padres a ella,
| 30 |
|
|
|
|
P.35
LA ESPAÑOLA INGLESSA 39
|
|
| a los quales mandó la reyna quedar en palacio
|
| para que de espacio pudiessen ver y hablar a su
|
| hija, y regozijarse con ella. De lo qual Ricaredo
|
| se holgo mucho, y de nueuo pidio a la reyna le
|
| cumpliesse la palabra que le auia dado de dar-
| 5 |
| sela, si es que acaso la merecia, y de no mere-
|
| cerla, le suplicaua desde luego le mandasse
|
| ocupar en cosas que le hiziessen digno de al-
|
| cançar lo que desseaua.
|
| Bien entendio la reyna que estaua Ricaredo
| 10 |
| satisfecho de si mismo y de su mucho valor,
|
| que no auia necessidad de nueuas prueuas para
|
| calificarle, y assi le dixo que de alli a quatro
|
| dias le entregaria a Ysabela, haziendo a los dos
|
| la honra que a ella fuesse possible. Con esto se
| 15 |
| despidio Ricaredo, contentissimo con la espe-
|
| rança propinqua que lleuaua de tener en su
|
| poder a Ysabela sin sobresalto de perderla, que
|
| es el vltimo desseo de los amantes.
|
| Corrio el tiempo, y no con la ligereza que
| 20 |
| el quisiera, que, los que viuen con esperanças
|
| de promessas venideras, siempre imaginan que
|
| no buela el tiempo, sino que anda sobre los
|
| pies de la pereza misma. Pero, en fin, llegó
|
| el dia, no donde penso Ricaredo poner fin a
| 25 |
| sus desseos, sino de hallar en Ysabela gra-
|
| cias nueuas que le mouiessen a quererla mas,
|
| si mas pudiesse. Mas en aquel breue tiempo
|
| donde el pensaua que la naue de su buena
|
| fortuna corria con prospero viento hazia el
| 30 |
| desseado puerto, la contraria suerte leuantó
|
|
|
P.36
40 NOVELAS EXEMPLARES
|
|
| en su mar tal tormenta, que mil vezes temio
|
| anegarle.
|
| Es, pues, el caso, que la camarera mayor de
|
| la reyna, a cuyo cargo estaua Ysabela, tenia
|
| vn hijo de edad de veynte y dos años, llamado
| 5 |
| el conde Arnesto. Hazianle la grandeza de su
|
| estado, la alteza de su sangre, el mucho fauor
|
| que su madre con la reyna tenia, hazianle, digo,
|
| estas cosas, mas de lo justo arrogante, altiuo
|
| y confiado. Este Arnesto, pues, se enamoró de
| 10 |
| Ysabela tan encendidamente, que en la luz de
|
| los ojos de Ysabela tenia abrasada el alma, y
|
| aunque en el tiempo que Ricaredo auia esta-
|
| do ausente, con algunas señales le auia des-
|
| cubierto su desseo, nunca de Ysabela fue ad-
| 15 |
| mitido.
|
| Y puesto que la repugnancia y los desdenes
|
| en los principios de los amores suelen hazer
|
| desistir de la empressa a los enamorados, en
|
| Arnesto obraron lo contrario los muchos y co-
| 20 |
| nocidos desdenes que le dio Ysabela, porque
|
| con su zelo ardia y con su honestidad se abra-
|
| saua. Y como vio que Ricaredo, segun el pa-
|
| recer de la reyna, tenia merecida a Ysabela, y
|
| que en tan poco tiempo se la auia de entregar
| 25 |
| por muger, quiso desesperarse; pero antes que
|
| llegasse a tan infame y tan cobarde remedio,
|
| habló a su madre, diziendole pidiesse a la rey-
|
| na le diesse a Ysabela por esposa, donde no,
|
| que pensasse que la muerte estaua llamando a
| 30 |
| las puertas de su vida.
|
|
|
P.37
|
| LA ESPAÑOLA INGLESSA 41
|
|
| Quedó la camarera admirada de las razones
|
| de su hijo, y como conocia la aspereza de su
|
| arrojada condicion, y la tenazidad con que se le
|
| pegauan los desseos en el alma, temio que sus
|
| amores auian de parar en algun infelize suces-
| 5 |
| so. Con todo esso, como madre a quien es na-
|
| tural dessear y procurar el bien de sus hijos,
|
| prometio al suyo de hablar a la reyna, no con
|
| esperança de alcançar della el impossible de
|
| romper su palabra, sino por no dexar de inten-
| 10 |
| tar, como en salir desafuziada, los vltimos re-
|
| medios.
|
| Y estando aquella mañana Ysabela vestida
|
| por orden de la reyna tan ricamente, que no se
|
| atreue la pluma a contarlo, y auiendole echa-
| 15 |
| do la misma reyna al cuello vna sarta de per-
|
| las de las mejores que traia la naue, que las
|
| apreciaron en veynte mil ducados, y puestole
|
| vn anillo de vn diamante, que se apreció en
|
| seys mil escudos, y estando alboroçadas las
| 20 |
| damas por la fiesta que esperauan del cercano
|
| desposorio, entró la camarera mayor a la rey-
|
| na, y de rodillas le suplicó suspendiesse el des-
|
| posorio de Ysabela por otros dos dias, que con
|
| esta merced sola que su Magestad le hiziesse,
| 25 |
| se tendria por satisfecha y pagada de todas las
|
| mercedes que por sus seruicios merecia y es-
|
| peraua.
|
| Quiso saber la reyna primero por que le pedia
|
| con tanto ahinco aquella suspension que tan
| 30 |
| derechamente yua contra la palabra que tenia
|
| dada a Ricaredo; pero no se la quiso dar la ca-
|
P.38
42 NOVELAS EXEMPLARES
|
|
| marera, hasta que le huuo otorgado que haria
|
| lo que le pedia; tanto desseo tenia la reyna de
|
| saber la causa de aquella demanda.
|
| Y assi, despues que la camarera alcançó lo
|
| que por entonces desseaua, conto a la reyna
| 5 |
| los amores de su hijo, y como temia que, si no
|
| le dauan por muger a Ysabela, o se auia de
|
| desesperar, o hazer algun hecho escandaloso, y
|
| que si auia pedido aquellos dos dias, era por
|
| dar lugar a su Magestad pensasse que medio
| 10 |
| seria a proposito y conueniente para dar a su
|
| hijo remedio.
|
| La reyna respondio que si su real palabra no
|
| estuuiera de por medio, que ella hallara salida
|
| a tan cerrado laberinto, pero que no la que-
| 15 |
| brantaria, ni defraudaria las esperanças de Ri-
|
| caredo, por todo el interes del mundo.
|
| Esta respuesta dio la camarera a su hijo, el
|
| qual, sin detenerse vn punto, ardiendo en amor
|
| y en zelos, se armó de todas armas, y sobre vn
| 20 |
| fuerte y hermoso cauallo se presentó ante la
|
| casa de Clotaldo, y a grandes vozes pidio que
|
| se assomasse Ricaredo a la ventana, el qual a
|
| aquella sazon estaua vestido de galas de des-
|
| posado y a punto para yr a palacio con el acom-
| 25 |
| pañamiento que tal acto requeria; mas auiendo
|
| oydo las vozes, y siendole dicho quien las daua
|
| y del modo que venia, con algun sobresalto se
|
| assomó a vna ventana, y como le vio Arnesto,
|
| dixo: "Ricaredo, estame atento a lo que dezirte
| 30 |
| quiero. La reyna, mi señora, te mandó fuesses
|
| a seruirla y a hazer hazañas que te hiziessen
|
P.39
LA ESPAÑOLA INGLESSA 43
|
|
| merecedor de la sin par Ysabela; tu fuyste, y
|
| boluiste cargadas las naues de oro, con el qual
|
| piensas auer comprado y merecido a Ysabela,
|
| y aunque la reyna, mi señora te la ha prometi-
|
| do, ha sido creyendo que no ay ninguno en su
| 5 |
| corte que mejor que tu la sirua, ni quien con me-
|
| jor titulo merezca a Ysabela; y en esto bien po-
|
| dra ser se aya engañado; y assi, llegandome
|
| a esta opinion, que yo tengo por verdad aueri-
|
| guada, digo, que ni tu has hecho cosas tales
| 10 |
| que te hagan merecer a Ysabela, ni ninguna
|
| podras hazer que a tanto bien te leuante; y en
|
| razon de que no la mereces, si quisieres contra-
|
| dezirme, te desafio a todo tranze de muerte."
|
| Calló el conde, y desta manera le respondio
| 15 |
| Ricaredo: "En ninguna manera me toca salir a
|
| vuestro desafio, señor conde, porque yo con-
|
| fiesso, no solo que no merezco a Ysabela sino
|
| que no la merece ninguno de los que oy viuen
|
| en el mundo; assi que, confessando yo lo que
| 20 |
| vos dezis, otra vez digo que no me toca vues-
|
| tro desafio; pero yo le acepto, por el atreui-
|
| miento que aueys tenido en desafiarme."
|
| Con esto se quitó de la ventana, y pidio
|
| apriessa sus armas. Alborotaronse sus pa-
| 25 |
| rientes y todos aquellos que para yr a palacio
|
| auian venido a acompañarle; de la mucha
|
| gente que auia visto al conde Arnesto armado
|
| y le auia oydo las vozes del dessafio, no faltó
|
P.40
44 NOVELAS EXEMPLARES
|
|
| quien lo fue a contar a la reyna, la qual man-
|
| dó al capitan de su guarda que fuesse a prender
|
| al conde. El capitan se dio tanta priessa, que
|
| llegó a tiempo que ya Ricaredo salia de su casa
|
| armado con las armas con que se auia desem-
| 5 |
| barcado, puesto sobre vn hermoso cauallo.
|
| Quando el conde vio al capitan, luego ima-
|
| ginó a lo que venia, y determinó de no dexar
|
| prenderse, y alçando la voz contra Ricaredo,
|
| dixo: "Ya vees, Ricaredo, el impedimento que
| 10 |
| nos viene; si tuuieres gana de castigarme, tu me
|
| buscarás; y por la que yo tengo de castigarte,
|
| tambien te buscaré; y pues dos que se buscan,
|
| facilmente se hallan, dexemos para entonces la
|
| execucion de nuestros desseos."
| 15 |
| "Soy contento", respondio Ricaredo.
|
| En esto llegó el capitan con toda su guarda,
|
| y dixo al conde que fuesse preso en nombre de
|
| su Magestad.
|
| Respondio el conde que si daua; pero no
| 20 |
| para que le lleuassen a otra parte que a la pre-
|
| sencia de la reyna.
|
| Contentose con esto el capitan, y cogiendole
|
| en medio de la guarda, le lleuó a palacio ante
|
| la reyna, la qual ya de su camarera estaua in-
| 25 |
| formada del amor grande que su hijo tenia a
|
| Ysabela, y con lagrimas auia suplicado a la
|
| reyna perdonasse al conde, que, como moço y
|
| enamorado, a mayores yerros estaua sujeto.
|
P.41
LA ESPAÑOLA INGLESSA 45
|
|
| Llegó Arnesto ante la reyna, la qual, sin en-
|
| trar con el en razones, le mandó quitar la espa-
|
| da y lleuassen preso a vna torre. Todas estas
|
| cosas atormentauan el coraçon de Ysabela y de
|
| sus padres, que tan presto veian turbado el mar
| 5 |
| de su sossiego. Aconsejó la camarera a la reyna
|
| que, para sossegar el mal que podia suceder en-
|
| tre su parentela y la de Ricaredo, que se qui-
|
| tasse la causa de por medio, que era Ysabela,
|
| embiandola a España, y assi cessarian los efe-
| 10 |
| tos que deuian de temerse, añadiendo a estas
|
| razones, dezir que Ysabela era catholica, y tan
|
| christiana, que ninguna de sus persuasiones,
|
| que auian sido muchas, la auian podido tor-
|
| cer en nada de su catholico intento.
| 15 |
| A lo qual respondio la reyna que por esso la
|
| estimaua en mas, pues tan bien sabia guardar
|
| la ley que sus padres la auian enseñado, y que
|
| en lo de embiarla a España no tratasse, porque
|
| su hermosa presencia y sus muchas gracias y
| 20 |
| virtudes le dauan mucho gusto, y que sin duda,
|
| si no aquel dia, otro, se la auia de dar por es-
|
| posa a Ricaredo, como se lo tenia prometido.
|
| Con esta resolucion de la reyna, quedó la
|
| camarera tan desconsolada, que no le replicó
| 25 |
| palabra; y pareciendole lo que ya le auia pare-
|
| cido, que, si no era quitando a Ysabela de por
|
| medio, no auia de auer medio alguno que la
|
P.42
46 NOVELAS EXEMPLARES
|
|
| rigurosa condicion de su hijo ablandasse ni re-
|
| duxesse a tener paz con Ricaredo, determinó de
|
| hazer vna de las mayores crueldades que pudo
|
| cauer jamas en pensamiento de muger princi-
|
| pal, y tanto como ella lo era; y fue su determi-
| 5 |
| nacion matar con tosigo a Ysabela; y como por
|
| la mayor parte sea la condicion de las mugeres
|
| ser prestas y determinadas, aquella misma tar-
|
| de atossigó a Ysabela en vna conserua que le
|
| dio, forçandola que la tomasse, por ser buena
| 10 |
| contra las ansias de coraçon que sentia.
|
| Poco espacio passó despues de auerla toma-
|
| do, quando a Ysabela se le començo a hinchar
|
| la lengua y la garganta, y a ponersele denegri-
|
| dos los labios y a enronquezersele la voz, tur-
| 15 |
| barsele los ojos y apretarsele el pecho; todas
|
| conocidas señales de auerle dado veneno.
|
| Acudieron las damas a la reyna, contandole
|
| lo que passaua y certificandole que la camarera
|
| auia hecho aquel mal recaudo. No fue menester
| 20 |
| mucho para que la reyna lo creyesse, y assi fue
|
| a ver a Ysabela, que ya casi estaua espirando.
|
| Mandó llamar la reyna con priessa a sus
|
| medicos, y en tanto que tardauan, la hizo dar
|
| cantidad de poluos de vnicornio, con otros
| 25 |
| muchos antidotos que los grandes principes
|
| suelen tener preuenidos para semejantes neces-
|
| sidades. Vinieron los medicos y esforçaron los
|
| remedios, y pidieron a la reyna hiziesse dezir
|
| a la camarera que genero de veneno le auia
| 30 |
| dado, porque no se dudaua que otra persona
|
| alguna sino ella la huuiesse auenenado. Ella lo
|
P.43
LA ESPAÑ0LA INGLESSA 47
|
|
| descubrio, y con esta noticia los medicos apli-
|
| caron tantos remedios y tan eficazes, que con
|
| ellos y con el ayuda de Dios, quedó Ysabela con
|
| vida, o, a lo menos, con esperança de tenerla.
|
| Mandó la reyna prender a su camarera y en-
| 5 |
| cerrarla en vn aposento estrecho de palacio,
|
| con intencion de castigarla como su delito me-
|
| recia, puesto que ella se disculpaua diziendo
|
| que en matar a Ysabela hazia sacrificio al cielo,
|
| quitando de la tierra a vna catholica, y con ella
| 10 |
| la ocasion de las pendencias de su hijo. Estas
|
| tristes nueuas, oydas de Ricaredo, le pusieron
|
| en terminos de perder el juyzio; tales eran las
|
| cosas que hazia y las lastimeras razones con
|
| que se quexaua. Finalmente, Ysabela no perdio
| 15 |
| la vida, que el quedar con ella la naturaleza lo
|
| comutó en dexarla sin cejas, pestañas y sin ca-
|
| bello; el rostro hinchado, la tez perdida, los
|
| cueros leuantados y los ojos lagrimosos. Final-
|
| mente, quedó tan fea que, como hasta alli auia
| 20 |
| parecido vn milagro de hermosura, entonces
|
| parecia vn monstruo de fealdad. Por mayor
|
| desgracia tenian los que la conocian auer que-
|
| dado de aquella manera, que si la huuiera muer-
|
| to el veneno.
| 25 |
| Con todo esto, Ricaredo se la pidio a la reyna,
|
| y le suplicó se la dexasse lleuar a su casa, por-
|
| que el amor que la tenia passaua del cuerpo al
|
| alma; y que si Ysabela auia perdido su belleza,
|
| no podia auer perdido sus infinitas virtudes.
| 30 |
| "Assi es", dixo la Reyna; "lleuaosla, Ricare-
|
| do, y hazed cuenta que lleuays vna riquissima
|
P.44
48 NOVELAS EXEMPLARES
|
|
| joya, encerrada en vna caxa de madera tosca;
|
| Dios sabe si quisiera darosla como me la entre-
|
| gastes; pero pues no es possible, perdonadme,
|
| quiza el castigo que diere a la cometedora de
|
| tal delito, satisfara en algo el desseo de la ven-
| 5 |
| gança."
|
| Muchas cosas dixo Ricaredo a la reyna, des-
|
| culpando a la camarera, y suplicandola la
|
| perdonasse, pues las desculpas que daua
|
| eran bastantes para perdonar mayores insultos.
| 10 |
| Finalmente, le entregaron a Ysabela y a sus pa-
|
| dres, y Ricaredo los lleuó a su casa, digo a la
|
| de sus padres; a las ricas perlas y al diamante,
|
| añadio otras joyas la reyna, y otros vestidos ta-
|
| les, que descubrieron el mucho amor que a Ysa-
| 15 |
| bela tenia, la qual duró dos meses en su fealdad,
|
| sin dar indicio alguno de poder reduzirse a su
|
| primera hermosura; pero al cabo deste tiempo
|
| començo a caersele el cuero y a descubrirsele
|
| su hermosa tez.
| 20 |
| En este tiempo, los padres de Ricaredo, pa-
|
| reciendoles no ser possible que Ysabela en si
|
| boluiesse, determinaron embiar por la donzella
|
| de Escocia, con quien primero que con Ysabela
|
| tenian concertado de casar a Ricaredo, y esto
| 25 |
| sin que el lo supiesse, no dudando que la her-
|
| mosura presente de la nueua esposa hiziesse
|
| oluidar a su hijo la ya passada de Ysabela, a
|
| la qual pensauan embiar a España con sus
|
|
|
|
|
P.45
LA ESPAÑOLA INGLESSA 49
|
|
| padres, dandoles tanto auer y riquezas, que re-
|
| compensassen sus passadas perdidas. No passó
|
| mes y medio, quando sin sabiduria de Ricaredo
|
| la nueua esposa se le entró por las puertas,
|
| acompañada como quien ella era, y tan hermo-
| 5 |
| sa, que despues de la Ysabela que solia ser, no
|
| auia otra tan bella en toda Londres.
|
| Sobresaltose Ricaredo con la improuisa vista
|
| de la donzella, y temio que el sobresalto de su
|
| venida auia de acabar la vida a Ysabela, y assi,
| 10 |
| para templar este temor, se fue al lecho donde
|
| Ysabela estaua, y hallola en compañia de sus
|
| padres, delante de los quales dixo: "Ysabela
|
| de mi alma: mis padres, con el grande amor
|
| que me tienen, aun no bien enterados del mu-
| 15 |
| cho que yo te tengo, han traydo a casa vna
|
| donzella escocessa, con quien ellos tenian con-
|
| certado de casarme antes que yo conociesse lo
|
| que vales; y esto, a lo que creo, con intencion
|
| que la mucha belleza desta donzella borre de
| 20 |
| mi alma la tuya, que en ella estampada tengo.
|
| Yo, Ysabela, desde el punto que te quise, fue
|
| con otro amor de aquel que tiene su fin y pa-
|
| radero en el cumplimiento del sensual apetito,
|
| que puesto que tu corporal hermosura me cau-
| 25 |
| tiuó los sentidos, tus infinitas virtudes me apri-
|
| sionaron el alma de manera que, si hermosa te
|
| quise, fea te adoro; y para confirmar esta verdad,
|
| dame essa mano", y dandole ella la derecha y
|
| assiendola el con la suya, prosiguio diziendo:
| 30 |
| "Por la fe catholica que mis christianos padres
|
|
|
|
|
P.46
50 NOVELAS EXEMPLARES
|
|
| me enseñaron, la qual, si no esta en la entereza
|
| que se requiere, por aquella juro que guarda
|
| el pontifice romano, que es la que yo en mi
|
| coraçon confiesso, creo y tengo, y por el ver-
|
| dadero Dios que nos esta oyendo, te prometo,
| 5 |
| ¡o Ysabela!, mitad de mi alma, de ser tu espo-
|
| so, y lo soy desde luego, si tu quieres leuan-
|
| tarme a la alteza de ser tuyo."
|
| Quedó suspensa Ysabela con las razones de
|
| Ricaredo, y sus padres atonitos y pasmados.
| 10 |
| Ella no supo que dezir, ni hazer otra cosa, que
|
| besar muchas vezes la mano de Ricaredo, y de-
|
| zirle con voz mezclada con lagrimas que ella le
|
| aceptaua por suyo, y se entregaua por su escla-
|
| ua. Besola Ricaredo en el rostro feo, no auien-
| 15 |
| do tenido jamas atreuimiento de llegarse
|
| a el quando hermoso. Los padres de Ysabela
|
| solenizaron con tiernas y muchas lagrimas las
|
| fiestas del desposorio. Ricaredo les dixo que el
|
| dilataria el casamiento de la escocessa, que ya
| 20 |
| estaua en casa, del modo que despues verian;
|
| y quando su padre los quisiesse embiar a Es-
|
| paña a todos tres, no lo rehusassen, sino que
|
| se fuessen, y le aguardassen en Cadiz, o en Se-
|
| uilla, dos años, dentro de los quales les daua
| 25 |
| su palabra de ser con ellos, si el cielo tanto
|
| tiempo le concedia de vida; y que si deste ter-
|
| mino passasse, tuuiesse por cosa certissima,
|
| que algun grande impedimento, o la muerte,
|
| que era lo mas cierto, se auia opuesto a su
| 30 |
| camino.
|
|
|
P.47
LA ESPAÑOLA INGLESSA 51
|
|
| Ysabela le respondio, que no solos dos años
|
| le aguardaria, sino todos aquellos de su vida,
|
| hasta estar enterada que el no la tenia; porque
|
| en el punto que esto supiesse, seria el mismo
|
| de su muerte. Con estas tiernas palabras se
| 5 |
| renouaron las lagrimas en todos, y Ricaredo
|
| salio a dezir a sus padres como en ninguna
|
| manera se casaria, ni daria la mano a su espo-
|
| sa la escocessa, sin auer primero ydo a Roma
|
| a assegurar su conciencia. Tales razones supo
| 10 |
| dezir a ellos, y a los parientes, que auian veni-
|
| do con Clisterna, que assi se llamaba la esco-
|
| cessa, que como todos eran catholicos, facil-
|
| mente las creyeron, y Clisterna se contentó de
|
| quedar en casa de su suegro, hasta que Ricare-
| 15 |
| do boluiesse, el qual pidio de termino vn año.
|
| Esto ansi puesto y concertado, Clotal-
|
| do dixo a Ricaredo como determinaua embiar
|
| a España a Ysabela y a sus padres, si la reyna
|
| le daua licencia; quiza los ayres de la patria
| 20 |
| apresurarian y facilitarian la salud, que ya co-
|
| mençaua a tener.
|
| Ricaredo, por no dar indicio de sus designios,
|
| respondio tibiamente a su padre, que hizies-
|
| se lo que mejor le pareciesse; solo le suplicó
| 25 |
| que no quitasse a Ysabela ninguna cosa de las
|
| riquezas que la reyna le auia dado.
|
| Prometioselo Clotaldo, y aquel mismo dia
|
| fue a pedir licencia a la reyna, assi para casar
|
|
|
|
|
P.48
52 NOVELAS EXEMPLARES
|
|
| a su hijo con Clisterna, como para embiar a
|
| Ysabela y a sus padres a España.
|
| De todo se contentó la reyna, y tuuo por
|
| acertada la determinacion de Clotaldo; y aquel
|
| mismo dia, sin acuerdo de letrados, y sin poner
| 5 |
| a su camarera en tela de juyzio, la condenó en
|
| que no siruiesse mas su oficio, y en diez mil
|
| escudos de oro para Ysabela; y al conde Arnes-
|
| to, por el dessafio, le desterro por seys años
|
| de Inglaterra.
| 10 |
| No passaron quatro dias, quando ya Arnesto
|
| se puso a punto de salir a cumplir su destierro,
|
| y los dineros estuuieron juntos. La reyna llamó
|
| a vn mercader rico, que habitaua en Londres,
|
| y era frances, el qual tenia correspondencia en
| 15 |
| Francia, Italia y España, al qual entregó los
|
| diez mil escudos, y le pidio cedulas, para que
|
| se los entregassen al padre de Ysabela en Se-
|
| uilla, o en otra playa de España.
|
| El mercader, descontados sus interesses y
| 20 |
| ganancias, dixo a la reyna que las daria cier-
|
| tas y seguras para Seuilla, sobre otro merca-
|
| der frances, su correspondiente, en esta forma:
|
| que el escriuiria a Paris, para que alli se hizies-
|
| sen las cedulas, por otro correspondiente suyo,
| 25 |
| a causa que rezassen las fechas de Francia y
|
| no de Inglaterra, por el contrauando de la co-
|
| municacion de los dos reynos, y que bastaua
|
| lleuar vna letra de auiso suya sin fecha, con
|
| sus contraseñas, para que luego diesse el dine-
| 30 |
P.49
LA ESPAÑOLA INGLESSA 53
|
|
| ro el mercader de Seuilla, que ya estaria aui-
|
| sado del de Paris.
|
| En resolucion, la reyna tomó tales segurida-
|
| des del mercader, que no dudó de no ser cierta
|
| la partida. Y no contenta con esto, mandó lla-
| 5 |
| mar a vn patron de vna naue flamenca, que
|
| estaua para partirse otro dia a Francia, a solo
|
| tomar en algun puerto della testimonio, para
|
| poder entrar en España, a titulo de partir de
|
| Francia, y no de Inglaterra, al qual pidio enca-
| 10 |
| recidamente lleuasse en su naue a Ysabela y
|
| a sus padres, y con toda seguridad y buen tra-
|
| tamiento los pusiesse en vn puerto de España,
|
| el primero a do llegasse.
|
| El patron, que desseaua contentar a la reyna,
| 15 |
| dixo que si haria, y que los pondria en Lisboa,
|
| Cadiz o Seuilla.
|
| Tomados, pues, los recaudos del mercader,
|
| embió la reyna a dezir a Clotaldo no quitasse
|
| a Ysabela todo lo que ella la auia dado, assi
| 20 |
| de joyas, como de vestidos. Otro dia vino Ysa-
|
| bela y sus padres a despedirse de la reyna, que
|
| los recibio con mucho amor. Dioles la Reyna
|
| la carta del mercader, y otras muchas dadiuas,
|
| assi de dineros como de otras cosas de regalo,
| 25 |
| para el viage; con tales razones se lo agrade-
|
| cio Ysabela, que de nueuo dexó obligada a la
|
| reyna para hazerle siempre mercedes.
|
| Despidiose de las damas, las quales, como
|
| ya estaua fea, no quisieran que se partiera,
| 30 |
| viendose libres de la embidia que a su hermo-
|
|
|
P.50
54 NOVELAS EXEMPLARES
|
|
| sura tenian, y contentas de gozar de sus gracias
|
| y discreciones.
|
| Abraçó la reyna a los tres, y encomendando-
|
| los a la buena ventura, y al patron de la
|
| naue, y pidiendo a Ysabela la auisasse de
| 5 |
| su buena llegada a España, y siempre de su sa-
|
| lud por la via del mercader frances, se des-
|
| pidio de Ysabela y de sus padres, los quales
|
| aquella misma tarde se embarcaron, no sin la-
|
| grimas de Clotaldo y de su muger, y de todos
| 10 |
| los de su casa, de quien era en todo estremo
|
| bien querida. No se halló a esta despedida pre-
|
| sente Ricaredo, que, por no dar muestras de
|
| tiernos sentimientos, aquel dia hizo con vnos
|
| amigos suyos le lleuassen a caça. Los regalos
| 15 |
| que la señora Catalina dio a Ysabela para el
|
| viage, fueron muchos, los abraços infinitos, las
|
| lagrimas en abundancia, las encomiendas de
|
| que la escriuiesse sin numero, y los agradezi-
|
| mientos de Ysabela y de sus padres correspon-
| 20 |
| dieron a todo, de suerte que, aunque llorando,
|
| los dexaron satisfechos.
|
| Aquella noche se hizo el baxel a la vela, y
|
| auiendo con prospero viento tocado en Francia,
|
| y tomado en ella los recados necessarios
| 25 |
| para poder entrar en España, de alli a treynta
|
| dias entró por la barra de Cadiz, donde se des-
|
| embarcaron Ysabela y sus padres; y siendo co-
|
P.51
LA ESPAÑOLA INGLESSA 55
|
|
| nocidos de todos los de la ciudad, los recibieron
|
| con muestras de mucho contento. Recibieron
|
| mil parabienes del hallazgo de Ysabela y de
|
| la libertad que auian alcançado, ansi de los
|
| moros, que los auian cautiuado, auiendo sabido
| 5 |
| todo su sucesso de los cautiuos que dio liber-
|
| tad la liberalidad de Ricaredo, como de la que
|
| auian alcançado de los inglesses.
|
| Ya Ysabela en este tiempo començaua a dar
|
| grandes esperanças de boluer a cobrar su pri-
| 10 |
| mera hermosura. Poco mas de vn mes estuuie-
|
| ron en Cadiz, restaurando los trabajos de la na-
|
| uegacion, y luego se fueron a Seuilla, por ver
|
| si salia cierta la paga de los diez mil ducados,
|
| que librados sobre el mercader frances traian.
| 15 |
| Dos dias despues de llegar a Seuilla, le busca-
|
| ron y le hallaron, y le dieron la carta del mer-
|
| cader frances de la ciudad de Londres.
|
| El la reconocio, y dixo que, hasta que de Pa-
|
| ris le viniessen las letras, y carta de auiso, no
| 20 |
| podia dar el dinero, pero que por momentos
|
| aguardaua el auiso.
|
| Los padres de Ysabela alquilaron vna casa
|
| principal, frontero de santa Paula, por oca-
|
| sion que estaua monja en aquel santo monaste-
| 25 |
| rio vna sobrina suya, vnica y estremada en la
|
| voz, y assi por tenerla cerca, como por auer di
|
| cho Ysabela a Ricaredo que, si viniesse a bus-
|
| carla, la hallaria en Seuilla, y le diria su casa su
|
| prima la monja de santa Paula, y que para co-
| 30 |
|
|
|
|
P.52
5 NOVELAS EXEMPLARES
|
|
| nocella no auia menester mas de preguntar
|
| por la monja que tenia la mejor voz en el mo-
|
| nasterio, porque estas señas no se le podian
|
| oluidar.
|
| Otros quarenta dias tardaron de venir los
| 5 |
| auisos de Paris; y a dos que llegaron, el mer-
|
| cader frances entregó los diez mil ducados a
|
| Ysabela, y ella a sus padres, y con ellos, y con
|
| algunos mas que hizieron vendiendo algunas
|
| de las muchas joyas de Ysabela, boluio su pa-
| 10 |
| dre a exercitar su oficio de mercader, no sin
|
| admiracion de los que sabian sus grandes per-
|
| didas. En fin, en pocos meses fue restaurando
|
| su perdido credito y la belleza de Ysabela bol-
|
| uio a su ser primero, de tal manera, que, en
| 15 |
| hablando de hermosas, todos dauan el lauro a
|
| la española inglessa, que tanto por este nom-
|
| bre, como por su hermosura, era de toda la
|
| ciudad conocida. Por la orden del mercader
|
| frances de Seuilla, escriuieron Ysabela y sus
| 20 |
| padres a la reyna de Inglaterra su llegada, con
|
| los agradecimientos y sumissiones que reque-
|
| rian las muchas mercedes della recebidas; assi-
|
| mismo escriuieron a Clotaldo, y a su señora
|
| Catalina, llamandolos Ysabela padres, y sus
| 25 |
| padres señores. De la reyna no tuuieron res-
|
| puesta, pero de Clotaldo y de su muger si,
|
| donde les dauan el parabien de la llegada a
|
| saluo, y los auisauan como su hijo Ricaredo,
|
| otro dia despues que ellos se hizieron a la vela,
| 30 |
| se auia partido a Francia, y de alli a otras par-
|
|
|
P.53
LA ESPAÑOLA INGLESSA 57
|
|
| tes, donde le conuenia a yr, para seguridad
|
| de su conciencia, añadiendo a estas otras razo-
|
| nes y cosas de mucho amor, y de muchos ofre-
|
| cimientos. A la qual carta respondieron con
|
| otra, no menos cortes y amorosa, que agrade-
| 5 |
| cida.
|
| Luego imaginó Ysabela que el auer dexado
|
| Ricaredo a Inglaterra, seria para venirla a
|
| buscar a España; y alentada con esta esperança,
|
| viuia la mas contenta del mundo, y procuraua
| 10 |
| viuir de manera que, quando Ricaredo llegasse
|
| a Seuilla, antes le diesse en los oydos la fama
|
| de sus virtudes, que el conocimiento de su casa.
|
| Pocas o ninguna vez salia de su casa, sino para
|
| el monasterio; no ganaua otros iubileos que
| 15 |
| aquellos que en el monasterio se ganauan.
|
| Desde su casa, y desde su oratorio, andaua con
|
| el pensamiento, los viernes de quaresma, la
|
| santissima estacion de la cruz, y los siete veni-
|
| deros del Espiritu Santo.
| 20 |
| Iamas visitó el rio, ni passó a Triana, ni vio
|
| el comun regozijo en el campo de Tablada y
|
| puerta de Xerez, el dia, si le hace claro, de
|
| san Sebastian, celebrado de tanta gente, que
|
| apenas se puede reduzir a numero. Final-
| 25 |
| mente, no vio regozijo publico, ni otra fiesta en
|
| Seuilla: todo lo libraua en su recogimiento, y
|
| en sus oraciones y buenos desseos, esperando
|
| a Ricaredo.
|
|
|
P.54
58 NOVELAS EXEMPLARES
|
|
| Este su grande retraymiento tenia abrasados
|
| y encendidos los desseos, no solo de los pisa-
|
| uerdes del barrio, sino de todos aquellos que
|
| vna vez la huuiessen visto; de aqui nacieron
|
| musicas de noche en su calle, y carreras de dia.
| 5 |
| Deste no dexar verse, y dessearlo muchos, cre-
|
| cieron las alhajas de las terceras, que prome-
|
| tieron mostrarse primas y vnicas en solicitar a
|
| Ysabela; y no faltó quien se quiso aprouechar
|
| de lo que llaman hechizos, que no son sino
| 10 |
| embustes y disparates; pero a todo esto estaua
|
| Ysabela como roca en mitad del mar, que
|
| la tocan, pero no la mueuen las olas ni los
|
| vientos.
|
| Año y medio era ya passado, quando la es-
| 15 |
| perança propinqua de los dos años por Ricare-
|
| do prometidos, començo con mas ahinco que
|
| hasta alli a fatigar el coraçon de Ysabela; y
|
| quando ya le parecia que su esposo llegaua,
|
| y que le tenia ante los ojos, y le preguntaua
| 20 |
| que impedimentos le auian detenido tanto;
|
| quando ya llegauan a sus oydos las disculpas
|
| de su esposo, y quando ya ella le perdonaua y
|
| le abraçaua, y como a mitad de su alma le re-
|
| cebia, llegó a sus manos vna carta de la seño-
| 25 |
| ra Catalina, fecha en Londres cinquenta dias
|
| auia; venia en lengua inglessa; pero leyendola
|
| en español, vio que assi dezia: "Hija de mi
|
| alma, bien conociste a Guillarte, el page de Ri-
|
P.55
LA ESPAÑ0LA INGLESSA 59
|
|
| caredo; este se fue con el al viage, que por
|
| otra te auisé, que Ricaredo a Francia y a otras
|
| partes auia hecho el segundo dia de tu partida.
|
| Pues este mismo Guillarte, a cabo de diez y
|
| seys meses que no auiamos sabido de mi hijo,
| 5 |
| entró ayer por nuestra puerta con nueuas que
|
| el conde Arnesto auia muerto a traycion en
|
| Francia a Ricaredo. Considera, hija, qual
|
| quedariamos su padre y yo y su esposa con ta-
|
| les nueuas; tales digo, que aun no nos dexaron
| 10 |
| poner en duda nuestra desuentura. Lo que Clo-
|
| taldo y yo te rogamos otra vez, hija de mi alma,
|
| es que encomiendes muy de veras a Dios la de
|
| Ricaredo, que bien merece este beneficio el que
|
| tanto te quiso, como tu sabes. Tambien pediras
| 15 |
| a nuestro Señor nos de a nosotros paciencia y
|
| buena muerte, a quien nosotros tambien pedi-
|
| remos y suplicaremos te de a ti y a tus padres
|
| largos años de vida."
|
| Por la letra y por la firma no le quedó que
| 20 |
| dudar a Ysabela, para no creer la muerte de
|
| su esposo; conocia muy bien al page Guillarte,
|
| y sabia que era verdadero, y que de suyo no
|
| auria querido, ni tenia para que fingir aque-
|
| lla muerte, ni menos su madre la señora Cata-
| 25 |
| lina la auria fingido, por no importarle nada
|
| embiarle nueuas de tanta tristeza. Finalmente,
|
| ningun discurso que hizo, ninguna cosa que
|
| imaginó le pudo quitar del pensamiento no ser
|
| verdadera la nueua de su desuentura. Acabada
| 30 |
|
|
P.56
60 NOVELAS EXEMPLARES
|
|
| de leer la carta, sin derramar lagrimas, ni dar se-
|
| ñales de doloroso sentimiento, con sesgo rostro,
|
| y al parecer con sossegado pecho, se leuantó
|
| de vn estrado donde estaua sentada, y se entró
|
| en vn oratorio, y hincandose de rodillas ante
| 5 |
| la imagen de vn deuoto crucifixo, hizo voto
|
| de ser monja, pues lo podia ser, teniendose
|
| por viuda.
|
| Sus padres dissimularon, y encubrieron con
|
| discrecion la pena que les auia dado la triste
| 10 |
| nueua, por poder consolar a Ysabela en la
|
| amarga que sentia, la qual, casi como satisfecha
|
| de su dolor, templandole con la santa y chris-
|
| tiana resolucion que auia tomado, ella consola-
|
| ua a sus padres, a los quales descubrio su inten-
| 15 |
| to, y ellos le aconsejaron que no le pusiesse en
|
| execucion hasta que passassen los dos años,
|
| que Ricaredo auia puesto por termino a su ve-
|
| nida, que con esto se confirmaria la verdad de
|
| la muerte de Ricaredo, y ella con mas seguri-
| 20 |
| dad podia mudar de estado.
|
| Ansi lo hizo Ysabela, y los seys meses
|
| y medio que quedauan, para cumplirse los dos
|
| años, los passó en exercicios de religiosa y en
|
| concertar la entrada del monasterio, auiendo
| 25 |
| elegido el de santa Paula, donde estaua su
|
| prima.
|
| Passose el termino de los dos años, y llegose
|
| el dia de tomar el habito, cuya nueua se esten-
|
| dio por la ciudad, y de los que conocian de vista
| 30 |
P.57
LA ESPAÑOLA INGLESSA 61
|
|
| a Ysabela, y de aquellos que por sola su fama
|
| se llenó el monasterio, y la poca distancia
|
| que del a la casa de Ysabela auia, y combi-
|
| dando su padre a sus amigos, y aquellos a otros,
|
| hizieron a Ysabela vno de los mas honrados
| 5 |
| acompañamientos, que en semejantes actos se
|
| auia visto en Seuilla. Hallose en el el Assisten-
|
| te, y el prouisor de la yglesia y vicario del ar-
|
| çobispo, con todas la señoras y señores de
|
| titulo que auia en la ciudad; tal era el desseo,
| 10 |
| que en todos auia, de ver el sol de la hermosu-
|
| ra de Ysabela, que tantos meses se les auia
|
| eclypsado; y como es costumbre de las donze-
|
| llas que van a tomar el habito, yr lo possible
|
| galanas y bien compuestas, como quien en
| 15 |
| aquel punto echa el resto de la vizarria y se
|
| descarta della, quiso Ysabela ponerse la mas
|
| vizarra que le fue possible, y assi se vistio con
|
| aquel vestido mismo que lleuó quando fue a
|
| ver la reyna de Inglaterra, que ya se ha dicho
| 20 |
| quan rico y quan vistoso era. Salieron a luz las
|
| perlas y el famoso diamante, con el collar y
|
| cintura, que assimismo era de mucho valor.
|
| Con este adorno, y con su gallardia, dando oca-
|
| sion para que todos alabassen a Dios en ella,
| 25 |
| salio Ysabela de su casa a pie, que el estar tan
|
| cerca el monasterio escusó los coches y ca-
|
| rrozas. El concurso de la gente fue tanto, que
|
| les pesó de no auer entrado en los coches, que
|
| no les dauan lugar de llegar al monasterio; vnos
| 30 |
P.58
62 NOVELAS EXEMPLARES
|
|
| bendecian a sus padres, otros al cielo, que de
|
| tanta hermosura la auia dotado; vnos se empi-
|
| nauan por verla; otros, auiendola visto vna vez,
|
| corrian adelante por verla otra; y el que mas
|
| solicito se mostro en esto, y tanto, que muchos
| 5 |
| echaron de ver en ello, fue vn hombre vestido
|
| en habito de los que vienen rescatados de cau-
|
| tiuos, con vna insignia de la Trinidad en el pe-
|
| cho, en señal que han sido rescatados por la
|
| limosna de sus redemptores.
| 10 |
| Este cautiuo, pues, al tiempo que ya Ysabela
|
| tenia vn pie dentro de la porteria del conuento,
|
| donde auian salido a recebirla, como es vso,
|
| la priora y las monjas con la cruz, a grandes
|
| vozes dixo: "¡Detente, Ysabela, detente, que,
| 15 |
| mientras yo fuere viuo, no puedes tu ser re-
|
| ligiosa!"
|
| A estas vozes, Ysabela y sus padres boluieron
|
| los ojos, y vieron que, hendiendo por toda la
|
| gente hazia ellos, venia aquel cautiuo, que
| 20 |
| auiendosele caydo vn bonete açul redondo,
|
| que en la cabeça traia, descubrio vna confusa
|
| madexa de cabellos de oro ensortijados, y vn
|
| rostro como el carmin y como la nieue, colora-
|
| do y blanco, señales que luego le hizieron cono-
| 25 |
| cer y juzgar por estrangero de todos.
|
| En efeto, cayendo y leuantando, llegó donde
|
| Ysabela estaua, y assiendola de la mano le
|
| dixo: "¿Conocesme, Ysabela? Mira que yo soy
|
| Ricaredo, tu esposo."
| 30 |
|
|
P.59
LA ESPAÑOLA INGLESSA 63
|
|
| "Si conozco", dixo Ysabela, "si ya no eres
|
| fantasma que viene a turbar mi reposo."
|
| Sus padres le assieron, y atentamente le mi-
|
| raron, y en resolucion conocieron ser Ricaredo
|
| el cautiuo, el qual, con lagrimas en los ojos,
| 5 |
| hincando las rodillas delante de Ysabela, le su-
|
| plicó que no impidiesse la estrañeza del trage
|
| en que estaua su buen conocimiento, ni estor-
|
| uasse su baxa fortuna que ella no correspon-
|
| diesse a la palabra que entre los dos se auian
| 10 |
| dado: Ysabela, a pesar de la impression que en
|
| su memoria auia hecho la carta de su madre de
|
| Ricaredo, dandole nueuas de su muerte, quiso
|
| dar mas credito a sus ojos, y a la verdad que
|
| presente tenia; y assi, abraçandose con el cau-
| 15 |
| tiuo, le dixo: "Vos sin duda, señor mio, soys
|
| aquel que solo podra impedir mi christiana de-
|
| terminacion; vos, señor, soys sin duda la mitad
|
| de mi alma, pues soys mi verdadero esposo;
|
| estampado os tengo en mi memoria, y guarda-
| 20 |
| do en mi alma; las nueuas que de vuestra muer-
|
| te me escriuio mi señora y vuestra madre, ya
|
| que no me quitaron la vida, me hizieron esco-
|
| ger la de la religion, que en este punto queria
|
| entrar a viuir en ella; mas pues Dios con tan
| 25 |
| justo impedimento muestra querer otra cosa, ni
|
| podemos, ni conuiene que por mi parte se im-
|
| pida; venid, señor, a la casa de mis padres, que
|
| es vuestra, y alli os entregaré mi possession,
|
| por los terminos que pide nuestra santa fe ca-
| 30 |
| tholica."
|
| Todas estas razones oyeron los circunstantes
|
|
|
P.60
64 NOVELAS EXEMPLARES
|
|
| y el Assistente y vicario y prouisor del arçobis-
|
| po, y de oyrlas se admiraron y suspendieron, y
|
| quisieron que luego se les dixesse que historia
|
| era aquella, que estrangero aquel, y de que ca-
|
| samiento tratauan.
| 5 |
| A todo lo qual respondio el padre de Ysa-
|
| bela, diziendo que aquella historia pedia otro
|
| lugar y algun termino para dezirse, y assi su-
|
| plicaua a todos aquellos que quisiessen saberla,
|
| diessen la buelta a su casa, pues estaua tan
| 10 |
| cerca, que alli se la contarian de modo que con
|
| la verdad quedassen satisfechos, y con la gran-
|
| deza y estrañeza de aquel sucesso admirados.
|
| En esto, vno de los presentes alçó la voz, di-
|
| ziendo: "Señores, este mancebo es vn gran co-
| 15 |
| sario ingles, que yo le conozco, y es aquel que
|
| aura poco mas de dos años tomó a los cosarios
|
| de Argel la naue de Portugal que venia de las
|
| Indias; no ay duda sino que es el, que yo le
|
| conozco, porque el me dio libertad y dineros
| 20 |
| para venirme a España; y no solo a mi, sino a
|
| otros trezientos cautiuos."
|
| Con estas razones se alborotó la gente y se
|
| auiuó el desseo que todos tenian de saber y ver
|
| la claridad de tan intricadas cosas. Finalmente,
| 25 |
| la gente mas principal, con el Assistente y aque-
|
| llos dos señores eclesiasticos, boluieron a acom-
|
| pañar a Ysabela a su casa, dexando a las mon-
|
| jas tristes, confusas y llorando, por lo que per-
|
| dian en tener en su compañia a la hermosa
| 30 |
| Ysabela, la qual, estando en su casa, en vna
|
|
|
P.61
LA ESPAÑOLA INGLESSA 65
|
|
| gran sala della, hizo que aquellos señores se
|
| sentassen. Y aunque Ricaredo quiso tomar la
|
| mano en contar su historia, todavia le parecio
|
| que era mejor fiarlo de la lengua y discrecion
|
| de Ysabela, y no de la suya, que no muy ex-
| 5 |
| pertamente hablaua la lengua castellana.
|
| Callaron todos los presentes, y teniendo
|
| las almas pendientes de las razones de Ysabela,
|
| ella assi començo su cuento, el qual le reduzgo
|
| yo a que dixo todo aquello que desde el dia
| 10 |
| que Clotaldo la robó de Cadiz, hasta que entró
|
| y boluio a el, le auia sucedido, contando assi-
|
| mismo la batalla que Ricaredo auia tenido con
|
| los turcos; la liberalidad que auia vsado con los
|
| christianos; la palabra que entrambos a dos se
| 15 |
| auian dado de ser marido y muger; la promessa
|
| de los dos años; las nueuas que auia tenido de
|
| su muerte, tan ciertas a su parecer, que la pu-
|
| sieron en el termino que auian visto de ser re-
|
| ligiosa. Engrandecio la liberalidad de la reyna;
| 20 |
| la christiandad de Ricaredo y de sus padres, y
|
| acabó con dezir que dixesse Ricaredo lo que le
|
| auia sucedido despues que salio de Londres
|
| hasta el punto presente, donde le veian con
|
| habito de cautiuo y con vna señal de auer sido
| 25 |
| rescatado por limosna.
|
| "Assi es", dixo Ricaredo, "y en breues razo-
|
| nes sumaré los inmensos trabajos mios. Des-
|
| pues que me parti de Londres por escusar el
|
| casamiento que no podia hazer con Clisterna,
| 30 |
| aquella donzella escocessa catholica con quien
|
|
|
|
|
P.62
66 NOVELAS EXEMPLARES
|
|
| ha dicho Ysabela que mis padres me querian ca-
|
| sar, lleuando en mi compañia a Guillarte, aquel
|
| page que mi madre escriue que lleuó a Londres
|
| las nueuas de mi muerte, atrauesa[n]do por
|
| Francia, llegué a Roma, donde se alegró mi
| 5 |
| alma y se fortalecio mi fe; besé los pies al Sumo
|
| Pontifice; confesse mis pecados con el mayor
|
| penitenciero, absoluiome dellos y diome los
|
| recaudos necessarios que diessen fe de mi con-
|
| fession y penitencia, y de la reduccion que auia
| 10 |
| hecho a nuestra vniuersal madre la Yglesia.
|
| Hecho esto, visité los lugares tan santos como
|
| inumerables que ay en aquella ciudad santa;
|
| y de dos mil escudos que tenia en oro, di los
|
| mil y seyscientos a vn cambio, que me los libró
| 15 |
| en esta ciudad, sobre vn tal Roqui florentin.
|
| Con los quatrozientos que me quedaron, con
|
| intencion de venir a España, me parti para Ge-
|
| noua, donde auia tenido nueuas que estauan
|
| dos galeras de aquella señoria de partida para
| 20 |
| España. Llegué con Guillarte, mi criado, a vn lu-
|
| gar que se llama Aquapendente, que, vinien-
|
| do de Roma a Florencia, es el vltimo que tiene
|
| el Papa, y en vna hosteria o posada, donde me
|
| apeé, hallé al conde Arnesto, mi mortal enemi-
| 25 |
| go, que, con quatro criados, disfraçado y encu-
|
| bierto, mas por ser curioso que por ser catholico,
|
| entiendo que yua a Roma. Crei sin duda que no
|
| me auia conocido; encerreme en vn aposento
|
P.63
LA ESPAÑOLA INGLESSA 67
|
|
| con mi criado, y estuue con cuydado y con de-
|
| terminación de mudarme a otra posada en ce-
|
| rrando la noche. No lo hize ansi, porque el
|
| descuydo grande que no se que tenian el conde
|
| y sus criados, me asseguró que no me auian co-
| 5 |
| nocido; cené en mi aposento, cerre la puerta,
|
| apercebi mi espada, encomendeme a Dios y no
|
| quise acostarme. Durmiose mi criado, y yo, so-
|
| bre vna silla, me quedé medio dormido; mas
|
| poco despues de la media noche me desper-
| 10 |
| taron para hazerme dormir el eterno sueño; qua-
|
| tro pistoletes, como despues supe, dispararon
|
| contra mi el conde y sus criados, y, dexandome
|
| por muerto, teniendo ya a punto los cauallos,
|
| se fueron, diziendo al huesped de la posada
| 15 |
| que me enterrasse, porque era hombre princi-
|
| pal; y con esto se fueron. Mi criado, segun dixo
|
| despues el huesped, desperto al ruydo, y con
|
| el miedo se arrojó por vna ventana que caia a
|
| vn patio, y diziendo: "¡Desuenturado de mi, que
| 20 |
| "han muerto a mi señor!" se salio del meson,
|
| y deuio de ser con tal miedo, que no deuio de
|
| parar hasta Londres, pues el fue el que lleuó las
|
| nueuas de mi muerte. Subieron los de la hoste-
|
| ria y hallaronme atrauesado con quatro valas
| 25 |
| y con muchos perdigones, pero todas por par-
|
| tes que de ninguna fue mortal la herida. Pedi
|
| confession y todos los sacramentos, como ca-
|
| tholico christiano; dieronmelos, curaronme, y no
|
| estuue para ponerme en camino en dos meses,
| 30 |
P.64
68 NOVELAS EXEMPLARES
|
|
| al cabo de los quales vine a Genoua, donde no
|
| halle otro passage sino en dos falugas que fle-
|
| tamos yo y otros dos principales españoles: la
|
| vna para que fuesse delante descubriendo, y la
|
| otra donde nosotros fuessemos.
| 5 |
| "Con esta seguridad nos embarcamos, naue-
|
| gando tierra a tierra, con intencion de no engol-
|
| farnos; pero llegando a vn parage que llaman
|
| las tres Marias, que es en la costa de Fran-
|
| cia, yendo nuestra primer faluga descubriendo,
| 10 |
| a desora salieron de vna cala dos galeotas tur-
|
| quescas, y tomandonos la vna la mar y la otra
|
| la tierra, quando yuamos a embestir en ella nos
|
| cortaron el camino y nos cautiuaron; en entran-
|
| do en la galeota, nos desnudaron hasta dexar-
| 15 |
| nos en carnes; despojaron las falugas de quanto
|
| lleuauan y dexaronlas embestir en tierra, sin
|
| echallas a fondo, diziendo que aquellas les
|
| seruirian otra vez de traer otra galima, que con
|
| este nombre llaman ellos a los despojos que de
| 20 |
| los christianos toman. Bien se me podra creer,
|
| si digo que senti en el alma mi cautiuerio, y,
|
| sobre todo, la perdida de los recaudos de Roma,
|
| donde en vna caxa de lata los traia con la ce-
|
| dula de los mil y seyscientos ducados; mas la
| 25 |
| buena suerte quiso que viniesse a manos de vn
|
| christiano cautiuo español que las guardó,
|
| que, si vinieran a poder de los turcos, por lo
|
| menos auia de dar por mi rescate lo que rezaua
|
| la cedula, que ellos aueriguaran cuya era.
| 30 |
P.65
LA ESPAÑOLA INGLESSA 69
|
|
| "Truxeronnos a Argel, donde hallé que es-
|
| tauan rescatando los padres de la Santissima
|
| Trinidad; hablelos, dixeles quien era, y mouidos
|
| de caridad, aunque yo era estrangero, me resca-
|
| taron en esta forma: que dieron por mi trezien-
| 5 |
| tos ducados, los ciento luego y los dozientos
|
| quando boluiesse el baxel de la limosna a res-
|
| catar al padre de la redempcion, que se que-
|
| daua en Argel empeñado en quatro mil duca-
|
| dos, que auia gastado mas de los que traia,
| 10 |
| porque a toda esta misericordia y liberalidad
|
| se estiende la caridad destos padres, que dan
|
| su libertad por la agena y se quedan cautiuos
|
| por rescatar los cautiuos. Por añadidura del
|
| bien de mi libertad, hallé la caxa perdida con
| 15 |
| los recaudos, y la cedula; mostresela al bendito
|
| padre que me auia rescatado, y ofrecile qui-
|
| nientos ducados mas de los de mi rescate, para
|
| ayuda de su empeño.
|
| "Casi vn año se tardó en boluer la naue de
| 20 |
| la limosna, y lo que en este año me passó, a
|
| poderlo contar aora, fuera otra nueua historia;
|
| solo dire que fuy conocido de vno de los veyn-
|
| te turcos que di libertad con los demas christia-
|
| nos ya referidos, y fue tan agradezido y tan
| 25 |
| hombre de bien; que no quiso descubrirme, por-
|
| que a conocerme los turcos por aquel que auia
|
| echado a fondo sus dos baxeles y quitadoles de
|
| las manos la gran naue de la India, o me pre-
|
| sentaran al gran turco, o me quitaran la vida; y
| 30 |
| de presentarme al gran señor, redundara no
|
| tener libertad en mi vida.
|
P.66
70 NOVELAS EXEMPLARES
|
|
| "Finalmente, el padre redemptor vino a Es-
|
| paña conmigo y con otros cinquenta christianos
|
| rescatados. En Valencia hizimos la procession
|
| general, y desde alli cada vno se partio donde
|
| mas le plugo con las insignias de su libertad,
| 5 |
| que son estos habiticos. Oy llegué a esta ciu-
|
| dad, con tanto desseo de ver a Ysabela mi es-
|
| posa, que, sin detenerme a otra cosa, pregunté
|
| por este monasterio, donde me auian de dar
|
| nueuas de mi esposa; lo que en el me ha suce-
| 10 |
| dido, ya se ha visto; lo que queda por ver, son
|
| estos recaudos, para que se pueda tener por
|
| verdadera mi historia, que tiene tanto de mila-
|
| grosa como de verdadera."
|
| Y luego, en diziendo esto, sacó de vna caxa
| 15 |
| de lata los recaudos que dezia, y se los puso en
|
| manos del provisor, que los vio, junto con el
|
| señor Assistente, y no halló en ellos cosa que le
|
| hiziesse dudar de la verdad que Ricaredo auia
|
| contado. Y para mas confirmacion della, ordenó
| 20 |
| el cielo que se hallasse presente a todo esto el
|
| mercader florentin, sobre quien venia la cedu-
|
| la de los mil y seyscientos ducados, el qual
|
| pidio que le mostrassen la cedula, y mostrando-
|
| sela, la reconocio y la aceptó para luego, por-
| 25 |
| que el muchos meses auia que tenia auiso desta
|
| partida. Todo esto fue añadir admiracion a ad-
|
| miracion, y espanto a espanto.
|
| Ricaredo dixo que de nueuo ofrecia los qui-
|
| nientos ducados que auia prometido. Abraçó
| 30 |
|
|
|
|
P.67
LA ESPAÑOLA INGLESSA 71
|
|
| el Assistente a Ricaredo y a sus padres de Ysa-
|
| bela y a ella, ofreciendoseles a todos con
|
| corteses razones.
|
| Lo mismo hizieron los dos señores eclesias-
|
| ticos, y rogaron a Ysabela que pusiesse toda
| 5 |
| aquella historia por escrito, para que la leyesse
|
| su señor el arçobispo, y ella lo prometio.
|
| El grande silencio que todos los circunstan-
|
| tes auian tenido escuchando el estraño caso, se
|
| rompio en dar alabanças a Dios por sus gran-
| 10 |
| des marauillas, y dando desde el mayor hasta
|
| el mas pequeño el parabien a Ysabela, a Rica-
|
| redo y a sus padres, los dexaron; y ellos supli-
|
| caron al Assistente honrasse sus bodas, que de
|
| alli a ocho dias pensauan hazerlas. Holgo de
| 15 |
| hazerlo assi el Assistente, y de alli a ocho
|
| dias, acompañado de los mas principales de la
|
| ciudad, se halló en ellas.
|
| Por estos rodeos y por estas circunstancias
|
| los padres de Ysabela cobraron su hija y
| 20 |
| restauraron su hazienda, y ella, fauorecida del
|
| cielo y ayudada de sus muchas virtudes, a
|
| despecho de tantos inconuenientes, halló mari-
|
| do tan principal como Ricaredo, en cuya
|
| compañia se piensa que aun oy viue en las ca-
| 25 |
| sas que alquilaron, frontero de santa Paula, que
|
| despues las compraron de los herederos de vn
|
P.68
72 NOVELAS EXEMPLARES
|
|
| hidalgo burgales, que se llamaua Hernando de
|
| Cifuentes.
|
| Esta nouela nos podria enseñar quanto pue-
|
| de la virtud y quanto la hermosura, pues son
|
| bastantes juntas y cada vna de por si a enamo-
| 5 |
| rar aun hasta los mismos enemigos, y de como
|
| sabe el cielo sacar, de las mayores aduersida-
|
| des nuestras, nuestros mayores prouechos. |